Por lo pronto, de la visita de Uribe salen las siguientes conclusiones:
* Uribe pidió a los Estados Unidos extender nuevamente las preferencias arancelarias derivadas del ATPDEA
(que se vencen en seis meses y medio) mientras entra en funcionamiento
el TLC. No es tan fácil conseguir este objetivo, pero no es imposible
(Colombia podría recibir una extensión por razones de “seguridad
nacional”). También acordaron dar los últimos toques al texto del TLC.
*
Los Estados Unidos apretarán las tuercas al gobierno colombiano en
derechos humanos. Están mirando con lupa la investigación sobre el caso
Jamundí y no están convencidos con las explicaciones sobre Guaitarilla.
Hay preocupación por el hecho de que Colombia es potencia mundial en el
asesinato de sindicalistas.
* Oh, sorpresa! Quién pidió acelerar la fumigación de cultivos
ilícitos fue Uribe, no Bush. El único comentario que cabe es que al
presidente colombiano se le olvidaron sus cursillos de negociación de
Harvard. Él cree que haciendo esa concesión de entrada puede conseguir
concesiones recíprocas de los Estados Unidos, concretamente mayor
cooperación militar de los EU hacia su propia “guerra contra el
terrorismo”.
* Uribe le presentó un informe detallado a Bush sobre la situación regional,
pues acababa de regresar de la cumbre de países andinos. Nos
preguntamos: ¿Será que los presidentes andinos confían demasiado en un
presidente que sale de las reuniones regionales a presentarle un
informe a quien representa la hegemonía mundial? (Bush llamó tres veces
“amigo”
a Uribe en la breve rueda de prensa, como para que no le quede duda a
nadie en Colombia y en la región de que Uribe cuenta con el apoyo de
Bush).
Como dijimos ayer, esta es una relación de mutua
conveniencia donde Bush necesita a Uribe para que detenga el flujo de
cocaína a los Estados Unidos y para que se convierta en sus ojos, sus
oídos y su voz en América del Sur, y posiblemente más allá,
especialmente ahora que los Estados Unidos ha perdido su liderazgo en
la región. Uribe necesita a Bush porque él es su principal soporte
internacional y allí se encuentran las claves con que la dirigencia
colombiana cree que puede insertar a Colombia en el comercio mundial, y
acabar con el narcotráfico y el conflicto armado.
Eso sí, nada se habló de temas como los siguientes:
*
¿Qué está haciendo el gobierno colombiano para que el país deje de ser
el lugar más peligroso del mundo para los sindicalistas?
*
¿Habrá una cuota de visas para trabajadores temporales colombianos, o
toda la torta será para los mexicanos? No olvidemos que en el Congreso
de los EU se discute en estos precisos momentos un proyecto de ley
migratoria que prevé el otorgamiento de visados especiales para
trabajadores temporales (se estima que hay entre 2,5 y 3 millones de
colombianos en los EU, muchos de ellos ilegales).
* Como menciona el memorando de junio 13 del Centro para la Política Internacional:
¿Por qué avanza tan lentamente la aplicación de la Ley de Justicia y
Paz? ¿Cómo se va a garantizar la reparación e indemnización a las
víctimas de los grupos paramilitares? ¿Tiene el gobierno colombiano una
estrategia para enfrentar el reciclamiento de los paramilitares en
nuevos grupos?
Por lo demás, a quienes no lo han hecho, les
recomendamos el artículo de ayer sobre las relaciones Colombia –
Estados Unidos en este mismo Blog.










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