Habrá Paz en Colombia?
Hagamos un ejercicio muy sencillo de comparación entre los planteamientos de paz del presidente Uribe durante su posesión en el año 2002 y los que hizo el día de ayer. En el primer caso utilizó el nombre del Secretario General de las Naciones Unidas para darle credibilidad a una propuesta de negociación condicionada al cese de hostilidades. Dejó ver que podría llegarse a un eventual acuerdo humanitario y que este podría ser un preámbulo de acuerdos de paz definitiva. Anunció la continuación del Plan Colombia como un medio para cortar la financiación de los actores de la violencia. Vista esta posición en perspectiva, sonaba como algo realizable, aunque contradictoria con las explosiones que en ese momento sacudían la Casa de Nariño. Dijo Alvaro Uribe el 7 de agosto de 2002 :
“He solicitado al Secretario General de las Naciones Unidas, señor Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades. En este marco exploraremos soluciones humanitarias, que liberen secuestrados, que se den a partir de acuerdos que vislumbren la paz definitiva como algo posible. Quienes quieran disfrutar la libertad, que permitan que el pueblo disfrute la tranquilidad. He pedido a los medios de comunicación y a la opinión comprender la prudencia que el tema demanda.
El mundo debe entender que este conflicto necesita soluciones no convencionales, transparentes, imaginativas. La violencia se financia con un negocio criminal internacional: la droga; se lleva a cabo con armas fabricadas fuera de Colombia; y, democracia alguna puede permanecer indiferente a los sufrimientos de nuestro pueblo. Continuaremos con el Plan Colombia con la adición de la interdicción aérea y programas prácticos de sustitución como el pago a campesinos para erradicar cultivos ilícitos y cuidar la recuperación del bosque tropical. Mantendremos la senda recorrida con los Estados Unidos, tocaremos las puertas de Europa y Asia y afianzaremos la unidad de propósitos con los vecinos. Si no derrotamos la droga, la droga destruye nuestra libertad, nuestra ecología y anula la ilusión de vivir en paz.
Queremos la paz, no el apaciguamiento que se origina en el diálogo insincero, en el acuerdo claudicante o en la tiranía oficial. El apaciguamiento no reconcilia, suspende por momentos la violencia y la reaparece con superior intensidad.”
Cuatro años después Uribe vuelve a expresar una voluntad de paz, condicionada al cese de hostilidades por parte de la guerrilla y pone como ejemplo el caso de España. Confiesa que lo detiene para negociar la paz el riesgo de no alcanzarla y retroceder en materia de seguridad. Frente a sus declaraciones de 2002, en este caso no mencionó el tema del acuerdo humanitario ni mencionó que hubiera tomado alguna acción previa al anuncio ni mencionó la relación entre narcotráfico y conflicto armado. Ahora suena mucho más prudente e incluso escéptico. Dijo Uribe el 7 de agosto de 2006:
“Reafirmo ante los pueblos hermanos aquí representados, ante mis compatriotas, que la connotación democrática de la seguridad es un paso irreversible para obtener la paz. Reitero nuestra voluntad de lograr la paz, para lo cual únicamente pedimos hechos. Hechos también irreversibles que expresen el designio de conseguirla.
(…)
El Gobierno Español ha señalado como una de las razones para el diálogo que allí se abre espacio, la circunstancia de que en los últimos 3 años no se han presentado asesinatos imputables a la organización que empieza a ser interlocutora de voceros oficiales.
(…)
Hemos vinculado todas nuestras energías, con severidad, al rescate de la seguridad. No dudaremos en entregarlas, todas nuestras energías, con generosidad, a la paz. Hemos insistido sin temor en nuestras acciones en procura de la seguridad. No nos frena el miedo para negociar la paz. Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad. La paz necesita sinceridad. Por eso los hechos irreversibles de reconciliación deben ser el enlace entre seguridad y paz. “
En su esencia la “propuesta” es la misma: primero cese de hostilidades y después negociación; el acuerdo humanitario pasó a quinto plano. El cambio en los matices responde al cambio en la coyuntura. Puede decirse que el presidente está optimista sobre los resultados de su política de seguridad y preferiría continuar con ella hasta llegar a un punto en que el gobierno tenga total control sobre una negociación con la guerrilla. Las decisiones trascendentales, incluida esta, las va a tomar el presidente al calor de la encuesta del día. Lo dijo claramente ayer:
En los Estados de opinión la fuerza es necesaria para la seguridad y evitar que perezca la virtud de la República. Pero la legitimidad, ese grado de confianza, de aceptación popular que facilita la gobernabilidad, proviene esencialmente de la aprobación de la opinión pública. Debe renovarse al despuntar del sol de cada nuevo día.
El presidente no va a gastar su capital político en una negociación con la guerrilla a menos que se lo imponga la opinión pública o los financiadores de la estrategia actual. De manera que en este momento una negociación con la guerrilla sería factible en los siguientes escenarios:
1- El gobierno le da un golpe militar contundente a las Farc que le abre vía a las negociaciones.
2- Washington decide reducir la ayuda militar a Colombia e intentar la carta política.
3- La opinión pública nacional demanda la negociación
Me parece que el gobierno le apuesta a la primera opción y es probable que para conseguirlo tenga como "estimulo" una advertencia relacionada con el punto 2. La movilización social para presionar el acuerdo humanitario fracasó por diversas razones que no es el caso mencionar en este momento; es muy difícil que se de la opción 3.










Está suponiendo que la voluntad del gobierno no es sincera y que solo actuará por presiones externas.
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El gobierno no tiene una política de paz y en esa medida es muy difícil que se salga del repertorio que ya le conocemos. Gracias por participar.
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