El Tigre: no hay que ser antiuribista o uribista para aceptar que el presidente Álvaro Uribe como candidato tiene recursos de poder inigualablemente superiores que sus contrincantes políticos. No solamente por la exposición a los medios, sino principalmente por el manejo del presupuesto oficial y el control sobre las acciones de la burocracia oficial a nivel nacional. A ello se suma su capacidad de hacer promesas de campaña, al estilo colombiano, pero con la percepción por parte de sus clientelas de que en este caso se trata de promesas que salen de la boca de quien tiene la “sartén por el mango”. Por si fuera poco, se trata de un tigre que demostró hasta la saciedad que no solo muestra los dientes, sino que cuando es necesario, también muerde, como quedó demostrado frente a la prensa (caso Semana y prensa escrita, en general) y a la oposición (caso Gaviria y los “comunistas camuflados”). Finalmente, el tigre corrió tras su presa empujado por la favorabilidad en las encuestas, los resultados que tiene para mostrar en algunos aspectos de la seguridad y, hay que reconocerlo, el carisma y la combatividad de Uribe. Sin duda, no se trata de un tigre de papel.
El Burro: en este caso los partidos de oposición arrancaron con mucha carga encima. Carlos Gaviria ha sido una sorpresa, porque afortunadamente existe una franja de opinión en las ciudades colombianas que no ha sido cooptada por el poder de las maquinarias. Pero el gobierno logró sembrar dudas sobre su posición frente a la lucha armada y sobre sus vínculos con un sector comunista que aún avala la combinación de formas de lucha. Uribe le metió miedo a la clase alta y a la clase media pintando a Gaviria como el caballo de Troya de la guerrilla. Horacio Serpa venía con el lastre de su embajada en la OEA, sin contar con un pasado samperista que muchos colombianos aún condenan. Todo el tiempo pareció un buen candidato para la Colombia de los años cincuentas, pero no uno para la del siglo XXI. Lució obsoleto, dubitativo, sin norte. Antanas Mockus, siendo un candidato que tenía para mostrar su gestión exitosa como alcalde de Bogotá, no despegó, entre otras cosas porque arrancó con el pie izquierdo y porque perdió mucho tiempo con una simbología confusa que hubiera botado a la basura cualquier estudiante de Marketing de primer semestre. Pero lo grave del asunto es que los candidatos de la oposición no estuvieron a la altura del desafío. Fueron incapaces de generar un campo de acción común, y nos han puesto en riesgo de caer en una situación similar a la venezolana: con un presidente fuerte que acumula poder progresivamente, con micro partidos de oposición, divididos y sin liderazgo.
Solamente un milagro cambiaría la tendencia actual. Como buen tigre, el presidente no se siente confiado porque tiene la experiencia del referéndum y porque implícitamente reconoce atributos en los candidatos opositores. Estos últimos están disputando el segundo lugar, sentando posiciones para futuras jornadas electorales y definiendo quien tendrá la vocería de la oposición. En 2002 dos de los candidatos derrotados (la oposición de se momento…) recibieron como premio de consolación un cargo diplomático y una hipoteca sobre su conciencia política que llevan como un lastre hasta el día de hoy, con excpeción de Lucho Garzón. En esta oportunidad la derrota de Serpa será tan estruendosa que no dará para una embajada y Gaviria no la aceptaría, aunque el presidente sí se la ofrecería (hay que ver su osadía!). Esta vez Serpa no recibirá las llaves de una embajada pero en cambio entregará definitivamente las llaves de la casona de la Caracas con 36 (algunos ya hablan de la colaboración del partido liberal con el gobierno, igual que en 2002). Vistas las cosas en perspectiva, durante los últimos 5 años el partido liberal languideció casi hasta la extinción, la izquierda democrática se mantiene y crece lentamente, pero la derecha uribista se mantiene firme y en el poder (y eso que el presidente decretó la desaparición de derechas e izquierdas en Colombia!). En 2002 Noemí dominó el centro, mientras que en 2006 al parecer nadie consigió hacerlo. Si hacemos las sumas y restas de 2002 y 2006 veremos que el país camina hacia una nueva forma de polarización.










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