Alcances de la Crisis Política en Colombia
Hemos dicho que la crisis política que está comenzando en Colombia tiene alcances insospechados. Pero para que aclaremos un poco de que estamos hablando, y para inquietar un poco a nuestros lectores nacionales e internacionales, queremos analizar las implicaciones de la situación por la que atraviesa Colombia.
Los Parámetros de la Crisis
En primer lugar vale la pena aclarar que la
crisis no se produce por la decisión de la Corte Suprema de Justicia de ordenar
la detención de tres congresistas de la alianza uribista. La decisión de la
Corte equivale a la formalidad jurídica mediante la cual se ha manifestado la
voluntad de los altos jueces de detener el maridaje entre representación
política y paramilitarismo. La crisis
tiene su origen en la generalización de dicha relación y en su oficialización
mediante unos beneficios de tipo jurídico otorgados al amparo de una
negociación entre el alto gobierno y los líderes paramilitares. Puede parecer
una sutileza, pero se trata de una interpretación que conduce a diferentes
consecuencias desde el punto de vista histórico, político y jurídico.
Por tal razón, en última instancia lo que ha
hecho crisis es el modelo
Uribe, su forma de gobernar y uno de sus proyectos bandera, como es la
desmovilización paramilitar. Porque aunque los detenidos por orden de la Corte
son tres congresistas, a lo que apunta su investigación es a romper la
simbiosis entre poder político y poder paramilitar.
Se trata de una crisis porque marca un punto de
no retorno y en tal sentido implica un cambio de dirección tanto en las
relaciones entre paramilitarismo y gobierno-congreso, como en una política
pública esencial para el gobierno como es la desmovilización paramilitar,
erróneamente llamada “proceso de paz”.
Alcances de la Crisis
En segundo término vale la pena discutir cuáles
son los alcances potenciales de la crisis. Ahí encontramos dos escenarios. Por
una parte, uno en el que la Corte decide hacer una “operación quirúrgica”,
entendiendo por ello una acción judicial limitada a casos protuberantes con un
claro propósito ejemplarizante. En este caso tendríamos una crisis de corta
duración, con pocos implicados, con un impacto también limitado sobre la
actividad parlamentaria y gubernamental; y donde la imagen internacional del
país no se vería comprometida desde el punto de vista diplomático o económico.
En el otro escenario factible, la crisis
generaría un mayor impacto sobre las instituciones y sobre la sociedad
colombianas. En este caso, la Corte decidiría investigar y sancionar los
vínculos entre el poder político y paramilitar a nivel nacional, es decir
cubriendo otras regiones del país además de la región Caribe. Las acciones de la Corte involucrarían un
porcentaje significativo del Congreso (10% a 20% de los congresistas) y
estarían respaldadas y coordinadas con acciones similares de parte de la
Fiscalía y la Procuraduría, en lo que atañe a funcionarios públicos que se encuentren
por fuera de la competencia de la Corte. El punto de referencia para este
escenario se encontraría en las declaraciones del propio Fiscal y el Ministro
del Interior, cuando han dicho que las decisiones de la Corte tienen un alcance
mayor que el proceso 8.000.
Consecuencias Probables de la Crisis
En tercer lugar vale la pena medir las posibles
consecuencias de la crisis, especialmente las que se relacionan con el segundo
escenario mencionado anteriormente.
En el orden interno, el primer damnificado de
la crisis sería el Congreso y su credibilidad. De la mano de su
credibilidad se afectaría la legitimidad de la democracia colombiana en su
conjunto, en tanto órgano representativo y poder político. En un plano más
inmediato observaríamos una reducción de su capacidad legislativa, con lo que
se bloquearía o reduciría la capacidad de generación de leyes y reformas.
Reformas que continúan pendientes en la agenda legislativa como la tributaria y
la judicial, quedarían pospuestas por término indefinido o, cuanto menos, la
capacidad del debate político se vería disminuida. Igual podría ocurrir con el debate sobre el Tratado de Libre
Comercio con los Estados Unidos.
El segundo damnificado sería el gobierno,
especialmente si un porcentaje mayoritario de los acusados corresponde a
miembros de la coalición uribista. Su propia legitimidad se vería amenazada, y
con ella la credibilidad del presidente de la república. No se puede descartar que en medio de las
diligencias judiciales resulte salpicado algún alto funcionario del gobierno y,
eventualmente, el propio presidente. La
investigación sobre el ex Director del DAS apunta hacia el entorno cercano al
presidente. Finalmente, bien por las investigaciones sobre los congresistas o
sobre miembros del gobierno, la capacidad del gobierno para impulsar su agenda
legislativa también se podría ver afectada por la crisis. Dependiendo de la profundidad de la crisis,
también podría verse reducida la capacidad de gestión del gobierno,
particularmente en áreas como la propia política de seguridad, la política
social y la política exterior.
