Crisis Parapolítica es un Desafío para la Economía Colombiana
El panorama regional es de un optimismo moderado: para el 2007 se espera que las economías latinoamericanas crezcan cerca de un 4,2% que corresponde a una cifra por debajo del crecimiento del 5% que se registró en 2006; y que se profundice la desaceleración en la inversión extranjera.
Las proyecciones económicas de Colombia para el 2007 son positivas según la mayoría de las fuentes. Para Fedesarrollo la economía colombiana crecerá un 5,3% (creció alrededor de 7% en 2006), con el mayor dinamismo en el sector de la construcción.
Sin embargo, cuesta trabajo aceptar completamente las conclusiones del documento de Fedesarrollo "Una visión de mediano plazo para Colombia", de febrero 7 de 2007, donde se lee:
- "Nos espera un buen año.
- Aumentarán las tasas de interés y se moderará el crecimiento del consumo y la inversión.
- Estabilidad en los mercados financieros internacionales.
- Los principales riesgos están relacionados con el comercio exterior colombiano.
- No se prevén grandes problemas con la agenda económica en el Congreso".
Una interpretación sensata sobre el impacto económico de la crisis se encuentra en Portafolio, donde puede leerse:
La preocupación central tiene que ver con los problemas de tipo político que se han presentado en las últimas semanas y que pueden impactar la expectativa para hacer negocios en el país, aunque es claro que su efecto será gradual y solo en el mediano plazo se podrá medir toda la magnitud del asunto. (...)El impacto también tiene que ver con el mayor riesgo que se puede sentir en el exterior y que tendría consecuencias negativas sobre variables como la inversión privada y el turismo.
Una preocupación adicional para los agentes económicos radica en el efecto que el problema político tendrá sobre la actividad legislativa y en particular sobre el trámite de algunos proyectos importantes para la estabilidad fiscal como la reforma constitucional de transferencias del gobierno central a la regiones. [subrayado nuestro].
Este es un tema que nos ha preocupado en Colombia Hoy prácticamente desde que estalló la crisis. Les recomendamos leer algunos elementos que vertimos sobre este tema el 23 de noviembre cuando analizabamos los Alcances de la Crisis Parapolítica en Colombia.
Por eso nos identificamos con el enfoque que sostuvo Juan Mayr el 7 de diciembre de 2006 en la Revista Dinero:
Sin duda, el optimismo que muchos han pronosticado para 2007 con tasas de crecimiento cercanas o mayores al 6%, empieza a ensombrecerse ante las crecientes revelaciones sobre los nexos entre paras, políticos y altos funcionarios del gobierno.
He ahí la paradoja que enfrenta el país: cómo establecer la verdad, depurar la institucionalidad y mantener el buen desempeño de la economía. Pretender que estos tres factores se desarrollen simultáneamente es prácticamente imposible. Es el momento de actuar con cabeza fría y con visión de largo plazo. Por primera vez en mucho tiempo, se presenta una coyuntura singular para una profunda transformación y depuración de la institucionalidad del país. Ojalá nuestros dirigentes estén a la altura de las circunstancias y entiendan que para lograrlo es necesario hacer sacrificios pues, por encima de los intereses económicos, partidarios o individuales, está Colombia.Los hechos nos volvieron a recordar su tosudez el pasado 19 de febrero cuando comprobamos que la percepción del gobierno de los Estados Unidos sobre la crisis precipitó la salida de la ex Canciller María Consuelo Araújo y al mismo tiempo puso sobre el tapete la volatilidad que le imprime esa misma crisis al TLC y a los fondos del Plan Colombia (para el lector atento: en este momento no estamos discutiendo las bondades o perversidades del TLC o del Plan Colombia).
Lo anterior no es un obstáculo -más bien es un estímulo- para que los funcionarios del gobierno busquen a toda costa enviar señales positivas al mercado. Tal vez por esa razón el Viceministro de Comercio Exterior, Eduardo Muñoz, subestimó el 20 de febrero los efectos de la parapolítica sobre el TLC.
