Entre la Guerra y la Paz III
El gobierno ha comenzado a mover algunas fichas
con el objeto de reforzar su política de seguridad, al tiempo que continúa administrando los problemas provenientes del
proceso de sometimiento a la justicia de las AUC e intenta tímidamente aproximarse a una
agenda de paz con las FARC. Las decisiones que el
presidente viene tomando en este campo complementan los movimientos que ha
hecho en los otros dos durante las últimas semanas.
El gobierno ha expresado su voluntad de alcanzar un Acuerdo Humanitario
con las FARC, bien sea por los efectos de la cadena de escándalos sobre la imagen presidencial, porque las encuestas comienzan a registrar un
cambio en las preferencias de la opinión pública que ahora comienza a
deslizarse nuevamente hacia una salida política del conflicto armado o por una
voluntad sincera de aliviar la situación de los secuestrado en poder de las
FARC. Sin embargo, la voluntad del gobierno se ha expresado de forma ambigua, tal vez en consonancia con la preocupación que presentó el Presidente el día de su posesión al sugerir las
contradicciones que encontraba entre la búsqueda de un acercamiento con las
FARC y su política de seguridad. De manera que para la Administración Uribe el reforzamiento
de la política de seguridad es un complemento de cualquier iniciativa en el campo de la paz; como dos caras de una misma
moneda. Para el Presidente colombiano la continuidad de la "seguridad democrática" —no su ausencia— conducirá a la paz. Ese es el dilema del momento.
La
situación actual en el campo de la política de seguridad está determinada por
los ajustes que está planeando introducir el gobierno a través del Ministro de
Defensa Juan Manuel Santos. Ajustes que
responden a factores coyunturales, como los escándalos anteriormente
mencionados, y sin duda también a factores más estructurales como pueden ser
los de tipo presupuestal, operativo y logístico.
- La consolidación de áreas rurales y reubicación de tropas en
puntos estratégicos del Plan Patriota (fortaleciendo además a la Fuerza de
Tarea Omega).
- La reforma de la Justicia Penal Militar.
- Mayor capacitación en
derechos humanos, mejor selección del personal de inteligencia y reforzamiento
del área de contrainteligencia.
- Reingeniería en las escuelas de formación de oficiales, suboficiales, soldados y policías (www.eltiempo.com 10/7/06).
Aunque los voceros del gobierno no mencionan este tema en público, es claro que poco avanzará si no encuentra, además, la manera de reducir la desconfianza creciente entre el Ejército y la Policía Nacional.
Las críticas a la iniciativa del Ministro se centran en que no parece serio improvisar unas reformas para reaccionar ante una crisis que tiene su origen en causas diferentes a las que se pretenden atacar (www.elnuevosiglo.com.co 10/12/06)
No es menos
importante la estrategia política del gobierno para neutralizar el desprestigio
de las Fuerzas Militares, particularmente a raíz de las acusaciones sobre los
falsos “positivos”. Primero se empleó directamente el presidente de la
República a través del Consejo de Seguridad que se reunió los días 9 y 10 de
septiembre de 2006, en donde asumió prácticamente funciones de policía
judicial, transfirió la responsabilidad a los medios de comunicación por la
filtración de la noticia, evadió la responsabilidad política convirtiendo el
caso en uno de competencia de la justicia, minimizó la importancia de las
denuncias y fabricó las conclusiones del caso.
Posteriormente, los días 11 y 12
de septiembre proyectó idénticos mensajes a la opinión pública a través de una
bien planeada ofensiva de medios. Coincidencialmente, a los pocos días explotó
la crisis en la Fiscalía General de la Nación, por cuenta de la presencia de un mentalista en sus altas esferas, y a principios de octubre el gobierno
expresó su deseo de realizar el Acuerdo Humanitario.
Según informa eltiempo.com: “En un documento de 19 páginas, el Ministerio Público dice que hay evidencias de que los atentados frustrados entre julio y agosto pasados sí serían montajes…Además, considera que los oficiales pudieron haber cometido faltas disciplinarias “gravísimas”. Y añade que esas faltas podrían estar relacionadas con delitos como terrorismo, porte de explosivos y concierto para delinquir” (www.eltiempo.com 10/12/06).
El Peso de la Carrera Política del Ministro
Finalmente,
no deben subestimarse las implicaciones que pueden tener sobre la política de
seguridad las aspiraciones políticas del Ministro de Defensa. Juan Manuel Santos llegó a una cartera que desde 1991 se ha manejado más con
criterio gerencial que como un escalón más en las ambiciones personales del
ministro de turno (con la excepción notoria de Fernando Botero).
El Ministro percibe que debe proyectar una
imagen de mando, cuando tiene a un general en la Casa de Nariño y a unos veinte
generales en el mando de la tropa. Un ejemplo de ello fue la salida en falso en
que puso al general Mario Montoya a raíz de las denuncias sobre los falsos
atentados. Durante su corta estadía en el Ministerio ha puesto bajo la mira de la opinión y de la oposición en el Congreso a las Fuerzas Militares, e
indirectamente a la política de seguridad del gobierno y a la figura del
presidente. Está demasiado preocupado por
sacar adelante su propia agenda política, como se puso en evidencia durante el debate al que
fue convocado esta misma semana en el Congreso.
Mucho se especula sobre el fracaso del Plan Colombia y el Plan Patriota, pero las cifras oficiales sobre sus resultados continúan ocultas; en tales circunstancias, un buen indicador de los resultados de la política de seguridad es el producto que arroje el actual pulso que llevan a cabo el gobierno y las FARC. De esa manera se despejará el horizonte en materia de seguridad, al menos para los próximos cuatro años.










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