No Más Lágrimas Sobre la Leche Derramada

Los demócratas perdieron la pasada campaña presidencial en los Estdos Unidos porque fueron incapaces de articular una alternativa a la guerra contra el terrorismo y a la presencia de tropas americanas en Irak. Después de que habían respaldado a Bush en la coyuntura del 9/11 y de que habían apoyado la invasión a Irak, les resultó imposible marcar diferencias frente a Bush sobre esos mismos temas o aliarse con él para sacar a los EU del lodo. Pues en Colombia nos está ocurriendo algo parecido en la negociación con los paras: quienes no están de acuerdo con las decisiones que se han tomado hasta hoy no han (hemos) sido capaces de proponer una ruta alternativa.

A quién se le puede ocurrir hoy que sería mejor que los desmovilizados se devuelvan al monte a echar bala? Quién cree que es mejor tener a los capos libres que tenerlos en La Ceja, confinados bajo la observación del gobierno? Ninguna persona sensata estaría en capacidad de levantar la mano. Pero de todos modos resulta más fácil criticar lo que se ha hecho —lo hacemos frecuentemente desde este blog— que ofrecer soluciones para salir del atolladero.

Las metidas de pata las comete el gobierno y los correctivos los decide también el gobierno. No hay debate. No hay dialéctica. Y no hay sectores políticos de la oposición que tengan un campo de acción conjunto con el gobierno, por mínimo que este sea. La coalición de gobierno simplemente apoya al gobierno, olvidando que tiene una responsabilidad con el país y que si ha participado de decisiones erróneas es mejor corregir que insistir. No quieren corregir, cuando son ellos (principalmente Vargas Lleras y Santos) quienes tienen mayor capacidad para influir sobre el presidente en estos temas. La oposición (del Polo para la izquierda), por otra parte, acusa y señala, pero no propone. El gobierno, obviamente, actúa, no rinde cuentas y no tiene interlocutores en este tema, con excepción de los mismos paramilitares y la Embajada de los Estados Unidos. Las otras ramas del poder público, que podrían operar libremente en una democracia moderna y constituirían un contrapeso al poder presidencial, han sido cooptadas por el presidente y se han convertido en apéndices de las políticas del gobierno.

La negociación con los paramilitares empezó mal, continuó mal y terminará mal. Para que ese proceso tenga el carácter histórico que el gobierno quiere darle, se requiere que forme parte de una política de seguridad y de una política de paz, que el gobierno, lamentablemente, no tiene. La "seguridad democrática" es otra cosa, pero no es una política de seguridad.  Y no existe una política de paz. Hacer negocios con el Grupo de Ralito no significa tener una política de paz (el famoso yo con yo). Y como es imposible que el gobierno subsane esas deficiencias de manera inmediata pues tenemos que seguir adelante con lo que hay. Es inútil quedarse llorando sobre la leche derramada mientras el proceso con los paramilitares amenaza con llevarse por delante los rezagos de institucionalidad que aún quedan en Colombia.

De manera que en este momento lo que queda por aplicar son máximas de realismo político y defender algunos principios básicos.  Todas las crisis llevan en sus entrañas una oportunidad. Y la crisis que evidentemente hay en el proceso con los paramilitares también ofrece oportunidades. Pero para aprovecharlas es necesario cambiar de paradigma. De lo contrario la crisis se profundizará y eventualmente pondrá en riesgo la misma gobernabilidad.

Una receta sencilla podría contener los siguientes remedios:

  1. Estimular y apoyar al gobierno para que destape sus cartas y explique de una manera razonable la conveniencia del sometimiento a la justicia de un grupo de poderosos narcotraficantes. La propuesta de Petro no es descabellada y debería aprovecharse la coyuntura para incluir en la misma negociación a todos los grandes narcos. Desde el punto de vista del desmantelamiento del narcotráfico resultaría inútil el sometimiento a la justicia del Grupo de Ralito si otros están tomando rápidamente sus posiciones.
  2. Apoyar a la Fuerza Pública para que con carácter urgente cope los espacios militares que han dejado los paramilitares. Simultáneamente, es indispensable e igualmente urgente impedir que se fortalezcan los paramilitares que se encuentran en proceso de reagrupamiento.
  3. Estimular un acercamiento entre el gobierno y las Farc. Es imposible que el gobierna consiga esos objetivos mientras las Farc sigan activas. El gobierno debería establecer unas condiciones realistas que permitieran alcanzar un cese de hostilidades con esa guerrilla. La eventual  visita de Reyes al Congreso tiende a enredar más que a aclarar el escenario de la negociación. Más que shows mediáticos se requiere una agenda mínima de negociación.
  4. Fortalecimiento del sistema judicial, particularmente de los tribunales de justicia y paz, para lo cual se requiere el apoyo del gobierno, a través del Minsiterio de Hacienda, el DNP y la cooperación internacional.  De otra manera la justicia colombiana no podrá superar los desafíos que enfrenta. La Ley de Justicia y Paz debe aplicarse rigurosamente porque, gústenos o no, es la única herramienta jurídica que tenemos. Sin hacerle esguinces al fallo de la Corte Constitucional.
  5. Respaldar una diplomacia orientada a detener el conflicto. La maquinaria diplomática colombiana debe ponerse al servicio de la paz y no de la guerra.
No reconocer la existencia de la crisis y sus oportunidades solo nos llevará a un agravamiento de la misma y a que la situación se salga completamente de control.  En ese escenario predominará la máxima del "sálvese quien pueda", con lo cual ganarán los narcos y perderán el mismo gobierno y el país. Uribe todavía no ha pasado a la historia. Pero todavía puede hacerlo si entiende que lo que le funcionó durante los últimos cuatro años puede ser su peor trampa en el gobierno que apenas está comenzando. La crisis está al garete porque el gobierno sigue confiando en el "efecto teflón". Lo que ocurre  es que la meta no es la popularidad ("favorabilidad" en términos de las encuestas) sino sacar del barro a Colombia. Sacarlo en serio.

 

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