Un Pelele en la Cancillería

El Presidente de Colombia desautorizó una vez más a su Canciller, Fernando Araújo, esta vez por las declaraciones que dio éste en relación con el Ecuador. El Canciller colombiano había denunciado una actitud hostil de parte del gobierno ecuatoriano. Ahora, Uribe lo reprende públicamente: "Vamos a proceder de la siguiente manera con Ecuador: buscar el diálogo y no dar declaraciones, esa es la norma...Diálogo de nuestra parte, diálogo intenso, comunicación permanente y cero declaraciones; es lo que le he pedido al canciller y es lo que vamos a buscar, declaraciones cuando sean rigurosamente necesarias, pero la tónica es diálogo, no  declaraciones»".

Este episodio ratifica, una vez más, el estilo personalista de la administración Uribe. Los ministros no tienen un márgen de autonomía y no existe la suficiente coordinación entre el presidente y, en este caso, Araújo. Además, pareciera que Araújo no ha sido capaz de interpretar la política exterior de Uribe (independiente de que esta sea acertada o no).  Hay que añadir un elemento personal, que en este caso es de peso, y es que Araújo puede ser un hombre quebrado, desde el punto sicológico, después de seis años de secuestro y una recuperación postraumática de apenas unas pocas semanas.

Es lamentable tener que decirlo, pero Araújo es una persona que no está preparada para ejercer el cargo, más allá del papel de figurón que el presidente quiere darle. El mensaje que el presidente le ha dado es contundente: "cállese y no opine públicamente". El complemento del mensaje está implícito: "siga viajando por el mundo y ayúdele a la política de seguridad democrática a continuar con la deslegitimación política de la Farc (así, en singular, como le gusta decirlo a Uribe); usted es un ejemplo vivo de la monstruosidad de esa guerrilla".

Después de semejante desautorización, Araújo debería renunciar. Por simple decoro. Lo hizo mejor María Ángela Holguín, cuando muy altiva no aceptó una embajada ofrecida inconsultamente por su jefe, que tenía el único propósito de apagar un incendio doméstico y moverla a ella como una simple ficha burocrática.

Uribe no nombró un ministro. Puso al frente de la Cancillería un símbolo. Para todos los demás propósitos, los asuntos sustantivos de las relaciones exteriores de Colombia actualmente se coordinan desde el despacho presidencial, el Ministerio de Defensa, el despacho del Vicepresidente y el Ministerio de Comercio Exterior. En algunos pocos casos los embajadores tienen un juego para ejercer sus plenos poderes y, en la mayoría, son simples coordinadores de relaciones públicas.

El sentido personalista que tiene el presidente Uribe del ejercicio del gobierno no da para más. Se trata de lo que con gran fastuosidad han llamado "microgerencia" y nosotros llamamos neo-caudillismo.

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