LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DE LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES


Hoy me voy a poner en la tarea de comparar a los candidatos que van adelante en las encuestas de opinión sobre las elecciones presidenciales en Colombia –Álvaro Uribe, Horacio Serpa y Carlos Gaviria– en términos de sus fortalezas y debilidades. Para que el ejercicio sea creíble se necesita derrotar los estereotipos. Es decir, hay que navegar por debajo de la piel de los candidatos, tratando de sobreponerse a lugares comunes, como los siguientes: “Uribe es un presidente de derecha y es aliado de los paramilitares”, “Uribe debe ser reelegido porque es el mejor presidente que ha tenido Colombia”, “Serpa no tiene credibilidad porque fue el defensor de Samper y porque se vendió a Uribe por la Embajada ante la OEA”, “Con Serpa se acabará la desigualdad y la pobreza en Colombia”, “Gaviria es el candidato de la extrema izquierda y es el representante de la guerrilla”, “Con Gaviria Colombia conseguirá la paz”. Estas afirmaciones impiden evaluar a los candidatos, sientan solamente posiciones de tipo ideológico o emocional, y se convierten en un lente limitado para interpretar la coyuntura política; de esa forma se cae en una posición maniquea en que a priori “mi” candidato es el “bueno” y los demás son los “malos”.

Lo primero que quiero ver son los puntos comunes entre ellos. El primer elemento común entre ellos, y este debe ser el punto de partida para reconocer la pertinencia que tiene cada uno, es que son políticos que defienden el Estado social de derecho y la democracia. Ninguno de ellos aboga –no lo ha hecho en el pasado y no lo hace hoy– por la supresión de los principios democráticos en Colombia, o por la desintegración territorial, y ninguno representa a un gobierno extranjero. Esto es básico para aceptar que los tres tienen legitimidad.

Segundo, los tres candidatos han acumulado su experiencia prestándoles sus servicios al Estado colombiano. Uribe como presidente, senador, gobernador y alcalde, entre otras posiciones; Serpa como embajador, ministro, senador, procurador y juez, entre otros cargos; y Gaviria como senador, magistrado y profesor universitario. En Colombia normalmente un candidato presidencial nunca tenía experiencia en el ejercicio del cargo de presidente; solo ahora con la reelección se puede decir que Uribe sí tiene experiencia como presidente. Los demás candidatos tienen experiencia política y experiencia en la administración pública más o menos extensa, pero obviamente no como presidentes.

Tercero, los candidatos son representantes de partidos y movimientos políticos legales y democráticos. Aceptar esto es indispensable para reconocer la legitimidad que tienen las propuestas de los candidatos. Uribe y Serpa tiene el mismo origen político en el partido liberal y buena parte de sus carreras públicas ha coincidido bajo sus banderas, aunque estuvieron en orillas distintas en las pasadas elecciones y en las actuales. Como liberales, han ocupado posiciones entre el centro y la derecha del espectro político. Gaviria tradicionalmente ha formado parte de movimientos de izquierda. No me parece aventurado decir que los tres candidatos son, en el sentido amplio, representante del establecimiento. En sentido estricto, por fuera del establecimiento estarían los que están por fuera de la legalidad haciendo o pretendiendo hacer política, o quienes abogan por la destrucción del modelo de democracia liberal para establecer uno diferente (sea cual sea). La diferencia entre los tres candidatos es una diferencia de énfasis, de concepción de las políticas públicas y de los intereses que quieren privilegiar (que actualmente privilegia, en el caso de Uribe) desde el ejercicio del poder.

Hasta aquí se puede decir que estoy parcializado? Llegados a este punto podemos mirar ahora sí las principales fortalezas y debilidades de cada candidato. El post de hoy se centrará en las fortalezas del presidente-candidato. En este caso la evaluación se hace sobre su obra de gobierno, más que sobre su programa para el próximo cuatrienio. En los países donde tiene tradición la reelección presidencial, lo que en realidad se busca es el voto de confianza de los electores para que el presidente continúe o abandone el poder. De ahí que en este caso resulte más importante evaluar sus realizaciones que su programa de campaña.

La lista de fortalezas de Uribe es amplia. La primera, como ya se mencionó, es su experiencia. El solo hecho de ejercer ese cargo le da una perspectiva única de los asuntos públicos. No me refiero a que su gestión sea buena o mala, simplemente a que Uribe tiene una visión única sobre el país desde la Casa de Nariño. Esa perspectiva se hace extensiva a las relaciones internacionales, al mundo empresarial y, por supuesto, a las políticas públicas.

Segundo, es un líder carismático que ha establecido una comunicación directa con la gente, que tiene convicción en sus ideas y la proyecta, que utiliza magistralmente los medios de comunicación y que es percibido por muchos como un colombiano más y como una persona sencilla. No de otra forma se puede entender los amplios márgenes de favorabilidad que aún registra el presidente en las encuestas y que son prácticamente inéditas en la historia política reciente. Lo anterior es particularmente cierto si se toma en cuenta que las mismas encuestas indican que en muchos casos los colombianos no están de acuerdo con el desempeño del presidente y de su gobierno con respecto a políticas específicas, pero aún así tienen una buena imagen de él.

Tercero, tiene resultados positivos para mostrarle al país. Tal vez el que se menciona con mayor frecuencia es la política de seguridad democrática. Es, al mismo tiempo, el tema más polémico y más complejo. Si vemos los diferentes componentes de la política de seguridad es evidente que ha habido una recuperación de la seguridad en las carreteras del país; la tasa de homicidios pasó de 66 a 39,2 por cada 100.000 habitantes y el secuestro pasó de 2986 a 800; así mismo se desplazó el conflicto armado de las ciudades principales y de sus áreas de influencia a los municipios pequeños y las áreas rurales donde se concentra un porcentaje menor de la población; y salieron del conflicto 30.000 paramilitares.

De acuerdo con cifras del Departamento Nacional de Planeación, entre 2002 y 2005 el crecimiento del PIB pasó del 2,4% a 5,75%; la inversión privada pasó de 7,8% a 14,9%. La línea de pobreza pasó del 57% a 49,2%, y la de indigencia pasó de 20,7% a 14,7%. La tasa de desempleo promedio pasó de 15,7% a 11,8%. El área agrícola y forestal se ha incrementado en 509 mil hectáreas, alcanzando un total de 4,7 millones de hectáreas; la producción agrícola se incrementó en 2,9 millones de toneladas. Entre agosto de 2002 y diciembre de 2005 el régimen subsidiado aumentó su cobertura en 8 millones de nuevos beneficiarios (incluyendo subsidios parciales). 72,9% de la población con Sisbén 1 y 2 se encuentra cubierta por este servicio. Entre 2002 y 2005 se logró dar acceso a 1.085.015 nuevos alumnos a la educación básica y media, y 211.889 personas adicionales han ingresado al nivel superior.

En síntesis, el presidente-candidato es un hombre con experiencia, carisma y que tiene resultados que defienden su obra de gobierno. Pero al mismo tiempo, también tiene debilidades. El siguiente post tratará sobre las debilidades del candidato-presidente.

 

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