La
Procuraduría comprobó que Fino recibió 4 mil millones de pesos por
adjudicar a una firma alemana un contrato por más de 40 mil millones de
pesos para la atención de pacientes con insuficiencia renal. El 10 por
ciento del valor del contrato fue depositado en sus cuentas bancarias.
Además
de la inhabilidad, Fino deberá pagar una multa cercana a los 30
millones de pesos por usar su posición, jerarquía y autoridad para
obtener un indebido provecho. Fino se encuentra en la cárcel.
El
caso de Fino es un ejemplo más de lo que constituye una práctica generalizada en la administración pública
colombiana. Es lo que en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos
de Colombia se conoce simplemente como el “CVY” (¿cómo voy yo? un
eufemismo para asegurar un porcentaje en todo contrato público) y la
ley del 10%. En algunos casos el porcentaje asciende al 15% y aún al
20% en obras públicas en el nivel municipal.
La corrupción es
uno de los peores cánceres que carcome al país. Probablemente le cuesta
al país más que la violencia y el narcotráfico. Pero se convive con
ella en sus “justas proporciones”, como diría el ex presidente Turbay
Ayala, porque ella es el combustible que alimenta al régimen político
colombiano. Sin ella, nada ni nadie se mueve.
Recordemos que el señor Fino fue Subdirector General de Impuestos Nacionales. Fue el segundo de a bordo de la señora Fanny Kertzman
en la DIAN, cuando juntos le mostraron a los colombianos los dientes de
un Doverman como método persuasivo para aumentar la recaudación de
impuestos. Fueron implacables ante los ciudadanos morosos y ejercieron
su cargo con la soberbia que da la proyección de una autoproclamada
solvencia moral.
Mencionemos de paso que la señora Kertzman todavía le
debe explicaciones al país con respecto a su papel en el caso del Banco del Pacífico,
junto a otras eminencias de la elite colombiana. El señor Fino
reemplazó después a la señora Kertzman; posteriormente fue premiado con
la presidencia del ISS y finalmente montó su propia empresa política,
con la cual consiguió una curul en el Consejo de Bogotá. Como puede
verse, este es un caso que ilustra de cuerpo entero la forma como se manejan
los hilos del poder en esta tierra llamada Colombia. El caso de Fino no
es una excepción. Es la regla general.
Soy
de la opinión que a los colombianos pobres, más del 50% y que en su
abrumadora mayoría son personas trabajadoras, sacrificadas y honestas,
debemos erigirles un monumento gigantesco (que sería sacarlos de la
miseria!) por el simple hecho de permanecer rectos en medio de tanto
abuso. Por generaciones han carecido de una vida digna. Hay que ver la
situación generalizada de las cárceles colombianas para entender lo que
le espera a un ciudadano corriente cuando viola la ley.
En el
otro extremo, tenemos a unos colombianos privilegiados, muchos de ellos
nacidos en el seno de familias ricas y poderosas, educados en los
mejores colegios y universidades y que llegan sin mayor esfuerzo a las
más altas posiciones de dirección del Estado. Llegan allí en muchos
casos simplemente a seguir saqueando el botín. Para ellos existe
todavía la casa por cárcel y cuentan con los mejores abogados para su
defensa.
Estas personas, justamente por sus privilegios y por la
responsabilidad que les fue conferida, deberían estar en las peores
cárceles del país, sin ningún tipo de privilegio. Porque es más hampón
y peor delincuente quien habiendo tenido todas las oportunidades de una
vida cómoda se apropia de los bienes públicos, que quien finalmente
nunca ha recibido nada de la sociedad y delinque para subsistir.
Llegados
al final también debemos decir que es igual de delincuente quien ofrece
el soborno: la famosa “empresa alemana” en el caso de Fino, y en
general las grandes empresas nacionales y multinacionales que saben
cómo funcionan las cosas en Colombia y siempre se las arreglan para
salir por la puerta de atrás en medio del escándalo. Ellos están por
encima del bien y del mal; están por encima de la ley. Y no deben estarlo.










Por cierto que todas las instalaciones físicas de esa Universidad se construyeron en los tiempos de la CVG de Sucre Figarella. Mientras que cuando Velásquez fue gobernador se construyeron el Gimnasio Cubierto y el edificio de Postgrado, culminado cuando Carvajal. Cientos de trabajadores hicieron allí estudios de profesionalización por un programa hecho en la gobernación en tiempos de Velásquez. ¿Qué ha dejado la “robolución” en la Unexpo siendo el gobierno mas rico de nuestra historia, luego de 11 largos años?. Casi nada. Igual que en Guayana no hay un solo proyecto industrial nuevo. Todo lo que hay en industria es lo que estaba hace 11 años, pero ahora arruinado.
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mmmm.....fea la piel.... pero en realidad yo creo ke lo mas importante es el pensamientocomo te trara.. eso hace ke empeces a ver las kosas feas komo kosas lindas...
Seo Glasgow
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