Cóndores y Conejos: Sobre el Fuero Parlamentario


Mucho se ha hablado a través de los años sobre la conveniencia de actualizar nuestros símbolos patrios. Se ha dicho, por ejemplo, que es un despropósito la presencia del Canal de Panamá en nuestro escudo nacional y se ve con cierta ironía la presencia de los cuernos de la abundancia en un país donde la mitad de la población vive en medio de la pobreza. También periódicamente se cuestiona el dramatismo de la letra de nuestro himno nacional y hasta la presencia de una ave carroñera sobre nuestro escudo, como silenciosa testigo de nuestra tragedia histórica.



Pues bien, creemos que ha llegado el momento de tomar esas críticas en serio y por eso hoy queremos proponer, solemnemente, desde este espacio, que el negro cóndor sea remplazado en nuestro escudo patrio por un animal menos sombrío, como es el conejo colombiano.

Me dirán que hay una amplia variedad de conejos a lo largo y ancho del planeta y también que no existe alguno que sea típicamente colombiano, al menos dentro de la familia Leporidae. Lo que ocurre es que nuestro conejo, el glorioso conejo colombiano, es una especie que forma parte indisoluble de nuestra fauna social y política. 

Nuestro conejo es un comportamiento que se encuentra arraigado en la cultura colombiana y va de la mano de la viveza tramposa que se nutre solapada, y muchas veces descaradamente, en muchos hogares de la patria.  Nuestro conejo engaña ladinamente y al mismo tiempo con una rapidez que sorprende mundialmente. Es astuto, ligero, se adapta a los ambientes más extremos,  tiene apariencia dócil y amable pero en realidad es ruín, mezquino y bajo. Como todo conejo que se respete, es peludo, brinca de aquí para allá y tiene una gran habilidad para cavar huecos por donde escapa con asombrosa astucia.

Un ejemplo del típico conejo colombiano, además de otro que mencionamos anteriormente en este mismo blog, es el que los honorables padres de la patria - los mismos que en la mañana legislaban, en la tarde ordenaban masacres y enla noche se emparrandaban con los paramilitares- le quieren poner a la justicia y al país.

Ojo: en este momento no confundamos al conejo con otros roedores de nuestra fauna política. Recordemos que cierto payaso criollo -en ese momento "honorable" y hoy flamante representante plenipotenciario ante el gobierno sudafricano-  en un momento de lucidez soltó una jauría de ratas en el recinto sagrado del Congreso, animales estos -me refiero a los roedores- que corrieron ansiosas por entre las solemnes curules y las enhiestas piernas de sus congeneres parlamentarios. Pero no, en este momento hablamos de otros prolíficos roedores, no de ratas ni ratones.



La iniciativa de los "honorables", porque ellos siempre tienen iniciativas, no vayamos a creer que se trata de un grupo de descerebrados, es tan sencilla como maquiavélica. Recordemos que los más oscuros propósitos siempre vienen presentados con las más elevadas justificaciones.

Los "honorables" Jairo Merlano  y Álvaro Araújo, con la justificación de que no quieren tener ningún privilegio y quieren ser tratados como ciudadanos del común -qué nobles propósitos- renunciaron a su fuero parlamentario para evitar ser investigados y juzgados por su juez natural, la Corte Suprema de Justicia, y así caer en un mundo más terrenal, como es el de la Fiscalía General de la Nación y la justicia ordinaria.

El asunto - o debería decir el conejo?- ya está cocinado. El presidente de la sala penal de la Corte ya sentenció que los congresistas tienen el derecho constitucional de renunciar a su fuero.

Este sí que es un país de leguleyos! El conejo ya está concertado, como informa el Nuevo Siglo:

Gómez Quintero explicó que “una vez se nos comunique la aceptación de la renuncia, se remitirán copias de la investigación a la Fiscalía, luego vendrá la calificación del sumario y, si hay juzgamiento, se realizará por parte de un juez especializado”. Manifestó que en ese procedimiento, existe la posibilidad de recurrir a la segunda instancia ante el Tribunal Superior, y el proceso podría llegar a casación ante la Corte Suprema de Justicia.

