LO BUENO, LO MALO Y LO FEO II


En un post anterior sobre las elecciones en Colombia mencionamos las fortalezas del presidente-candidato Alvaro Uribe. Nos felicitaron mucho los uribistas (aunque dicen que nos quedamos cortos en las realizaciones del gobierno) y nos declararon reaccionarios y derechistas los de la oposición. Eso quiere decir que vamos bien. Hoy queremos revisar las debilidades del presidente-candidato Uribe. Vamos a ser muy puntuales y esquemáticos. Además, solo vamos a mencionar las tres que a nuestro modo de ver son las más protuberantes. Y como podemos hablar sin tapujos, a diferencia de la prensa tradicional, pues ahí vamos.

La primera GRAN debilidad de Uribe se encuentra en el terreno de su política de paz y tiene que ver con su responsabilidad política por acción y/u omisión en la crianza y desarrollo de El Conejo Paramilitar (los que no saben todavía a que me refiero, pueden buscar el post correspondiente debajo de este. Las orejas del conejo los guiarán). El presidente hábilmente sabe usar sus fusibles y casi nos ha convencido de que la “negociación” ha sido responsabilidad de Restrepo y Pretelt. Evidentemente, porque así funciona siempre en estos casos, no se ha movido una hoja sin la autorización del gran jefe. El asunto es espinoso y es solo cuestión de tiempo para que explote. Claro, para cuando explote, el pre ya estará reelegido y en ese momento aplicará la máxima “día nuevo, problema nuevo” ó “cada día trae su afán”. La “negociación” con los paramilitares es una debilidad porque no ha tenido ningún tipo de control político, porque no ha sido transparente, porque se ha hecho de espaldas al país y, si nos guiamos por la percepción generalizada que tienen los colombianos, porque nos parece que hay acuerdos por debajo de la mesa.

Estamos seguros que si el presidente tomara al conejo por las orejas (o como se dice usualmente, al toro por los cuernos) y reconociera públicamente la existencia de zonas grises en la desmovilización de los paras, tendría la oportunidad de renovar su agenda de paz. Ese gesto le aseguraría los votos de muchos indecisos, aclararía el panorama en materia de seguridad en el futuro inmediato y reduciría la incertidumbre política con respecto a los paramilitares (que ingenuidad!).



La segunda debilidad del presidente-candidato Uribe se desprende de la política de seguridad. Nos referimos a los abusos, atropellos y limitaciones que se le han puesto a la débil democracia colombiana por cuenta de la represión del enemigo interno (lo escribimos así, sin ambigüedades, con la terminología de la doctrina de seguridad nacional, que es finalmente la que se está aplicando. El adjetivo “democrática” es simplemente un asunto de marketing de gobierno). Las detenciones masivas pueden ser legales pero son inmorales; además, la experiencia y la justicia demostraron que son inútiles. Las redes de informantes son otro caso similar. Quebrantan la creación de capital social y conducen al establecimiento de un régimen policíaco. En este caso la sociedad debe sopesar entre los beneficios de corto plazo, que los tiene para el avance de la política, y los costos en términos de confianza y generación de capital social, en el largo plazo.

Así mismo, la percepción de seguridad generada por el programa de las caravanas militarizadas sin duda tiene un impacto sobre el clima de confianza, pero oculta la verdadera naturaleza del conflicto interno. No vamos a ahondar en este tema, solamente queremos mencionar que la Fundación Seguridad y Democracia informó recientemente que la capacidad operativa de las fuerzas militares ha llegado a su tope y que efectivamente la guerrilla no solo no está derrotada sino que está a la ofensiva. En este caso, nuevamente, solo el tiempo nos dirá que hay detrás de esto. Si el gobierno efectivamente logró poner suficiente presión militar y política sobre las FARC, entonces en los próximos tres años asistiremos a su virtual claudicación, vía una negociación promovida por el gobierno, esta vez desde una posición de fuerza. Algunos creemos que no hay suficientes motivos para ser tan optimistas. En síntesis, la política de seguridad tiene puntos débiles inocultables.

El tercer punto débil del presidente-candidato Uribe proviene de la poca importancia relativa que se la ha prestado a la reducción de la pobreza y la desigualdad social. Hay una política social, sin duda, pero es débil y no está en las prioridades de la agenda gubernamental. Se sigue administrando la pobreza y la desigualdad, pero no hay condiciones, dentro del actual esquema de gobierno, para hacer un esfuerzo serio y sostenido para pagar la deuda social.

