Politiquería, Corrupción e Imagen Presidencial
Para tener una instantánea de la Colombia de hoy, puede servir pasearse un poco por los principales titulares de la prensa nacional y ver la relación que existe entre ellos.
Veamos rápidamente cuáles son algunos de los titulares del día:
En encuentro con el Presidente, voceros de 'La U' buscan resolver distanciamiento con el Gobierno. Como casi siempre, el titular dice y no dice. En realidad el distanciamiento entre la "U" y el gobierno ocurre porque los de ese partido sienten que este no los ha favorecido como debiera con prebendas burocráticas. A esto lo llaman eufemísticamente "no nos ha tratado bien". Esto no tiene presentación ante los ojos de la opinión pública, que sabe que esas son prácticas típicamente politiqueras, así sea una costumbre de nuestra cultura política. Pues bien, como se preveía desde antes de la posesión del presidente, ya se vislumbran los problemas de gobernabilidad que éste deberá enfrentar en el futuro inmediato. Sus aliados políticos de la U le han hecho saber al gobierno que no tiene garantizado el apoyo para tramitar la agenda legislativa. La reforma tributaria, entre otros temas, depende de las mayorías en el congreso y estas se moverán solo si estas maquinarias se aceitan prolíficamente con puestos y contratos. Y el mensaje de la U debe recibirse con aún mayor preocupación si se le suma el distanciamiento de Cambio Radical (al margen: la famosa idea de la renovación de los partidos políticos que nos vendieron durante los últimos dos años no está soportando la prueba ácida. Seguimos teniendo empresas electorales.) Pero esto no es lo único que molesta a la opinión pública. También los escándalos persistentes en las Fuerzas Militares. Y ahí entra el siguiente titular.
Investigan dos casos más de hallazgos de guacas de las Farc por parte de militares. Aquí nos dicen que algunos militares, los mismos del Plan Colombia y el Plan Patriota, han encontrado que una forma de enriquecerse es mediante el hallazgo de las guacas sembradas por la guerrilla. Y que esto ha ocurrido ya al menos en tres oportuniudades al sur del país. Siendo así las cosas, le resultaría mejor negocio a la guerrilla cambiar las minas antipersona por guacas para los soldados. Porque al final hace tanto o más daño que la discapacidad física, la discapacidad moral. Este tipo de hechos —como el de las supuestas "autobombas"— también afectan la credibilidad de las Fuerzas Militares y del propio gobierno. Las Fuerzas Militares se encuentran en el ojo del huracán, y el gobierno tiene muy claro que su desempeño es determinante al momento de evaluar los logros de la "política de seguridad". Por eso no es raro que tanto el anterior titular como este nos conduzcan al siguiente.
Imagen del presidente Álvaro Uribe descendió cuatro puntos desde su segunda posesión. Porque, claro, la campaña presidencial de todas maneras desgastó la impermeable imagen presidencial. Aunque no se sometió al debate público, los otros candidatos sí señalaron y ventilaron públicamente las debilidades del gobierno, como no había ocurrido en los cuatro años anteriores. En plena campaña ocurrieron escándalos como el del DAS y desde las elecciones hasta hoy prácticamente no pasa un día sin que aparezcan nuevos indicios sobre los pies de barro que sostienen al actual gobierno. La percepción pública sobre el compromiso del gobierno en la lucha contra la corrupción descendió 11 puntos y la favorabilidad del presidente bajó cinco puntos. Sin duda, titulares como los dos anteriores, más los que hemos visto en las últimas cuatro semanas y los que estarán por salir a la luz, tendrán consecuencias sobre la imagen del presidente que se verán reflejadas en la próxima encuesta.
Pero lo grave no son los escándalos en sí mismos y mucho menos el descenso en la flamante imagen presidencial. Lo grave es que este gobierno muestra pulso firme para defenderse de los escándalos y para atacar a sus críticos, pero se ve débil, sin iniciativa, sin norte, sin combatividad para impulsar una agenda que transforme positivamente al país. Lo primero no le hace daño al país —porque aunque puede sonar obvio vale recordar que el gobierno no es el país— mientras que lo segundo sí.
Al colombiano corriente no le conviene que su gobierno dedique el tiempo a apagar incendios (mucho menos si además lo hace con gasolina). Esta no es en realidad una situación donde lo que pierde el gobierno lo gana, por ejemplo, la oposición. Porque entonces el modelo a copiar sería el ecuatoriano (cinco gobiernos en cuatro años) y evidentemente esto no es lo que necesitamos. El problema está en que el presidente no quiere aceptar que el país progresa cuando se fortalece el Estado de derecho y la democracia; y retrocede cuando se debilitan sus instituciones.
Por eso la alternativa no puede ser entre tener un gobierno débil (para que le abra espacios a un futuro gobierno alternativo) o uno fuerte (pero sin agenda de cambio y misión). Lo que se requiere es un gobierno fuerte (con gobernabilidad), respetuoso del Estado de derecho y comprometido con las necesidades de las mayorías.
Este es un gobierno que aún no cumple los primeros cien días de su segundo mandato y lo encontramos permanentemente a la defensiva. Más como si estuviera a punto de terminar que como si estuviera comenzando. Por supuesto que todavía puede recuperar la iniciativa, pero ojalá cuando lo haga sea para cumplir las promesas de paz y justicia social. Porque no hay peor gobierno que el que teniendo el respaldo de las mayorías malgasta ese capital en sacar adelante agendas particulares y ocultas.











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