En primer lugar, el Gobierno tiene una línea muy clara sobre los paramilitares y sobre todos los grupos que operan al margen de la ley. Segundo, nuestra política exterior, en cuyo marco de referencia se mueve la política comercial, es de vieja data y también es conocida por todo el mundo. De manera que no debería haber un efecto negativo (...) Nuestra embajadora en Washington y nuestra oficina comercial tienen una interacción permanente con el representante comercial de los Estados Unidos, como la tienen con el Congreso, y sentimos que esa no es una preocupación.
Pero tal vez la preocupación sí existe. Como también los industriales y los empresarios, en general, están preocupados por sus negocios. O de que otra manera puede interpretarse la abrupta aparición en escena del principal directivo gremial del país?
Tal vez fue esa preocupación la que llevó el 22 de febrero al presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), Luis Carlos Villegas, a ayudarle al gobierno a calmar a los agentes económicos, cuando en tono de escudero presidencial dijo:
Cuando el presidente dice que esta sólo, yo creo que tiene el acompañamiento de la Nación pero no el suficiente acompañamiento de su gabinete. El gabinete se tiene que pellizcar en esta coyuntura. Aquí no tenemos una crisis sino una institucionalidad persiguiendo al crimen que necesita liderazgo político que no está exclusivamente en manos del presidente sino de sus ministros.Claro, Villegas dice que su salida no está motivada en las dudas que puedan existir sobre las instituciones colombianas en Washington, sino en la necesidad de blindar políticamente al gobierno, como se desprende de su entrevista en Semana, donde dice:
El TLC es un instrumento que el país no puede perder, ni que la política exterior de Estados Unidos puede ignorar. EL TLC hace parte de una relación bilateral. No es sólo comercio e inversión, sino también estabilidad política, seguridad, en el entorno del deterioro de un vecindario en el que Colombia se muestra como uno de los países más estables de América Latina. Vengo de Washington y allá tienen una visión mucho más positiva sobre nosotros, que nosotros mismos. Allá tienen un diagnóstico sobre una institucionalidad en funcionamiento. Lo que aquí dicen, empezando por los ilustres prelados de la Iglesia, es que atravesamos una crisis insoluble y ahí está la diferencia de óptica. Creo que en este trámite del TLC va a pesar más el resultado que se pueda esperar del proceso, que un fracaso de las instituciones.
Ahí nos encontramos en este momento.
Cómo alcanzar la depuración de la política colombiana sin que por el camino los negocios y la economía nacional se vayan al traste? Esa sigue siendo la pregunta del millón. Es una pregunta que lleva implícita una contradicción.
Qué se le podría responder a un empresario nacional o a un inversionista extranjero preocupado por el impacto de la crisis política sobre sus negocios? Sería irresponsable afirmarle que la economía y el clima de los negocios en Colombia son impermeables a la crisis. Así como podría generar pánico y desbandada general un análisis exclusivamente pesimista.
Brevemente: la parapolítica sí afectará la economía, pero la intensidad de su impacto estará determinada por la madurez de las instituciones colombianas para tramitar la crisis. Hay indicadores para medir ese riesgo? Sí, existen, y esa puede ser la materia de otra entrada.
Imagen: www.CartoonStock.com
http://fortress.uccb.ns.ca/DPW/DGate_1.htm
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Actualización, Marzo 2, 2007. Transcribimos la nota de Portafolio sobre este tema:
Prueba de fuego para la economíaPor estos días resulta recurrente, en almuerzos de trabajo, cocteles y en foros y seminarios, que los empresarios, los ejecutivos de las compañías y los analistas de los negocios, se pregunten por el riesgo de que el buen ritmo de crecimiento que lleva la economía colombiana vaya a terminar afectado como consecuencia del escándalo de la 'parapolítica'. El hecho mismo contiene una buena noticia: después de décadas de dar por sentado que la economía podía ir bien aunque el país fuera mal, por fin la clase empresarial comprendió que sólo un entorno político y social saludable puede garantizar el crecimiento elevado y sostenido.