Naciones Unidas y gran parte de la comunidad internacional (incluida Colombia) en la Cumbre del Milenio, en el año 2000, acordaron ocho objetivos de desarrollo de largo plazo a ser cumplidos en el año 2015. Queremos mencionar rápidamente cuáles son las principales metas de Colombia dentro de este compromiso internacional y después les decimos cómo el gobierno del presidente-candidato ha comenzado a cumplir esas metas.

El primer objetivo consiste en reducir a la mitad, entre 2000 y 2015, el porcentaje de personas que viven con menos de US$ 1 diario, reducir en 45% el porcentaje de colombianos que viven por debajo de la línea de pobreza y en 47% el porcentaje de aquellos que viven en condiciones de pobreza extrema (hay dos objetivos adicionales en este campo). El segundo objetivo es reducir la tasa de analfabetismo a 1% para personas de entre 15 y 24 años, y brindar una cobertura de 100% en educación básica y 93% en educación media. El tercer objetivo consiste en promover la equidad de género y la autonomía de la mujer. Como les mencionamos antes, son ocho objetivos pero mencionamos solo los tres primeros.

Pues bien, atérrense. Según estimaciones de Planeación Nacional (DNP) cumplir las metas del milenio le cuesta al país 94,7 billones de pesos (de 1994). Y esa es solo la cuota inicial para pagar la deuda social. Veamos cómo se está reduciendo la pobreza. La primera actividad que se hizo fue crear una Misión para el Desarrollo de una Estrategia para la Reducción de la Pobreza y la Desigualdad. Y la primera actividad de esta Misión fue revisar las metodologías para la medición de la pobreza en Colombia y para ello crearon una crisis con las cifras. El tema es complejo y es administrado por economistas (no tenemos nada en contra de estos respetables profesionales), o sea que imagínense la cantidad de ecuasiones, gráficos y teorías que se están inventando para ponerle conejo a las cifras. En términos simples, aducen que existen al menos tres metodologías diferentes para hacer la medición y que es necesario crear una nueva en la que todos estén de acuerdo (el que disfrute estos temas puede revisar los documentos en la Web del DNP). Por ejemplo, dicen que la metodología de la FAO para medir la pobreza tiene 7% menos requerimientos calóricos y como consecuencia de ello se generaría una caída de 5,8% en la pobreza y 2,5% en la indigencia. De esta manera, sin gastar un peso, por obra y gracia de la ciencia económica, la pobreza en Colombia (2003) no es de 51,8% sino de 46%. Y la indigencia se redujo de 16,6% a 14,1%.

A eso llamamos una política efectiva y contundente. Pero eso no fue suficiente. Ahora están descubriendo que en las economías domésticas también se producen economías de escala (las llaman economías de escala en el consumo). Con este cambio en la metodología podrían bajar la pobreza a 28,9% (2003). Paradójicamente con lo que están amarrados es con que al utilizar consistentemente cualquiera de las metodologías las tendencias son las mismas. Pero lo interesante de subrayar es la actitud que trae el gobierno para reducir la pobreza. El gobierno del presidente-candidato Uribe le está empezando a poner conejo a la reducción de la pobreza (otra vez el animalito, deberíamos proponer cambiar el cóndor de nuestro escudo, por el conejo).

Recientemente la Procuraduría publicó un informe en el cual se afirma que durante los últimos doce años NO ha mejorado la calidad de la educación pública en Colombia. Ha mejorado la cobertura, aunque no hasta los niveles deseables, pero no mejora la calidad. Obviamente la ministra del ramo ha dicho que ese informe no le gusta; que le gusta más el de la Contraloría porque sus resultados son más afines a su percepción.

En resumen, el presidente-candidato Alvaro Uribe tiene puntos débiles -protuberantes y sensibles- en la política de paz, en la política de seguridad y en la política social. Nos preguntamos, son ellos suficientes para descalificar su obra de gobierno y revocarle el mandato por la vía del castigo en las urnas? Depende. Quitémonos de encima por un momento el tema de su carisma y de su manejo de los medios de comunicación (cómo si fuera tan fácil !). Simplemente, si una mayoría de colombianos reelige al presidente es porque consideran que son más importantes sus fortalezas y realizaciones, que sus debilidades y desaciertos; y también porque creerían que no vale la pena cambiar la medicina por otra que deconocen (por supuesto, estamos partiendo de la base de que se realizan unas elecciones transparentes y limpias, lo cual ya ha sido puesto en duda por la oposición). Por eso en estos casos siempre se dice que cada país tiene los gobernantes que se merece. Los buenos y los malos.

 

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