La Crisis del Modelo Uribe



El segundo período presidencial de Álvaro Uribe no ha cumplido aún los primeros cien días y ya se encuentra amenazado por diferentes flancos. Prácticamente no ha pasado una semana desde la posesión del presidente sin que un nuevo evento sacuda los cimientos del gobierno y conmocione a los colombianos.

Una reseña apretada de esos eventos incluiría los siguientes (se incluyen también algunos de los que menciona William Calderón):

  • Cuestionamientos a las Fuerzas Militares.
  • Crisis en la negociación con los paramilitares.
  • Incertidumbre por las dificultades para la aprobación del TLC y por la finalización del Atpdea.
  • Fragmentación de la alianza uribista.
  • Dificultades para sostener mayorías en el Congreso.
  • Ausencia de una plataforma de gobierno.
  • Los vaivenes políticos de la reforma tributaria.
  • Disputas públicas entre ministros por partidas presupuestales en el seno del Congreso.
  • Predominio de la politiquería.
  • Desconfianza tras escándalo en Superintendencia de Notariado.
  • Grietas en la política de seguridad democrática.
  • Caos en la Dirección de Estupefacientes.
  • Conflictos del gobierno con la Corte Suprema.
 Qué es lo que está ocurriendo? Se trata de casos aislados de ingobernabilidad? O, por el contrario, son eventos que están relacionados y que muestran signos de cambio en las tendencias políticas? Porque estamos asumiendo que un clima de incertidumbre así no se vivió durante los cuatro años anteriores de gobierno.

Desde el palacio presidencial la situación se está abordando como si se trata de casos aislados.  El presidente y sus asesores están reaccionando frente a esos eventos de una forma casuística, resolviendo caso por caso, sin estrategia y, al parecer, sin darse cuenta que el problema es de fondo.  La escena del presidente ajustando tuercas, con la caja de herramientas debajo del brazo, no despierta el mismo optimismo de hace cuatro años ni produce los mismos resultados.

La escena que vemos hoy es la de un capitán que corre a lo largo de su embarcación con un paquete de curitas debajo del brazo, tapando los huecos por donde ingresa el agua a borbotones; mientras tapa uno de los huecos, surgen simultáneamente otros tres en diferentes lugares.

Lo primero que hay que decir es que no se trata de casos aislados y por eso mismo la estrategia que viene empleando el gobierno no es la correcta. Como hemos dicho anteriormente, el gobierno está desbordado por los acontecimientos del día a día y se encuentra sin rumbo, tal como lo reconocen inclusive los analistas y comentaristas políticos afines al gobierno.

Qué es lo que está ocurriendo? Creemos que los eventos que se reseñaron anteriormente y el clima de incertidumbre política que se está gestando obedecen a tres causas principales:

Agotamiento del modelo de gestión presidencial. El modelo de Uribe tiene como ejes principales la centralización del poder, la microgerencia y la campaña permanente.  Dichos elementos han conducido a un debilitamiento de las restantes instituciones en favor del presidente y a un fortalecimiento del tradicional presidencialismo en Colombia. De ese debilitamiento han sido objeto incluso las restantes instituciones del poder ejecutivo y por supuesto el Congreso, las Cortes y los órganos de control, que además vienen siendo cooptados por el presidente. A nivel local dicho debilitamiento se ha operado a través de los consejos comunitarios, los cuales sustituyen procesos de planeación participativa serios que se venían incorporando a la gestión pública con gran dificultad y debilitan aún más la descentralización política.

El modelo de Uribe tiende a cerrar espacios para que se expresen otras fuerzas políticas y ha conducido a un bloqueo en los canales de acceso al poder, especialmente a partir de la reelección. Dentro de sus propias huestes, ese bloqueo se expresa en las tensiones que existen dentro de la coalisión uribista (Vargas Lleras vs. Santos) y que amenazan la propia gobernabilidad (la fila india para acceder al poder se bloqueó por cuatro años). Desde el punto de vista de la oposición dicho bloqueo se expresa en la ausencia de unas condiciones justas para el ejercicio de los derechos de la oposición y en un retroceso en los indicadores de derechos humanos, tal como denunció el 21 de septiembre Amnistía Internacional.

La microgerencia se encuentra en la base de los escándalos por los falsos positivos de las Fuerzas Militares, pues no se trata solamente de la presión por conseguir resultados sino también de la ruptura de la linea de mando al imponer demandas directamente sobre oficiales con rango de mayores y coroneles. Pero los efectos negativos de la microgerencia presidencial también se encuentran en otros campos:  en diferentes oportunidades las metodologías y las cifras oficiales han sido modificadas (Dane, DNP, Hacienda) con el propósito de satisfacer las expectativas presidenciales. En ambos casos el resultado neto ha consistido en la perdida de credibilidad de las instituciones y en su propio debilitamiento.

