Qué Detiene al ELN?

Después de cinco años de acercamientos entre la administración Uribe y el Ejército de Liberación Nacional, se anuncia la iniciación de una nueva ronda de conversaciones en la Habana a partir del próximo 12 de abril. El Alto Comisionado de Paz ha advertido que si allí no se producen hechos concretos de paz, los acercamientos entrarían en un punto muerto. Lo que se pregunta la opinión en estos momentos es, qué detiene al ELN para producir los hechos de paz que le pide el gobierno de Colombia?

Los hechos a los que se refiere el Alto Comisionado son, principalmente, la declaratoria de un cese unilateral de hostilidades y la puesta en libertad de todos los secuestrados en poder del ELN. No somos tan optimistas como para creer que se produzcan estos resultados en el corto plazo y que esa sea la cuota inicial para una desmovilización definitiva del ELN.

No creemos que se produzca una negociación exitosa con el ELN en el corto plazo porque los medios y los fines de esa negociación son opuestos; porque la coyuntura política es desfavorable para el gobierno; y porque el tiempo está en contra de Álvaro Uribe.



Los medios y los fines de la negociación son opuestos

Las partes tienen expectativas radicalmente diferentes sobre los resultados esperados de la negociación. El gobierno tiene como punto de referencia las negociaciones que inició con los grupos paramilitares en 2001-2002.  El ELN tiene como punto de referencia un modelo revisado de la negociación entre la administración de Andrés Pastrana (1998-2002) y las FARC.

La estrategia general de negociación del gobierno corresponde al modelo que puso en práctica en Santa Fe de Ralito con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y su marco legal es la Ley de Justicia y Paz. El gobierno ha repetido en innumerables oportunidades que los terminos de los acuerdos con las AUC corresponden a los puntos de referencia bajo los cuales se harían los acuerdos con las organizaciones guerrilleras.  Ha insistido en que el primer paso hacia los acuerdos es la declaratoria unilateral del cese de hostilidades por parte de la guerrilla, así como lo habrían hecho los grupos paramilitares. Ha insistido en que no se ofrecerán ni amnistías ni indultos, y en que se respetarán los principios de verdad, justicia y reparación.

Desde la perspectiva del gobierno colombiano, en Colombia no existe un conflicto armado sino la amenaza de unos grupos terroristas a un Estado democrático. En tal sentido, lo que procedería frente a dichas organizaciones es su sometimiento a la Ley de Justicia y Paz. Además, ha repetido que los miembros de estos grupos no llegarán a ejercer posiciones de representación política. Recordemos que los jefes de las AUC se encuentran en estos momentos detenidos en Itagui y el gobierno aspira a que la reparación de las víctimas se haga, en primera instancia, con recursos de los mismos paramilitares.

Por otra parte, el ELN se considera a sí mismo un actor político dentro del conflicto armado. Su posición actual es la de que se acuerde primero una agenda de negociación, unos procedimientos y luego sí se pase a discutir la posibilidad de un cese de hostilidades, que esperaría, como puede suponerse, que fuera bilateral y verificable. El ELN tiene como punto de referencia la negociación de la administración Pastrana con las FARC, aunque entenderían que su principal elemento, la "zona de despeje" sería inviable políticamente. Su insistencia en la definición de la agenda, encaja en el modelo seguido por las FARC.

Es fácil suponer que el propósito del ELN no es acogerse a un proceso de paz que le dé el mismo tratamiento que han recibido los grupos paramilitares. Su referente más próximo son los Acuerdos de Paz de Centroamérica, y su esfuero actual se dirige a conseguir un tratamiento diferente al de los paramilitares. No parece creible que la meta de este grupo sea someterse a la Ley de Justicia y Paz y es fácil suponer que buscarían un marco legal diferente.

El elemento que condiciona tanto los medios como los resultados de la negociación entre el gobierno y el ELN es la correlación de fuerzas desde el punto de vista militar. Si este grupo está tan debilitado como afirma el gobierno, entonces podría esperarse que el margen de maniobra de este último en la mesa de negociación sea muy amplia.  Las operaciones Mariscal y Orión fueron golpes decisivos frente al ELN, que ratificarían esa percepción, pero no pareciera que se encuentre ad portas de una derrota definitiva. 

No parece aventurado afirmar que el ELN estaba en peores condiciones después de la operación Anorí, en 1973.


La coyuntura política es desfavorable al gobierno


La coyuntura política interna no parece favorable a un acuerdo político con el ELN.  Factores como el escándalo de la parapolítica; el destape de los vínculos entre los grupos paramilitares y la clase poítica tradicional en los niveles nacional, departamental y local; el involucramiento de figuras cercanas al gobierno y al presidente con la parapolítica; los ataques del gobierno a la izquierda democrática, le restan capacidad de acción y maniobra al gobierno. 

