Cambiar Todo para que Todo Siga Igual


Pero si la "propuesta de paz" del presidente es tan resbalosa, como lo mencionamos ayer, en su discurso de posesión tampoco se comprometió con una estrategia concreta para superar los otros dos desafíos de la sociedad colombiana: la desigualdad social y la corrupción.

Veamos qué dijo sobre el primer punto.

"Seguridad, inversión y crecimiento aportan el recurso con el cual la solidaridad y el debate democrático hacen posible la equidad.

Una Nación próspera, equitativa, sin exclusiones y sin odio de clases, requiere confianza, crecimiento, superación de pobreza y mejor distribución de riqueza.

El crecimiento y la solidaridad son medios, la superación de la pobreza y la equidad se constituyen en fines.

Nuestras metas sociales son incluso más exigentes que las del Milenio. Tenemos toda la vocación de cumplir lo pactado con el pueblo: plena cobertura en educación básica; avances en preescolar; plena cobertura en régimen subsidiado de salud con esfuerzos para que la formalización laboral ayude a crecer el sistema contributivo; familias educadoras en acción, familias guardabosques, estrategias del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, cobertura en atención de niños y ancianos; vivienda; saneamiento básico; infraestructura; acceso popular al crédito, banca de oportunidades.

La educación, la investigación, la aplicación de conocimientos, la infraestructura y el crédito popular serán los pilares de competitividad que aumente el ingreso y mejore la distribución.

En síntesis, una política social estructural, como conjunto armónico de acciones sociales que deben producir positivos impactos en calidad de vida y distribución de riqueza.

No compartimos la idea de impulsar el crecimiento y abandonar la superación de la pobreza a la suerte del mercado. Discrepamos de hacer equidad con distribución de pobreza. Creemos en el crecimiento con justicia social. "

Brevemente, el presidente nos dice que la equidad social será el resultado del crecimiento económico, la inversión y la seguridad; que sus metas sociales son más exigentes que las del Milenio; y que promoverá el crecimiento con justicia social.

Suena bonito, cierto?  Pero es el mismo discurso que hemos escuchado los colombianos durante los últimos cincuenta años. Aquí no hay nada innovador. Se trata simplemente de un desarrollo vegetativo de la política social, pero no de la prioridad del gobierno. Por qué no es posible hacer el mismo esfuerzo en el campo social que se hace en seguridad? Por qué no se pone el mismo empeño en diseñar un Plan Colombia para pagar la deuda social? Por qué no se mencionaron en el discurso presidencial a los casi dos millones y medio de desplazados que tiene el país y que están debilmente atendidos? Colombia vive una emergencia humanitaria -en términos de Naciones Unidas- y esa realidad no merece ni siquiera una línea o una mención en el discurso del presidente.

Lo único que presiona la política social son las metas del Milenio, que son el resultado de acuerdos internacionales; ya sabemos, como lo mencionamos en un post anterior,  cómo se están haciendo esginces para cumplirlas. 

Tampoco brillaron sus propuestas sobre el combate a la corrupción (un cáncer que carcome las entrañas del Estado colombiano). Este es el caso típico en que el silencio es elocuente. En el 2002 el presidente Uribe había dicho:

"En nuestra Nación han descendido la confianza y la solidaridad. Cada uno desconfía del vecino y en especial del Estado. Decrece la actitud solidaria y hay desproporcionado apego al interés propio e indeferencia por la suerte de la comunidad. Lo anterior, señalado como un decaimiento del capital social, no surge de la naturaleza del ser colombiano, que es cívica y humanitaria; su razón de ser la explica la violencia destructora, la politiquería y la corrupción, que concurren a la incertidumbre, la miseria y la desigualdad".

"Nuestro Estado es gigante en lo burocrático, ineficaz frente a la corrupción que maltrata las costumbres políticas y peligrosamente pequeño en inversión social. El Estado tiene que ser promotor del desarrollo, garante de la equidad social y dispensador del orden público. No puede ser obstructor de la iniciativa privada, ni estar ausente frente a los reclamos sociales".


Nuestro Estado Comunitario buscará que los recursos y las acciones lleguen al pueblo, con transparencia, mediante creciente participación popular en la ejecución y vigilancia de las tareas públicas. La promoción de esa participación, será el mejor instrumento para la derrota de la corrupción.

Esta tarde quedará radicado el proyecto de ley para convocar el Referendo contra la corrupción y la politiquería. Será luz de austeridad para trasladar recursos a la revolución de las oportunidades que empieza con la educación.

Ya sabemos lo que pasó durante los útimos cuatro años en cuanto a corrupción y politiquería! Pero al menos parecía que existía una voluntad inicial para hacer algo frente a la corrupción. Alguien en el alto gobierno cínicamente podría decir: No se pudo, muy difícil, porque cómo hacer política en Colombia sin corrupción y politiquería?

En cambio en su posesión del 2006 el tema fue ignorado olímpicamente y mencionado tangencialmente solamente para presentarlo como un problema sin solución:

"Nuestra dialéctica, el ritmo de movimiento permanente, debe darse en el ciclo de acometer, evaluar, ajustar y aún rectificar cuando sea necesario. Nos ilusionan las reformas propuestas y adelantadas con patriotismo. Nos llenan de pánico el estancamiento, los ímpetus de imprudencia y la corrupción".


Suena a derrotismo, a aceptación de que es un mal necesario, sin el cual no se pueden mover los engranajes de la política y el Estado. Lo que ocurre es que el presidente no está en su puesto para que sienta pánico por la corrupción, está ahí para que haga algo al respecto.

El tema no está en el radar del presidente y aunque existe un "zar anticorrupción", en realidad el gobierno ha demostrado que es más sencillo y rentable políticamente promover públicamente la existencia de ese cargo y dejar las responsabilidad en manos de los órganos de control y en el sistema judicial.

En síntesis, tampoco esperemos una gran innovación en la política social y en el combate a la corrupción. Habrá muchos titulares de prensa, muchos discursos, muchos consejos comunitarios, muchas inauguraciones, algunos o muchos escándalos por corrupción y algunos condenados. Pero en su esencia podemos esperar que durante los cuatro años siguientes no se producirá ningún cambio drástico en la situación de desigualdad social y pobreza, ni se reducirá la corrupción.

 

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