La Corrupción Sigue Viva en Colombia

La corrupción en Colombia no muestra signos de mejoría y, al contrario, tiende a empeorar. Lo anterior se desprende del último informe de Transparencia Internacional, donde se dice:

Colombia obtuvo 3,9/10 en el Índice de Percepción de de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional. El resultado, si bien es ligeramente inferior al del año pasado -4/10-,  pone fin a un periodo de cuatro años consecutivos donde se había mejorado progresivamente en la calificación.

Entre 163 países evaluados, Colombia obtuvo el puesto 59 y conservó el quinto lugar en América Latina. Por su parte, el promedio de la calificación en esta región descendió: pasó de 3,5/10 en 2005 a 3,4/10 en 2006. Brasil y Cuba fueron los países que más bajaron su puntuación. 

En general, los resultados del IPC 2006 denotan  una fuerte correlación entre corrupción y pobreza. Casi tres cuartas partes de los países evaluados, incluidos todos los países con ingresos bajos, tienen una puntuación inferior a cinco.

Así mismo, cerca de la mitad de los países calificados se sitúan por debajo del tres, lo que indica que la corrupción se percibe como una realidad que afecta a todas las esferas del mundo. Haití presenta la puntuación más baja con 1,8/10; mientras que Finlandia, Islandia y Nueva Zelanda comparten la puntuación más alta con 9,6.


El informe de Transparencia sirve para poner en perspectiva el fenomeno de la corrupción, pero al mismo tiempo tiende a mostrar una faceta un poco técnica del mismo. La corrupción es de carne y hueso, es un problema del día de hoy y es una fuente de desangre de las finanzas públicas en un país donde a diario se siguen cerrando hospitales por falta de recursos, donde existen más de dos millones de desplazados por la violencia y donde alrededor de la mitad de la población vive en la pobreza (utilizamos esta aproximación porque las cifras oficiales sobre pobreza se encuentran en entredicho).

Un ejemplo de la corrupción galopante se registra el día de hoy en el diario El Tiempo, a propósito del desgreño administrativo en la Dirección Nacional de Estupefacientes, el organismo gubernamental encargado de administrar los bienes incautados al narcotráfico. Algunas cifras presentadas en la nota periodística nos dejan ver la magnitud de la corrupción y el despilfarro:

  • Se desconoce la situación jurídica de 3.505 bienes rurales, a los que no se les ha hecho auditoría.
  • Se desconoce el paradero de 7.108 vehículos y de 468 embarcaciones incautadas.
  • De los 72.821 registros de bienes que tiene la DNE en su sistema (dato que es incierto), 1.000 son irrecuperables por su deterioro físico y por sus problemas jurídicos.
Por otra parte, la revista Cambio de esta misma semana se pregunta sobre la validez de las denuncias del senador Élmer Arenas sobre la corrupción en la Policía Nacional, que involucraría a su propio Director, el general Jorge Castro.

La revista Semana, mientras tanto, denuncia que el país está pagando más de 500.000 millones de pesos por cuenta de ordenes judiciales irrregulares relacionadas con la Caja Nacional de Previsión Social (CAJANAL). La revista dice que "[esta] suma, es cinco veces el dinero que el gobierno va a destinar el próximo año para el salvamento de hospitales públicos".

Se trata solamente de tres casos, sacados un poco al azar de los medios de comunicación, pero que ilustran que este es un problema con el que lamentablemente nos hemos acostumbrado a convivir.

El país observa con indiferencia cómo la corrupción crece a diario, sin que hasta la fecha haya llegado un gobierno decidido a enfrentarla. Claro, se dice en voz baja, porque en un país con tantos y tan graves problemas, existe la percepción de que este es un mal menor. La corrupción es eclipsada por la violencia y la criminalidad, especialmente el narcotráfico, y por la pobreza y la desigualdad. Mientras tanto los delincuentes de cuello blanco sentados en las grandes empresas públicas y privadas continúan aprovechando el desorden para amasar espurias fortunas personales.

Lo que no se menciona normalmente es que la corrupción en Colombia, más que un problema del ámbito del código penal, se ha convertido en el lubricante que facilita el movimiento de los engranajes de la política y los negocios. Para algunos (muchos?) políticos y empresarios del país, la corrupción es un elemento consustancial a sus actividades cotidianas.

El informe de Transparencia sugiere que existe una relación entre corrupción y pobreza, aunque se cuida de velar el tipo causalidad. Lo que se debe decir es que la corrupción profundiza la pobreza y la desigualdad, y socava la base ética de las sociedades donde se enquista.

Si además, como es el caso de Colombia, la corrupción opera en medio de una sociedad que le rinde culto al enriquecimiento rápido y sin esfuerzo, propio de la cultura del narcotráfico, entonces nos encontramos frente a un problema que refuerza el orden imperante y beneficia a sectores de la sociedad tradicionalmente privilegiados. Tal vez allí esté la razón para que no exista voluntad política para enfrentar la corrupción.

 

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  • 8/14/2009 Andrea Pineda wrote:
    Cree usted que un medio de divulgación, no de difamación basado en la prensa y procesos reales que liste a políticos y sus "escándalos" sería útil para el país?. He estado pensando en un proyecto de ese tipo a través de una red social como facebook con supervisión estricta, por supuesto, para que no se convierta en difamatorio. Un mapa de corrupción, una lista negra. Ni siquiera sé que sea legal esto. Me gustaría conocer su opinión.
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    1. 8/14/2009 Editor Colombia Hoy wrote:
      Andrea, no veo porque pueda ser ilegal.  Sería conveniente cuidar la terminología y citar la fuente, para no exponerse a demandas. En un país con una memoria tan pobre, creo que ese sería un proyecto conveniente.

      Saludos.

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