Uribe Ganó Tiempo, Pero no Resolvió los Problemas
El día de ayer fue detenida por orden del
presidente de Colombia, Álvaro Uribe, la cúpula de la Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC), en operativos policiales realizados simultáneamente en
diferente lugares del país. La operación fue un desarrollo del comunicado
presidencial del lunes pasado y busca cambiar el curso del proceso de
judicialización de los jefes paramilitares. La movida del presidente hay que
entenderla tanto en sus causas como en los riesgos que entraña.
El proceso de desmovilización está en crisis
El proceso ha perdido credibilidad nacional
Además, el proceso carece de credibilidad
nacional e internacional. En el orden nacional, los colombianos finalmente
entendimos que el desmonte del paramilitarismo no puede hacerse a cualquier
precio. El país no terminó de aceptar que narcos “puros”
figuren como comandantes paras. La discusión de la ley de justicia y paz puso
en boca de todo el país los principios de justicia, verdad y reparación, los
que hace apenas cuatro años eran conocidos solamente por los especialistas en justicia
transicional. La velocidad del proceso y la espectacularidad de las
desmovilizaciones hizo que muchos colombianos perdieran de vista la magnitud de
los crímenes del paramilitarismo; crímenes que lentamente resurgen de las
sombras, especialmente con el descubrimiento de las fosas comunes y con fallos
como el reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Para rematar, el
despliegue de arrogancia e indolencia de algunos jefes paramilitares ha
terminado por minar la credibilidad que algunos colombianos tenían en el
proceso.
La negociación carece de respaldo internacional
Por otra parte, el proceso nunca ha contado con
un respaldo amplio de la comunidad
internacional. La Unión Europea y las Naciones Unidas han estado al margen
y si en algún momento han desempeñado un papel este ha sido mínimo. La Misión
de la OEA fue, en ese sentido, un salvavidas que le lanzó Gaviria a Uribe
cuando el proceso amenazaba colapsar por falta de legitimidad internacional.
Pero en un país dependiente como Colombia lo que verdaderamente cuenta es la
posición de los Estados Unidos. Y para ellos la desmovilización paramilitar es
algo en lo que no han creído mucho pero en la que han decidido dar un margen de
espera a Uribe, con el único propósito de conseguir una reducción en la oferta de narcóticos a ese país. Esta
situación me recuerda la posición que asumieron cuando Gaviria puso en práctica
la ley de sometimiento a la justicia.
Sin embargo, como ellos mismo suelen decir, la
justicia de los Estados Unidos “tiene una memoria larga”. Y para eso mantienen
las ordenes de extradición sobre algunos jefes paramilitares. Por eso la
extradición es el principal “garrote” que mantiene atornillados a los
paramilitares al proceso. El proyecto de
decreto que buscaba “corregir” el fallo de la Corte Constitucional (qué
vergüenza!) y que produjo el pasado fin de semana una tensión entre la Embajada
de los Estados Unidos y la Fiscalía, por un lado, y el gobierno, por el otro,
estaba redactado de tal forma que constituía otra concesión “generosa” a los
paramilitares. La detención de ayer busca aplacar a los Estados Unidos, aunque
el tema de fondo, el marco legal que los va a cobijar, aún sigue sin resolver.
El gobierno necesita ambientar otros temas de la agenda política
¿Cuáles son los riesgos que se corren con esta
decisión?
La movida del presidente no está exenta de
riesgos:
- Poner
a los paramilitares bajo la vigilancia de la policía significa que esta
institución estará en grave riesgo
de sucumbir al ya conocido poder corruptor del narcotráfico. La situación
existente hasta ayer no era deseable. Pero ahora el país asistirá al
surgimiento de otra “catedral”. No es sano para la policía que ejerza
funciones del Inpec sin que, además, se hayan aclarado completamente los
casos de infiltración
paramilitar en el DAS.
- Los
problemas de fondo del proceso no se resuelven con la medida de ayer. Sin
duda, el presidente hizo un ejercicio de autoridad, que puede mejorar su
posición ante los ojos de los Estados Unidos, de la opinión pública y de
los propios paramilitares. Pero los problemas de fondo (el vacío legal,
las solicitudes de extradición de los EU, el empantanamiento de los programas de
reinserción) seguirán aumentando y siguen siendo una bomba de tiempo
que nadie sabe cómo va a explotar.
- Los
paramilitares tienen claro ahora que la siguiente carta que podría
utilizar el presidente es la extradición. No se puede descartar que ellos
decidan fortalecer su presión sobre el propio gobierno y la clase
política. Su meta es, como lo era hace veinte años, evitar las cárceles de
los Estados Unidos, cumplir una condena mínima en Colombia y legalizar sus
fortunas.
La movida del presidente fue tomada de una
forma muy racional, como se desprende del comunicado del lunes pasado y de la
planeación que fue necesaria para adelantar los operativos policiales
simultáneos de ayer. De igual forma, el presidente debió medir todos los
factores involucrados en la decisión, aunque un detonante hubiera podido ser la
crisis con la Embajada de los Estados Unidos del fin de semana. Sin duda, apagó
un incendio y ganó tiempo. Pero el alud que viene montaña arriba es de
proporciones monumentales.










Se le olvidó decir en su análisis que la negcociacion con los paras ha sido una farsa desde el principio hasta el final.
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Es una forma muy sintética de decir algo que está implícto en las entradas de este blog.
Gracias por participar.
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Muy completo y muy formal.
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