Las Izquierdas Latinoamericanas

En la edición de mayo de Foreign Affairs (mayo/junio 2006) aparece un interesante artículo de Jorge Castañeda, el ex Canciller de México y académico, titulado Latin America’s Left Turn (El giro de América Latina hacia la izquierda). El artículo sostiene que el giro hacia la izquierda que están dando muchos países de la región no es uniforme, que no existe una sola izquierda sino dos corrientes distintas desde el punto de vista de sus orígenes, sus características y su ejercicio del gobierno. El artículo es útil y oportuno, por cuanto ayuda a entender los cambios producidos en la política latinoamericana durante la última década y, en particular, los que se encuentran en curso en la región andina.

En la última década la región pasó del predominio de gobiernos tecnócratas de centro al predominio de gobiernos de izquierda. Esta nueva ola comenzó con la elección de Hugo Chávez en Venezuela hace ocho años, siguió con Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vásquez en Uruguay y Evo Morales en Bolivia. Puede continuar con Ollanta Humala en Perú, Andrés Manuel López Obrador en México y Daniel Ortega en Nicaragua. Las excepciones a esta regla se encuentran en Centroamérica y Colombia.

El surgimiento de estos gobiernos y el giro de América Latina hacia la izquierda, sostiene Castañeda, se puede explicar, primero, por la desintegración de la Unión Soviética, lo que ayudó a la izquierda latinoamericana a remover su estigma geopolítico, ya que no tiene que escoger entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y tampoco puede ser señalada de estar respaldada por esta última. Segundo, por la concentración de la riqueza, el ingreso, el poder y las oportunidades en América Latina; y, tercero, por el proceso de democratización de los años ochenta y el predominio de las elecciones democráticas como única vía de acceso al poder. Estas condiciones hicieron posible el triunfo de la izquierda, particularmente teniendo en cuanta la composición social, demográfica y étnica de América Latina.

Castañeda no menciona que otro de los factores que ha influido en el auge de la izquierda en la región ha sido el agotamiento de los partidos políticos tradicionales y su asocio con viejas prácticas arraigadas en el ejercicio del poder como es la corrupción y su connivencia con sectores tradicionalmente poderosos en detrimento de amplios sectores de la población. En la base del auge de Chávez, por ejemplo, se encuentra la crisis de los dos partidos tradicionales venezolanos. En el caso de Bolivia, la crisis de gobernabilidad generada por el proceso de reforma económica abrió espacio político para el fortalecimiento de la propuesta indigenista de Evo Morales.

Castañeda afirma que no se trata de una sola izquierda sino de dos. La primera es moderna, abierta, reformista, internacionalista y proviene de la línea dura de los movimientos de izquierda del pasado. Es heredera de la internacional comunista, de la revolución bolchevique, de la revolución cubana y pasó por los debates y las divisiones internas de la izquierda durante los años sesentas y setentas. La segunda es nacionalista, escandalosa, cerrada y proviene del populismo latinoamericano tradicional. Es heredera de una tradición inspirada en figuras como Víctor Raúl Haya de la Torre, Jorge Eliécer Gaitán, Lázaro Cárdenas, Getúlio Vargas, Juan Domingo Perón y José Velasco Ibarra, entre otros; en muchos casos fue anticomunista, siempre ha sido autoritaria y ve las políticas públicas como un instrumento para la conservación del poder. En el poder, crearon estructuras corporativistas y nacionalizaron amplios sectores de las economías nacionales. La izquierda comunista y socialista se ha reconstruido apoyada en el reconocimiento de los errores del pasado y de los modelos del socialismo real, mientras que la izquierda populista se ha mantenido fiel a su tradición.

El autor no menciona el caso colombiano, donde es evidente que el bloqueo que continúa experimentando la izquierda de origen comunista se relaciona directamente con la persistencia del conflicto armado y más concretamente con la presencia de la guerrilla de origen comunista y castrista en la realidad política colombiana. Dicha presencia constituye un dique que bloquea la plena aceptación de la izquierda legal por parte del electorado y que incluso, en un contexto nacional todavía influenciado –probablemente más que en cualquier otro país de la región– por los criterios de la doctrina de la seguridad nacional, llega a cuestionar su propia legitimidad.

Castañeda ubica dentro de la izquierda de origen comunista y socialista a los actuales gobiernos de Chile, Uruguay y Brasil. Esta izquierda pone el énfasis en la política social –educación, programas de reducción de la pobreza, salud, vivienda– pero dentro de un marco más o menos ortodoxo de economía de mercado. Normalmente busca la profundización y ampliación de las instituciones democráticas; mantienen relaciones con los Estados Unidos y tramitan los desacuerdos. La izquierda populista está representada en los gobiernos de Venezuela, Argentina y Bolivia. Para ellos la retórica es más importante que la sustancia, y tener el poder es más importante que ejercerlo responsablemente. Para sus líderes el desempeño económico, los valores democráticos, los resultados programáticos y las buenas relaciones con los Estados Unidos no son imperativos. Su prioridad es el mantenimiento de la popularidad a cualquier costo.

Nuevamente con respecto al caso colombiano, podemos observar que desde las administraciones locales o departamentales la izquierda de origen comunista o socialista se mantiene en sintonía con la descripción que hace Castañeda para Chile, Uruguay y Brasil. Los programas sociales de la Alcaldía de Bogotá, bajo el liderazgo de Luís Eduardo Garzón, responden perfectamente a esa definición, así como en el caso de la Gobernación del Valle. Se trata para ellos de un desafío que consiste en mostrar resultados en los indicadores sociales locales en el contexto de una economía de mercado ortodoxa, sin ningún control sobre las decisiones en la esfera nacional y en medio de un ambiente político hostil.

Es claro que para Jorge Castañeda hay una izquierda responsable en el ejercicio del poder y otra que no lo es. Desde su perspectiva hay muy poco por hacer desde fuera de la región para alterar el curso de los acontecimientos. Es necesario no interferir en los procesos electorales y en lugar de subvertir el surgimiento de la izquierda en la región, la comunidad internacional debe reforzar la gobernabilidad de los gobiernos de la izquierda tradicional. Con respecto a la izquierda populista, se requiere comprometerla con el respeto de los derechos humanos, con la vigencia de los principios democráticos y con la construcción de un orden legal internacional.

Castañeda deja de lado en su crítica a la izquierda populista y más específicamente del gobierno de Hugo Chávez, la influencia que ha tenido en el desarrollo político reciente de Venezuela el intento de golpe de Estado liderado por Pedro Carmona, apoyado por los principales grupos económicos de Venezuela, así como por los Estados Unidos y algunos países de la región. Este evento, así como las reiteradas denuncias de intervención extranjera en Venezuela han marcado el ritmo político y el estilo del presidente venezolano. En el caso de Argentina, hay que recordar que el presidente Kirchner recibió el país en una situación de virtual bancarrota y en medio de adversas condiciones de gobernabilidad consiguió estabilizar la economía y ponerla nuevamente en un sendero de crecimiento sostenido.

El artículo de Castañeda no pasará inadvertido en la región y esperamos que tampoco en los centros de poder mundial, especialmente por sus recomendaciones a la comunidad internacional.

© www.colombia-hoy.blogspot.com Se puede citar mencionando las fuentes.

 

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