En Crisis Acuerdos de Ralito

El fallo de la Corte Constitucional emitido el día de ayer con respecto a la Ley de Justicia y Paz, mediante el cual se elimina el delito de sedición, se aumentan en la práctica las penas a que pueden ser condenados los paramilitares y se revisan los procedimientos para la aplicación de la ley, ponen al país frente a una encrucijada. Por una parte fortalece el Estado de derecho, pero por otra parte se enreda la busqueda de la paz.


En efecto, el fallo de la Corte busca garantizar los derechos de las víctimas al tiempo que brinda a la justicia herramientas que permitan juzgar a los paramilitares sin la laxitud que existía en la ley. En ese sentido la Corte recogió algunas de las críticas que se manifestaron a la ley durante su discusión en el Congreso, específicamente en términos de introducir garantías para que haya justicia y reparación a las víctimas. Uno de los efectos prácticos del fallo es que personas como Mancuso se enfrentan ahora no a una pena de 4 o 5 años, sino probablemente a una de 30 o 40 años, básicamente porque tenía condenas previas al acogimiento a la Ley de Justicia y Paz que ahora con el nuevo marco no son cubiertas. En su esencia, el fallo la Corte Constitucional está admitiendo que los delitos cometidos por los paramilitares no pueden ser considerados como delitos políticos. Por este lado, el fallo de la Corte entra a llenar un vacio gigantesco que había aprobado el Congreso y que respondía a los términos pactados por el gobierno y los paramilitares en Ralito.

Pero por otra aparte, el fallo de la Corte constituye un obstáculo monumental a los acuerdos de Ralito. Hay que esperar el pronunciamiento oficial de los paramilitares, que posiblemente se producirá en las próximas horas, pero es de esperarse que se produzca una crisis en ese proceso. Desde la perspectiva de las paramilitares el fallo de la Corte desconoce el esfuerzo que ellos han realizado por la paz de Colombia y el significado que tiene la desmovilización de 30.000 hombres en armas. El fallo endurece los términos de los acuerdos en momentos en que los paramilitares aparentemente han desmontado su estructura militar. Y digo aparentemente, porque de todas maneras se sabe que ya hay nuevas organizaciones armadas listas a reemplazar a las desmovilizadas. Con esto quiero decir que si el Estado fortaleció su posición por el lado de la aplicación de la justicia, los paramilitares pueden tener sus estructuras militares listas para ejercer presión armada.

Lo ocurrido ayer simplemente pone nuevamente sobre el tapete la discusión que se viene dando desde hace tres años alrededor de los sacrificios que está dispuesto a hacer el país en la búsqueda de la paz. Si está dispuesto a sacrificar justicia, verdad y reparación en aras de la paz o si, por el contrario, debe existir un mayor balance en la ley que permita alcanzar está última sin hacer grandes sacrificios en lo primero.

El tema entra a partir de ahora el terreno de la discusión de la extradición. En lo inmediato, los paramilitares podrían mantenerse en el proceso si reciben alguna garantía de que en el futuro no serán extraditados. Tal como estaba la ley de justicia y paz, y con el ordenamiento legal vigente, ellos no tenían ninguna garantía de que en el futuro no llegaran a ser extraditados. Ahora, han perdido beneficios de la ley y el riesgo de extradición sigue latente. Es probable que ellos puedan soportar las nuevas condiciones de la ley de justicia y paz, pero lo que si es seguro es que en los próximos meses el Congreso recibirá una gran presión para que apruebe una reforma constitucional prohibiendo nuevamente la extradición. Algo de eso ya ha comenzado a cocinarse en el Congreso. Donde sí va a ser muy difícil que ejerzan presión los actores armado de la guerra en Colombia es ante la Corte Penal Internacional.
Finalmente, se rumora con insistencia la posibilidad de que las Farc entren en una negociación con el gobierno en los próximos meses. El fallo de la Corte Constitucional, es decir los nuevos términos de la ley de justicia y paz, en teoría podrían aplicar por igual para ellos. Si no se consigue el auténtico desmonte del paramilitarismo, la negociación con las Farc tampoco avanzará. Adicionalmente está el escenario electoral: cómo afectará este fallo las posiciones de los candidatos? Debilitará este fallo al imbatible presidente-candidato? Amanecerá y veremos.

 

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