El último post de este blog titulado Entre Jamundí y Guaitarilla
había sido creado el pasado martes en horas de mañana, cuando desde el
alto gobierno y la cúpula militar se aseguraba que había un gran trecho
entre Jamundí y Guaitarilla. "Esto no es otro Gautarilla" gritaron a
coro el lunes en la noche y el martes. En Colombia Hoy, mientras tanto, manifestamos desde el primer momento nuestros temores y dejamos salir nuestros fantasmas por aquello de que "blanco es y frito se come". El miércoles, es decir ayer, el vicepresidente comenzó a cuestionar la versión oficial y hoy el presidente ofreció mil millones de pesos para saber si el narcotráfico está involucrado en el caso de Jamundí.
En Guaitarilla —la versión oficial todavía trata de ocultar los hechos— el ejército asesinó a unos policías que estaban robando a unos narcotraficantes; los primeros actuaron simplemente como sicarios al servicio de estos últimos. El resto son detalles.
En Jamundí, el ejército —ojo, señora, señor, aquí tampoco habrá nunca una versión oficial que se corresponda con los hechos— asesinó a unos policías que iban trás unos narcotraficantes del Valle (ya se sabe quienes son); los primeros actuaron simplemente como sicarios al servicio de estos últimos. El resto son detalles.
Claro que hay un avance entre los dos casos. En Guaitarilla NUNCA se mencionó quien o quienes eran los dueños del laboratorio y la droga que pretendían robar los miembros del Gaula; porque por ahí se sabría quienes estaban detrás del crimen. En el caso de Jamundí el nombre del narcotraficante comenzó a mencionarse desde ayer. Como quien dice, ya va sabiéndose cómo funciona en esa región la línea de mando (cuántas horas a partir de este momento pasarán antes de que el presidente destituya toda la línea de mando oficial? Señor ministro de defensa, de qué se ríe, señor ministro?).
Por último, alguien se preguntará qué hacemos metidos en estos temas tan siniestros. La respuesta es simple. Más allá del episodio judicial (ojo: como siempre decimos aquí, esto no significa que no tengamos respeto por las víctimas) Guaitarilla y Jamundí (y muchos otros casos) ponen en evidencia una degradación dentro de las Fuerzas Armadas. Ponen en evidencia la penetración del narcotráfico en una esfera del Estado que también debe velar por el mantenimiento del Estado democrático. Ponen de manifiesto no solo la corrupción que hay dentro de sus filas, sino el alcance de sus tentáculos, los mismos que son responsables normalmente del ocultamiento y la desinformación (la noticia sobre "fuego amigo" le dio rápidamente la vuelta al mundo, ocultando así los hechos desde el primer momento). Finalmente, estos casos ponen en evidencia la fragilidad estructural de la política de seguridad en Colombia.
(imagen tomada de www.presidencia.gov.co)










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