La ya debilitada alianza de gobierno
podría explotar en mil pedazos. Algunos barones electorales podrán acompañar al
gobierno hasta el final para saciarse de los privilegios que este podría
entregar en medio de su debilidad. Pero la mayoría comenzaría a deslizarse
lentamente en la medida que la crisis se profundice. Ya se sabe que Vargas
Lleras ha dado muestras de un pragmatismo político que raya en el oportunismo.
Sabemos que los dos Santos están atornillados al gobierno, tal vez —en ese
escenario— con la esperanza secreta de que la fruta madura caiga en sus manos
sin mayores contratiempos.
Asistiríamos a un fortalecimiento de la Corte
Suprema de Justicia. Naturalmente,
si en algún momento predomina el “tapen, tapen”, el principal damnificado sería
el sistema judicial en su conjunto.
Una breve mención sobre el proceso 8.000. En esa oportunidad la Fiscalía llevó la voz cantante y sin duda sus actuaciones condujeron a una purga dentro de la clase política. Como vemos 10 años después, el Congreso no quedó blindado contra la penetración de las organizaciones criminales. Es probable que en ello influyera el hecho de que aquel proceso giró en torno a la infiltración del Cartel de Cali en la política, pero los vestigios del Cartel de Medellín, para ese momento recientemente derrotado, no fueron tocados. Y fueron justamente ellos quienes se fortalecieron a raíz de los servicios prestados por los Pepes al establecimiento y su posterior transmutación en organizaciones paramilitares de segunda generación (la primera habría sido la liderada por Fidel Castaño). De manera que es bueno que recordemos que el proceso 8.000 tuvo un alcance limitado e incompleto.
Si la Corte hace su trabajo sin sufrir zancadillas
de parte del gobierno (¿alguien cree que esto sea posible?) se abriría una
oportunidad de oro para la izquierda democrática, que encontraría una
vía pavimentada hacía el palacio presidencial construida con el desprestigio y
desgaste en que entraría este gobierno. Otro tema muy diferente sería el de las
relaciones y contradicciones entre el Polo y el Partido Liberal, y al interior
de cada uno de ellos. ¿Les parece que es muy prematuro para hablar de las
elecciones del 2010? Que tal si recordamos que este gobierno se encuentra en
una crisis de alcance nacional y hace pocos días cumplió apenas sus primeros
cien días.
En el segundo escenario los empresarios
colombianos deberían comenzar a pensar seriamente en las consecuencias que la
crisis podría tener sobre sus negocios, especialmente si a ellos se suman dos
factores netamente económicos como son la posibilidad de que se produzca una
devaluación, que viene siendo contenida por muchos meses, y la posibilidad de
que se produzca una desaceleración en la economía mundial, como se pronostica
para el 2007. Aún sin factores económicos independientes, es probable que la
sola crisis política esté en condiciones de afectar el desempeño general de la
economía.
Los inversionistas extranjeros miran con
cautela el desarrollo de los eventos políticos en Colombia. La firma del TLC
les brinda optimismo, pero los titulares de la prensa colombiana –o mejor , la
realidad que ellos registran—mina la confianza en el socio colombiano y en la
estabilidad de sus instituciones. Este es un factor que ya deberían estar
evaluando seriamente quienes toman las decisiones económicas en el alto
gobierno, para mitigar los efectos económicos de la parapolítica.
Las agencias de cooperación internacional
y elementos de la comunidad internacional como Naciones Unidas y organizaciones
políticas regionales y hemisféricas son otro grupo que debe estar preocupado
con los acontecimientos de Colombia. Con gran esfuerzo el gobierno colombiano
ha venido sumando apoyos al proceso de desmovilización paramilitar; un proceso
que al principio no tuvo ninguna acogida internacional, pero cuyas perspectivas
fueron abiertas en buena medida por César Gaviria desde su posición de
Secretario General de la OEA. Hoy son muchos los gobiernos extranjeros que están
apoyando los programas de reinserción o que al menos comenzaban a mirar con
ojos más bondadosos uno de los proyectos bandera de la administración Uribe.
Esas agencia deben estar revisando en este momento su participación en dicho
proceso.
La mayor paradoja de la crisis es que esta le
conviene en el mediano plazo al país pero no al gobierno. La profundidad de la
crisis y su impacto sobre la democracia colombiana será algo que decidirán los
magistrados de la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General de la
Nación. La crisis ofrece la gran
oportunidad de purgar el sistema político y blindarlo de una vez por todas
contra la infiltración criminal. Lo que está por verse es hasta donde llega la
independencia de poderes en Colombia.










Comments