Aunque reelegido en el 2006 y con altos niveles de popularidad según las encuestas, el márgen de gobernabilidad del presidente Álvaro Uribe se ha visto afectado por cuenta del destape de los nexos entre el narco-paramilitarismo y miembros de su bancada en el Congreso. La crisis parapolítica se encuentra en pleno desarrollo y aún es incierto hasta donde llegarán las investigaciones de la Corte Suprema de Justicia.
La economía colombiana tuvo un crecimiento de alrededor de 7% en el 2006 y se espera un crecimiento superior al 5% durante el 2007. Sin embargo es incierto cual será el impacto de la parapolítica y la inestabilidad de los mercados internacionales sobre la economía nacional.
Los empresarios buscan por todos los medios que se limiten los alcances de las investigaciones judiciales para limitar su impacto sobre la confianza de los inversionistas y sobre la estabilidad económica, pero por otro lado un sector de la oposición, de la prensa y del sistema judicial ha declarado que pretende llevar el desatape hasta sus últimas consecuencias. La gobernabilidad y la propia estabilidad en otros frentes se encuentra en una encrucijada.
Para el gobierno americano, el destape de la parapolítica es un resultado de la política de seguridad del presidente Uribe, a quien respalda casi incondicionalmente según las informaciones de prensa. Dicho respaldo quita los nubarrones que algunos anunciaban en la relación bilateral por cuenta del escándalo en Colombia. Pero lo que no se puede olvidar es que una cosa es la percepción del presidente Bush y otra muy diferente la que pueden tener otros actores políticos influyentes como los congresistas demócratas, la prensa y las ONGs.
La Agenda Bilateral...
Durante los últimos cinco años, las relaciones bilaterales han girado en torno a tres temas principales:
- Comercio e Inversión
- Lucha contra el Narcotráfico
- Conflicto armado interno
En
el campo comercial, la administración Bush prorrogó en el 2002 y en el 2006 las
preferencias arancelarias de las que se benefician las exportaciones
colombianas por cuenta del ATPDEA; se inició y concluyó la
negociación de un Tratado de Libre Comercio; y aumentó la inversión norteamericana en Colombia,
especialmente en el área de hidrocarburos.
En Colombia la discusión del TLC en el Congreso no debería tener mayores problemas dada la mayoría que ostenta la bancada del gobierno, aunque sus divisiones internas y los efectos de la parapolítica sobre el funcionamiento del Congreso se han convertido en una amenaza para su aprobación. En
los Estados Unidos su aprobación se encuentra en dificultades como lo ha reconocido el propio Bush y la embajadora colombiana Carolina Barco.
En la llamada “lucha contra el narcotráfico”, el gobierno colombiano continuó aplicando la receta norteamericana, que consiste en “atacar el narcotráfico en la fuente”, lo cual se ha materializado en una campaña intensa, sostenida y relativamente inútil de erradicación de cultivos; en una política de puertas abiertas en materia de interdicción marítima y aérea; y en un aumento significativo en la extradición de colombianos (la administración Uribe declara orgullosamente que ha extraditado el mayor número de ciudadanos colombianos –más de 400— en toda la historia).
Los Estados Unidos
seguirán exigiendo a Colombia resultados positivos en la erradicación de cultivos ilícitos. También
seguirán exigiendo la extradición de ciudadanos colombianos, y el
gobierno colombiano seguirá entregándolos, a menos que el siempre
espinoso tema se lleve a reforma constitucional, como periódicamente se rumora en los pasillos del Congreso colombiano.
Los norteamericanos hasta la fecha han tolerado el proceso de desmovilización de los jefes
paramilitares y continúan dándole un compás de espera a la aplicación de la Ley de Justicia y Paz. Se han mantenido al márgen en el tema del acuerdo humanitario, aunque recientemente han dado muestras de inclinarse más por esta solución que por un rescate por la vía militar, probablemente como resultado de las presiones internas de los familiares de los contratistas americanos secuestrados y las ONGs de derechos humanos.
Siguen apoyando el Plan Colombia, aunque han disminuido el porcentaje de su ayuda como resultado de su visión de que el gobierno colombiano debe hacer un mayor esfuerzo en ese campo. La teoría es que ahora que la economía colombiana está pasando por un buen momento, los colombianos deben incrementar su propio esfuerzo.
En el terreno del conflicto armado la administración Bush apoyó políticamente y financió el Plan Patriota; consiguió la extradición de comandantes guerrilleros de nivel medio (Ricardo Ovidio Palmera y Nayibe Rojas); y apoyó la negociación entre el gobierno colombiano y las AUC (dejando además en suspenso las solicitudes de extradición que pesan sobre algunos de sus jefes).
El juzgamiento por parte de los Estados Unidos de los mandos de las FARC hace suponer que desde el punto de vista de la seguridad, la escala de Bush en Bogotá es la más riesgosa de su visita a América Latina. No es descartable que ese grupo intente hacer algún atentado terrorista en Bogotá durante la vista presidencial, pues puede identificar la escala de Bush como una oportunidad de oro para mostrar una posición de fuerza ante la comunidad internacional. Cualquier acto violento en el perímetro urbano de Bogotá durante la permanencia de Bush sería registrado con gran despliege por la prensa mundial, independiente de que se encuentre en riesgo la seguridad del presidente norteamericano.
En Síntesis...
La ventaja que continúa teniendo el gobierno colombiano es que los Estados Unidos ha perdido muchos interlocutores en la región; en esa medida, Colombia sigue siendo su punta de lanza en América Latina, gracias a lo cual ha obtenido un tratamiento preferencial (básicamente a través del Plan Colombia porque el TLC no fue negociado con un criterio de cooperación económica). Lo anterior significa que la soberanía nacional continuará empeñada mientras los dólares americanos continúen financiando la prolongación de la guerra en Colombia.
En esta relación asimétrica Bush necesita a Uribe para que detenga el flujo de
cocaína a los Estados Unidos y para que se convierta en sus ojos, sus
oídos y su voz en América del Sur, especialmente ahora que los Estados Unidos ha perdido su liderazgo en
la región.
***
Nota al margen: Leímos el siguiente grafito en una zona residencial de Bogotá: "Bush para en Colombia. Uribe, Para en Colombia". Solo atinamos a decir que en nuestro país el que menos corre, vuela...




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La presencia del presidente americano, en mi opinión, no es más que un despiste de los problemas que azotan el país actualmente, que la gente vea que Uribe tiene el apoyo norteamericano, pero ya pocos comen cuento.
Muy bueno y completo el artículo ya tienen un adepto más para su blog.
Saludos
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J, gracias por su comentario.
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La visita de Bush a Colombia es una vergúenza para ambos países.El amigo de la parapolìtica recibiendo al genocida máscélebre de estos tiempos modernos,modernísimos.
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