Pastrana a la Ofensiva

Resultan  un bocado muy apetitoso las declaraciones del ex-Presidente de Colombia Andrés Pastrana con respecto al sometimiento a la justicia de los jefes paramilitares, expresadas el día de ayer con motivo del lanzamiento de su libro "La palabra bajo fuego" en Madrid, España. Dijo Pastrana: 

La diferencia de Ralito y el Caguán reside en que en el primero no se conocieron las conversaciones pero se pactó, mientras en el Caguán la agenda y las discusiones eran de cara al país pero se rompieron las conversaciones.  No hubo acuerdo, ni pacto, ni concesiones posteriores.

Y agregó:

El proceso con quienes se han marcado y enmarcado en la criminalidad sin un estatus político se ha hecho sin que hasta ahora el país conozca los acuerdos pactados, sus resultados como las salchichas son muy apetitosas para algunos y como las salchichas, nadie se atreven a preguntar que tienen por dentro.

Pastrana también puso en duda el cese al fuego de los paramilitares y pidió que el gobierno revele los acuerdos pactados o al menos las actas de las negociaciones. Pastrana puso el dedo en la llaga.

El ex-presidente conservador está casando una apuesta alta y lo está haciendo con un gran sentido de la oportunidad. Por supuesto que sus afirmaciones son ciertas, como vienen denunciándolo muchos analistas prácticamente desde las primeras desmovilizaciones paramilitares y como lo denuncia el día de hoy con gran despliegue el Washington Post con el sugestivo título En Colombia, un desarme dudoso.

Claro, un porcentaje creciente de colombianos ha venido descubriendo con el paso del tiempo que esas denuncias no eran infundadas y que lo que al principio se presentó como un costo que debía asumir el país en el camino "hacia la paz", en realidad no era otra cosa que un conejo de tamaño monumental. Aún así, sería vano desconocer que Pasatrana asumió la Embajada en Washington y se retiró sólamente por desaveniencias —las de siempre— con su antagonista Ernesto Samper. No lo hizo por el aberrante sometimiento a la justicia de los paramilitares. Pastrana se asoció con Uribe en un matrimonio por conveniencia que finalmente se rompió por incompatibilidad de intereses.

Pero eran otros tiempos. Eran los tiempos en que había que estar cerca del rey sol, para recibir los beneficios de su luminosidad y calor. Como lo hicieron muchísimos políticos profesionales de todos los pelambres y colores. Los mismos que lentamente han comenzado a deslizarse del bus y que lo harán de forma masiva en el momento en que sean aún más evidentes las fracturas en los cimientos del proyecto uribista.  

Pastrana sale ahora a comparar el Caguán con Ralito. Se plantó. Puso la cara, destapó sus cartas y recogió un sentimiento generalizado sobre lo ocurrido en Ralito y sobre sus consecuencias. Pastrana puede creer que ya es muy tarde para que el gobierno salga con el espejo retrovisor a criticar nuevamente las conversaciones del Caguán y que es el momento para aprovechar el naciente desprestigio del gobierno para reencaucharse. Pero también tiene que saber que el gobierno solo puede reaccionar de dos formas posibles: sale a recordarle al país las condiciones en que Uribe fue electo en 2002 y/o sale a defender los que considera logros en el proceso con los paramilitares.

Lo que quiere decir que durante los próximos días vendrá una nueva ofensiva de medios del gobierno sobre estos temas, con lo cual el gobierno entra, una vez más, a defender lo indefendible y con ello a  seguir cavando un enorme hueco a su alrededor. Se comerá este sapo? Amanecerá y veremos, pero pareciera que no tiene otra opción que seguir defendiendo los acuerdos espurios con los paramilitares.

Las denuncias que hace Pastrana vienen tomando más fuerza en la medida en que el modelo Uribe muestra de una forma evidente sus debilidades. El problema está en que la trayectoria del conejo paramilitar se comenzó a cruzar con la trayectoria que comienza a delinearse por el lado de un proceso con las FARC. Esto significa que el país se encuentra frente a la disyuntiva de asumir un juicio político por los errores de Ralito o seguir adelante con el tema del Acuerdo Humanitario y lo que puede derivarse de allí.  La opinión no aguanta un desarrollo serio de los dos temas simultáneamente.  Y esto deben saberlo tanto el gobierno como la oposición. El gobierno no va a permitir que el proceso con los paramilitares explote; se podrá seguir degradando, pero no se romperá. Como no renunciará a los postulados esenciales de su política de "seguridad democrática".

A menos que, definitivamente, el Acuerdo Humanitario termine siendo un subproducto del debilitamiento del modelo Uribe.

Los políticos profesionales se dividen en dos: los que tienen sentido de la oportunidad y los que no lo tienen.  A los segundos se les llama inoportunos cuando entran en la escena en el momento menos adecuado, u oportunistas, cuando de una forma evidente buscan "sacar tajada" de una situación que se ofrece como ventajosa. A los primeros, se les suele llamar simplemente "oportunos", como cuando alguno llega con una solución inteligente o al menos novedosa frente a un problema recurrente; es decir cuando aparece con una receta que parece correcta en el momento que parece apropiado. En Colombia, como sabemos todos los colombianos por experiencia propia, abundan mucho más los segundos que los primeros. A cuál de las dos categorías pertenece Pastrana?

 

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