La mala noticia viene por otro lado. Son muchos, muchísimos los empresarios que creen, y que nos lo dicen a los responsables de los medios de comunicación con bastante frecuencia, que no le echemos más leña a la hoguera con este tema de la 'parapolítica', que dejemos así, como dice Andrés López, en Pelota de letras. La sugerencia de que no toreemos más a los fantasmas de la infiltración de los paramilitares en la política y en otras actividades de la vida nacional, es una nueva e inaceptable invitación al tapen-tapen que ya hemos rechazado en estas páginas.
Pero más allá de este punto, la pregunta sobre el riesgo de deterioro de la economía por cuenta de la crisis política que puede derivarse del escándalo 'parapolítico' debe ser respondida de manera afirmativa. Sí, en efecto, la economía puede terminar afectada. Pero no porque las investigaciones periodísticas y judiciales se profundicen y destapen verdades tan crudas como necesarias. No. El asunto es diferente: la economía puede salir afectada si el escándalo crece y crece como bola de nieve, pero los hechos revelados no encuentran en el terreno judicial una solución integral que permita distinguir la verdad demostrable de los chismes y consejas, ni conducen al castigo de los responsables y, además, a una limpieza a fondo de las costumbres políticas. Dicho de otro modo, la economía en particular y el país en general pueden salir maltrechos si toda la clase política -e incluso una parte de la empresarial queda cubierta por la sombra de la duda y la Justicia es incapaz de operar en lo esencial: condenar a los culpables y exonerar a los inocentes.
Pero no se trata sólo de que la Justicia funcione. Se trata de que el conjunto de las instituciones lo haga. Aún si un número significativo de dirigentes 'parapolíticos' termina condenado, todo habrá sido en vano si el Gobierno y los partidos políticos no sacan adelante, con un alto grado de consenso, una reforma que blinde al sistema político de futuras interferencias mafiosas. La propuesta para que los partidos pierdan las curules de los dirigentes que resulten responsables de estas prácticas, como un costo que deban pagar por haberles permitido llegar a sus listas y arrastrar a su favor un caudal ilegítimo de votos, es una de las fórmulas para vacunar a la democracia hacia el futuro. Hay otras, como la financiación estatal de las campañas y la anulación de las elecciones cuando un sólo candidato esté en juego o resulte evidente la falta de garantías como resultado de la presión económica o armada de las mafias, lo que incluye carteles, paramilitares y guerrilla, pero también organizaciones delincuenciales dedicadas al saqueo de la salud, la vivienda social, el recaudo de impuestos y otras actividades.
Si la Justicia opera, si el Ejecutivo y el Legislativo hacen la tarea de instalar los diques antimafia, y si además el proceso de desmonte de los paramilitares concluye con razonable éxito judicial, y hay importantes logros en el terreno de la verdad y la reparación a las víctimas, por muy hondo que llegue el escándalo, la economía saldrá indemne e incluso fortalecida. Si aprovechamos el terremoto para rediseñar y reconstruir con estructuras más sólidas, no sólo la economía sino el país como un todo saldrán ganando.
Si las instituciones funcionan y, por cuenta de las reformas, terminan blindadas contra la venenosa injerencia mafiosa, el ritmo de crecimiento económico se sostendrá por un buen rato y el beneficio de la época de vacas gordas resultará mayor y mucho más duradero. Si no, si ocurre lo contrario, la economía saldrá golpeada y el país perderá una oportunidad excepcional de cortar de raíz un mal que, de ese modo, reaparecerá periódicamente y cada vez con mayor capacidad de daño.
(Tomado de Portafolio)




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