El anterior enunciado es una pieza magistral de la viveza colombiana, de la leguleyada típica, del conejo en el que somos tan expertos. Todo se presenta de una forma tan, pero tan leguleya, que hasta parece legal. El flamante magistrado dice, además, que los congresistas no están siendo investigados por delitos relacionados con las funciones de su cargo, sino por delitos comunes.



Tras una decisión aparentemente tan inocua, se esconde algo muy turbio: los congresistas investigados por paramilitarismo o vínculos con los paramilitares creen que la Fiscalía sería más indulgente y que la Corte sería más rigurosa frente a ellos.

Y qué le conviene a los colombianos? Primero, recordemos que no se trata de ciudadanos comunes, sino de unas personas que ejercen una de las más altas representaciones del país. Por eso tienen un fuero especial. Porque tienen un poder delegado para legislar en representación del pueblo colombiano. Y existe la sospecha (porque aún no han sido juzgados) de que alcanzaron sus posiciones y/o ejercieron sus funciones en asocio con grupos criminales. Ni más ni menos.

Qué es más importante en este caso: los derechos individuales y particulares de los congresistas investigados (en su condición de simples ciudadanos)  o los derechos de la sociedad en su conjunto, dado que esos ciudadanos son congresistas y los delitos que pudieron cometer trascienden el ámbito puramente particular y afectaron al conjunto de la sociedad? Esperamos que algún estudiante de primer año de Derecho nos resuelva esta pregunta, porque el magistrado Gómez pareciera que está en el ejercicio de la politiquería, cuidando los intereses de sus electores, y no en el ejercicio del derecho en un alto tribunal.

Ante semejante oportunidad, los adoradores del conejo ya prepararon una "estrategia conjunta", burda, chambona -como todo lo del conejo- pero efectiva:

El abogado monteriano Abelardo de la Espriella plantea que los investigados pidan que los procesen por sedición y no por concierto para delinquir; luego, que se desmovilicen individualmente de las Auc, a la luz de la Ley de Orden Público. Por último, que pidan que les dicten resoluciones inhibitorias y les cierren los procesos. "Es mejor tener fama de 'paraco' y estar libre -dice- que tener la fama y ser condenado". En todo caso, los ex 'paras' deben reconocer a esos políticos como 'paras'.

Aceptarían, finalmente, su condición de paramilitares para acogerse a los mismos beneficios del combo de Itaguí, otros expertos en conejos.

Las señales de alarma ya se han encendido. El exmagistrado Eduardo Cifuentes sostiene que "la Constitución Nacional dice que el fuero como congresistas se mantiene para las investigaciones de conductas punibles que cometan los parlamentarios". Y añade:

Existen argumentos para que la Corte continúe con la competencia para procesar a los congresistas, porque las investigaciones se iniciaron antes de que los parlamentarios renunciaran a su investidura.

Mientras se desarrolla la nueva polémica, lo más conveniente sería que los legisladores investigados hagan lo que les pidió el presidente en su momento: "que sigan legislando mientras no estén en la cárcel". Claro que desde aquí les pedimos humildemente que sí, que legislen, pero sobre un punto específico: el cambio en nuestro escudo nacional de la sombría pero altiva ave rapaz por el astuto y vil conejo colombiano.

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  • 3/30/2007 o-lu wrote:
    Buena entrada, Camilo. Agreguele la otra caracteristica proverbial del conejo: la reproduccion del animal ad infinitum y sus probadas buenas migas con otra especie, los lagartos.
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    1. 3/30/2007 Camilo Galan wrote:
      O-lu, de acuerdo. Nuestra fauna social es variada. Esta semana hemos visto brincar conejos, lagartos, sapos y micos en las noticias nacionales. Estos últimos, por ejemplo, en el proyecto de  Plan de Desarrollo.

      Reply to this

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