De la Pobreza a la Injusticia (2)
Por: Manuel A. López Ramírez (Malo)Continuación de: De la Pobreza a la Injusticia (1)
No hay que olvidar que el capitalismo convirtió todo en mercancía, y así, la historia de la economía latinoamericana no ha evolucionado y pudiera afirmarse, con Galeano, que es esta una economía esclavista que se hace la postmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. En la época de las privatizaciones y del mercado libre el dinero gobierna y sin intermediarios, ocupándose el Estado tan sólo de disciplinar la mano de obra barata y de reprimir la gran masa de aspirantes que no encuentran trabajo. La justicia social se reduce a la justicia penal que castiga el delito. Es la seguridad pública y los bienes de los poderosos, la función del Estado, su salvaguarda, no el desarrollo integral de la sociedad a partir de nociones de ética, combinando la ejecución de obras con el cumplimiento de derechos fundamentales. Los derechos públicos, son favores que otorga el poder, como una extensión de la caridad cristiana. Y la pobreza sigue matando en el mundo y en Colombia, más gente que toda la que se exterminó en la segunda guerra mundial,que fue mucha. Hace algunas décadas,se admitía por todos los actores de la escena política, que la pobreza era producto de la injusticia. Hoy, paradójicamente, el sórdido lenguaje que impera, señala que la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece, como en un retroceso de las ideas, para llevar al plano de lo natural: como es natural que haya violencia, porque esta ha existido siempre y obedece a la mala conducta de los perdedores en la escala social. El poder, perpetúa estas nociones, porque a la vez le permiten afincarse en el, sobre la base de la eliminación de tales males que en esencia nunca pretenden eliminar pues son sus sustento.

Blandos y dóciles con el rey, nuestros reyes vasallos, reyes chiquitos, son duros e inconmovibles con el sufrimiento de nuestro pueblo, scamotean sus luchas y se instalan en el reino de Ubú, en las sombras para confundir la opinión. Valientes con los servidores públicos, campesinos,obreros y estudiantes,domeñados con los usurpadores y detentadores de los privilegios, piensan que “nada corre pierna arriba”.Y cual pájaros tirándole a las escopetas,tienen corifeos de prensa,exreyes chiquitos, que sin ninguna vergüenza y recato acusan a las víctimas de su violencia, los obreros, los maestros, los desempleados, los estudiantes y el pueblo en general, de ser generadores de esa violencia. Lo que los atormenta es que se enseña a pensar y eso les duele. Porque el desarrollo, la eliminación de la génesis causal de la pobreza, la injusticia y el atraso,esos son aspectos vedados para las intenciones de nuestros gobernantes, puesto que se deben a los mandamientos del amo del mundo: Por eso seguiremos denominándonos “Países en desarrollo”, es decir, países arrollados por el desarrollo ajeno, que a través de las desiguales relaciones comerciales y financieras, enviamos a esos paises desarrollados diez veces más recursos de los que recibimos por ayuda externa. Pero esos reyes chiquitos y esas castas, nada han dicho frente a las sanciones de la OIT, o a las imputaciones de entidades internacionales que nos descalifican por los atropellos del Estado contra su pueblo. Sólo la política del avestruz, porque lo demás ni importa. Su visión no les permite sentir el sufrimiento de nuestras comunidades, que sufren los efectos de los ajustes fiscales y que viven la lenta privatización de todo lo público, con el pretexto de la eficiencia. Esos reyes chiquitos, vasallos de otro rey, que ondean impávidos en la bandera tricolor las estrellas y el águila del norte, sólo habrán de recordar un día, que “nadie se arrodilla a los pies del Inca coronado por Pizarro”.
Colombia
No hay que olvidar que el capitalismo convirtió todo en mercancía, y así, la historia de la economía latinoamericana no ha evolucionado y pudiera afirmarse, con Galeano, que es esta una economía esclavista que se hace la postmoderna: paga salarios africanos, cobra precios europeos y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia. En la época de las privatizaciones y del mercado libre el dinero gobierna y sin intermediarios, ocupándose el Estado tan sólo de disciplinar la mano de obra barata y de reprimir la gran masa de aspirantes que no encuentran trabajo. La justicia social se reduce a la justicia penal que castiga el delito. Es la seguridad pública y los bienes de los poderosos, la función del Estado, su salvaguarda, no el desarrollo integral de la sociedad a partir de nociones de ética, combinando la ejecución de obras con el cumplimiento de derechos fundamentales. Los derechos públicos, son favores que otorga el poder, como una extensión de la caridad cristiana. Y la pobreza sigue matando en el mundo y en Colombia, más gente que toda la que se exterminó en la segunda guerra mundial,que fue mucha. Hace algunas décadas,se admitía por todos los actores de la escena política, que la pobreza era producto de la injusticia. Hoy, paradójicamente, el sórdido lenguaje que impera, señala que la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece, como en un retroceso de las ideas, para llevar al plano de lo natural: como es natural que haya violencia, porque esta ha existido siempre y obedece a la mala conducta de los perdedores en la escala social. El poder, perpetúa estas nociones, porque a la vez le permiten afincarse en el, sobre la base de la eliminación de tales males que en esencia nunca pretenden eliminar pues son sus sustento.

Blandos y dóciles con el rey, nuestros reyes vasallos, reyes chiquitos, son duros e inconmovibles con el sufrimiento de nuestro pueblo, scamotean sus luchas y se instalan en el reino de Ubú, en las sombras para confundir la opinión. Valientes con los servidores públicos, campesinos,obreros y estudiantes,domeñados con los usurpadores y detentadores de los privilegios, piensan que “nada corre pierna arriba”.Y cual pájaros tirándole a las escopetas,tienen corifeos de prensa,exreyes chiquitos, que sin ninguna vergüenza y recato acusan a las víctimas de su violencia, los obreros, los maestros, los desempleados, los estudiantes y el pueblo en general, de ser generadores de esa violencia. Lo que los atormenta es que se enseña a pensar y eso les duele. Porque el desarrollo, la eliminación de la génesis causal de la pobreza, la injusticia y el atraso,esos son aspectos vedados para las intenciones de nuestros gobernantes, puesto que se deben a los mandamientos del amo del mundo: Por eso seguiremos denominándonos “Países en desarrollo”, es decir, países arrollados por el desarrollo ajeno, que a través de las desiguales relaciones comerciales y financieras, enviamos a esos paises desarrollados diez veces más recursos de los que recibimos por ayuda externa. Pero esos reyes chiquitos y esas castas, nada han dicho frente a las sanciones de la OIT, o a las imputaciones de entidades internacionales que nos descalifican por los atropellos del Estado contra su pueblo. Sólo la política del avestruz, porque lo demás ni importa. Su visión no les permite sentir el sufrimiento de nuestras comunidades, que sufren los efectos de los ajustes fiscales y que viven la lenta privatización de todo lo público, con el pretexto de la eficiencia. Esos reyes chiquitos, vasallos de otro rey, que ondean impávidos en la bandera tricolor las estrellas y el águila del norte, sólo habrán de recordar un día, que “nadie se arrodilla a los pies del Inca coronado por Pizarro”.










Comments