La estrategia conocida como "campaña permanente" tiene unas pretensiones que desafían la cultura política colombiana y sobredimensionan las capacidades del marketing político en un entorno tan conflictivo como el colombiano. Si bien dicha estrategia ha resultado relativamente útil para mantener alejado al presidente del foco de los problemas (el famoso "efecto teflón"), ha sido inevitable que la imagen del presidente resulte afectada después de cuatro años de gobierno, una campaña de reelección y la acumulación de problemas en la política de seguridad, en tanto política bandera del gobierno.

Las semanas posteriores al 7 de agosto de 2006 debieron servir para hacer balances y ajustar las metas. Pero hasta la fecha el gobierno ha sido incapaz de romper la inercia de la campaña, e incluso ha perdido la iniciativa. El gobierno asumió mecánicamente que las estrategias que habían funcionado durante cuatro años para mantener una elevada popularidad del presidente, continuarían sirviendo al menos durante cuatro años más. Pero no se ha tomado el trabajo de evaluar las fortalezas y debilidades de sus propias estrategias, así como los cambios que se han producido en el entorno político nacional e internacional. En síntesis, la reelección presidencial no ha fortalecido sino que ha debilitado el modelo Uribe.

Pero además de una naciente crisis en el modelo de gestión presidencial, Uribe no ha sido capaz de ajustarse a los cambios en el régimen político introducidos por la reforma política de 2003.

Cambios en el régimen político generados por la reforma política. Juan Fernando Londoño en Semana.com atribuye los dolores de cabeza que tiene el gobierno hoy a esta causa: "Cuando el presidente Uribe llegó al poder en 2002 lo hizo no sólo con gran apoyo popular, sino con un Congreso débil y con partidos desarticulados. La reforma política de 2003, tramitada a pesar del gobierno, cambió dichas condiciones y ha obligado al Presidente a entenderse con organizaciones políticas con agenda propia. Mientras en 2002 el Presidente distribuyó los principales cargos entre sus amigos y dejó las migajas de la burocracia para los parlamentarios, en 2006 los partidos llegaron con listas únicas y bancadas funcionando con lo cual el menudeo ha resultado casi impracticable". De allí surgen los problemas de gobernabilidad que enfrenta el gobierno, según Londoño.

Crisis internacional del modelo de guerra contra el terrorismo. En la medida en que el modelo impuesto por la administración Bush al resto del mundo está haciendo crisis, su naufragio arrastra consigo a quienes se alinearon incondicionalmente con esa visión. En el modelo Uribe la política de seguridad predomina sobre las demás políticas públicas, como una proyección de la doctrina Bush de seguridad.  El presidente colombiano supo hábilmente interpretar los eventos del 11 de septiembre de 2001 en beneficio de su propia agenda, con lo cual la dotó de mayor legitimidad internacional y aseguró el respaldo prácticamente incondicional de los Estados Unidos. Colombia fue uno de los pocos países que apoyo la invasión de Irak. Sin duda, los propios excesos de los Estados Unidos en Irak —los crímenes de guerra— le restaron legitimidad a la guerra contra el terrorismo y han hecho que la comunidad internacional comience a mirar con otros ojos los objetivos y métodos de la nueva cruzada.

El entorno internacional favorable con que contó Uribe para impulsar su política de seguridad durante su anterior periodo se ha modificado drásticamente. Si a ello sumamos las debilidades internas de la política encontramos que las condiciones para su sostenimiento como centro de gravedad del modelo Uribe se encuentran en entredicho. 

El punto de equilibrio del gobierno durante los cuatro años anteriores estuvo centrado en la política de seguridad, pero en ausencia de dicho punto al iniciar su segundo periodo, el gobierno se encuentra en riesgo de caer al abismo, a menos que en un gesto de pragmatismo decida cambiar completamente el discurso de guerra por uno de paz. En un post anterior ya manifestamos nuestras reservas por lo que sería una negociación surgida de la debilidad y la conveniencia coyuntural, y no de la convicción.

Los riesgos. La pregunta obligada ahora es: cuáles son los riesgos que corre el país ante la crisis del modelo Uribe? Son tres.

  1. Que el presidente sucumba a la tentación autoritaria (algunos dirían: "tentación más autoritaria").
  2. Que el presidente decida iniciar una  negociación con las Farc, sin auténtica voluntad de paz, con el fin exclusivo de cambiar de agenda.
  3. Que el presidente decida cargar nuevamente la "caja de herramientas" y seguir administrando los problemas, caso por caso.

Imagen: http://www.dentranch.com/index45.html


 

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