Fabricando la Muerte de Carlos Castaño
El poder de los medios de comunicación es inmenso, pero tiene límites. Ellos pueden fabricar una imagen o una opinión en cuestión de pocos minutos, y después se requiere de un esfuerzo proporcionalmente mayor al inicial para intentar introducir una corrección o un matiz. La primera versión que difunden los medios tiende a fijarse de una manera permanente en la mente del público y reemplazarla por otra, así esta última sea la correcta, es tarea de titanes y muchas veces simplemente es imposible. Es lo que puede estar ocurriendo en el caso del supuesto asesinato de Carlos Castaño. Ya existe una verdad "mediática" y va a ser muy difícil bajarnos de ahí. El supuesto asesino confesó y además va a entregar el cuerpo. Caso resuleto. Punto. Pero resulta que —a riesgo de arar en el desierto— creemos que el asunto no es tan sencillo.
Solamente a modo de ilustración, recordemos una noticia que le dió la vuelta al mundo la semana pasada. La opinión pública de los Estdos Unidos estuvo conmocionada por el aparente esclarecimiento del asesinato de la niña JonBenet Ramsey, ocurido una década atrás. Con gran despliege el sospechoso del homicidioo fue trasladado desde Tailandia en medio de fuertes medidas de seguridad. John Karr reconoció ser el asesino y dijo que el crímen había sido el resultado de un accidente. La prensa se apresuró a dar el caso como resuelto, en vista de que el propio homicida estaba confesando su crimen. Pero el fiscal del caso, con base en evidencia legal, dictaminó que esa persona no era la responsable del homicidio.
Una cosa son los testimonios en un proceso judicial y otras muy diferentes las pruebas. Y así ocurre en casi todos los países del mundo. Por eso hay que estar atentos y no "comer cuento" con todo el enredo alrededor del supuesto asesinato de Carlos Castaño y la intempestiva confesión de su supuesto victimario. Una cosa es la verdad mediática, la que ya se fabricó a punta de titulares de prensa, y otra muy diferente la que surja de los dictamenes periciales de la Fiscalía.
Aunque cueste trabajo creerlo, no es suficiente la declaración de "Monoleche" para declarar el caso "cerrado". Además de esa confesión se necesita que aparezca el cadaver y que se confirme, más de allá de la duda, que efectivamente corresponde al de Carlos Castaño. Que no nos vayan a decir ahora que los restos están en un estado tan lamentable que no sirven como evidencia y que lo único que tiene la Fiscalía es la confesión de "Monoleche". Que no resulte que Vicente Castaño sufre un accidente. Que no sea que por fin van a aparecer los restos de Fidel Castaño, prestos para ofrecer la prueba de ADN. Que no sea que las muestras de ADN resultan trucadas.
Todo esto huele horrible: el atentado de abril de 2004, las versiones contradictorias de los paramilitares sobre el atentado, la intempestiva confesión de "Monoleche", su reclusión junto a los demás jefes paramilitares en La Ceja, la fuga de Vicente Castaño. Y no solo huele horrible la jugada de los paras. De ellos no se puede esperar menos. Lo grave es la complicidad del gobierno, disfrazada de tolerancia e ingenuidad, y la pasividad de los medios de comunicación.
La Fiscalía y la Procuraduría tienen la responsabilidad de demostrarle al país que la jurisdicción de justicia y paz ofrece credibilidad y no es un mal chiste.
A todas estas, qué pensará "para sus adentros" el Establecimiento sobre el curso que vienen tomando los acontecimientos con los paramilitares? Qué pensará ahora como Ministro de Defensa, por ejemplo, quien dijera hace dos años: "La negociación con los paras no puede ser la operación de lavado político, social y económico que muchos pretenden, so pena de comprometer la legitimidad del Estado."
Mientras tanto, parece que hay un Castaño paseándose por las calles de Vancouver.
Solamente a modo de ilustración, recordemos una noticia que le dió la vuelta al mundo la semana pasada. La opinión pública de los Estdos Unidos estuvo conmocionada por el aparente esclarecimiento del asesinato de la niña JonBenet Ramsey, ocurido una década atrás. Con gran despliege el sospechoso del homicidioo fue trasladado desde Tailandia en medio de fuertes medidas de seguridad. John Karr reconoció ser el asesino y dijo que el crímen había sido el resultado de un accidente. La prensa se apresuró a dar el caso como resuelto, en vista de que el propio homicida estaba confesando su crimen. Pero el fiscal del caso, con base en evidencia legal, dictaminó que esa persona no era la responsable del homicidio.
Una cosa son los testimonios en un proceso judicial y otras muy diferentes las pruebas. Y así ocurre en casi todos los países del mundo. Por eso hay que estar atentos y no "comer cuento" con todo el enredo alrededor del supuesto asesinato de Carlos Castaño y la intempestiva confesión de su supuesto victimario. Una cosa es la verdad mediática, la que ya se fabricó a punta de titulares de prensa, y otra muy diferente la que surja de los dictamenes periciales de la Fiscalía.
Aunque cueste trabajo creerlo, no es suficiente la declaración de "Monoleche" para declarar el caso "cerrado". Además de esa confesión se necesita que aparezca el cadaver y que se confirme, más de allá de la duda, que efectivamente corresponde al de Carlos Castaño. Que no nos vayan a decir ahora que los restos están en un estado tan lamentable que no sirven como evidencia y que lo único que tiene la Fiscalía es la confesión de "Monoleche". Que no resulte que Vicente Castaño sufre un accidente. Que no sea que por fin van a aparecer los restos de Fidel Castaño, prestos para ofrecer la prueba de ADN. Que no sea que las muestras de ADN resultan trucadas.
Todo esto huele horrible: el atentado de abril de 2004, las versiones contradictorias de los paramilitares sobre el atentado, la intempestiva confesión de "Monoleche", su reclusión junto a los demás jefes paramilitares en La Ceja, la fuga de Vicente Castaño. Y no solo huele horrible la jugada de los paras. De ellos no se puede esperar menos. Lo grave es la complicidad del gobierno, disfrazada de tolerancia e ingenuidad, y la pasividad de los medios de comunicación.
La Fiscalía y la Procuraduría tienen la responsabilidad de demostrarle al país que la jurisdicción de justicia y paz ofrece credibilidad y no es un mal chiste.
A todas estas, qué pensará "para sus adentros" el Establecimiento sobre el curso que vienen tomando los acontecimientos con los paramilitares? Qué pensará ahora como Ministro de Defensa, por ejemplo, quien dijera hace dos años: "La negociación con los paras no puede ser la operación de lavado político, social y económico que muchos pretenden, so pena de comprometer la legitimidad del Estado."
Mientras tanto, parece que hay un Castaño paseándose por las calles de Vancouver.










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