Además, el modelo de negociación que quiere replicar el gobierno ha mostrado ampliamente sus debilidades y vacíos. Desde el punto de vista del gobierno, sería conveniente que el ELN entrara en una negociación bajo los mismo parametros seguidos con los paramilitares, para mostrar la que sería, siguiendo con su punto de vista, la otra cara de la violencia en Colombia, con lo cual esperaría que también salieran a la luz pública los nexos de la guerrilla con el narcotráfico y con la clase política en algunas regiones del país.

La crisis parapolítica ha adoptado una dinámica propia que se encuentra por fuera del control del gobierno. Un acuerdo con el ELN mostraría que lo suyo sí es un proceso de paz, como sostiene Uribe, y no solamente un proceso de sometimiento a la justicia, como afirman sus críticos. Esa sería una buena forma, también, de echarle tierra al proceso con los paramilitares y centrar todos los focos de la opinión pública nacional e internacional sobre el proceso de negociación con la guerrilla. Un proceso de este tipo tendría más amigos en el exterior y sería mucho más fácil de vender internacionalmente, aunque la opinión publica nacional quedara confundida.

No se puede desconocer que el gobierno pudo realizar los Acuerdos de Ralito, gracias al capital político que tenía al principio de su primer mandato. En este momento, aunque las encuestas le dan una favorabilidad relativamente cómoda al presidente, sería ingenuo desconocer que su capital político está menguado, precisamente por la negociación con los paramilitares y lo que se ha desprendido de ella.

El tiempo está en contra de Uribe

Los tiempos son diferentes para el gobierno y para el ELN. El gobierno tienen afán de concretar una negociación con el ELN. No solo porque las conversaciones han avanzado muy lentamente sino porque necesita urgentemente mostrar resultados y desactivar la crisis parapolítica. En ese sentido habría que ver un acuerdo con el ELN como un salvavidas para el gobierno.

El afán del gobierno se deja ver en la declaración tremendista del Alto Comisionado, cuando afirma que si de la próxima ronda en La Habana no sale un acuerdo el proceso queda herido de muerte. En esas mismas declaraciones reafirma que el marco legal sería la Ley de Justicia y Paz, y que los desmovilizados que hubieran cometido delitos atroces no podrán participar en política. El gobierno busca meter en el mismo saco de los paramilitares al ELN o, eventualmente cambiar los terminos de la ley para beneficiar por igual a paramiliatres y guerrilleros.

El ELN, por otra parte, está tratando de ganar tiempo. Para ellos los términos de la Ley de Justicia y Paz y el modelo de negociación que le ofrece el gobierno, no son aceptables.  Están tratando de ganar concesiones del gobierno sobre la base de sus debilidades actuales y al mismo tiempo ganando un tiempo precioso para fortalecerse en el terreno militar. Al mismo tiempo hay que recordar que en algunas regiones, además de la presión de las Fuerzas Militares y los grupos paramilitares, también se encuentran enfrentados a las FARC.

Es probable que el ELN ofrezca alguna prueba de su voluntad política de avanzar el  proceso, que le permita ganar el tiempo que afanosamente está buscando. En tal caso, antes que ofrecer un cese de hostilidades es posible que ofrezca entregar un grupo de secuestrados.

No parece probable que veamos proximamente un avance significativo en la negociación con el ELN. Aunque tampoco pareciera que se fuera a romper la relación, pues a ambas partes les conviene mantener vivo el proceso.
 

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SEGUIMIENTO, ABRIL 13, 2007
TOMADO DE CARACOL RADIO

En vilo proceso de paz con el ELN

El proceso de paz con la guerrilla del ELN podría sufrir un nuevo traspiés, si durante la actual ronda de conversaciones, en La Habana, Cuba, no se hace presente el máximo negociador de esa organización, Antonio García.

El padre Darío Echeverry, miembro de la Comisión de Conciliación Nacional, descartó, en diálogo con Caracol Radio, que García se haga presente, al menos durante los primeros días de estas seis semanas que se esperan de diálogos.

"No se puede descartar que más adelante se haga presente, pero por ahora está confirmado que Antonio García no viajará a La Habana, a participar de la ronda de conversaciones", dijo el padre Echeverry.

El sacerdote sostuvo que en las próximas horas viajará desde Caracas hacia la Habana, el jefe de la delegación negociadora del ELN, "Pablo Beltrán", quien tiene la autorización de la cúpula de esa guerrilla para llegar a eventuales acuerdos con el gobierno nacional.

Darío Echeverry manifestó que a pesar de la no asistencia de Antonio García a la ronda de diálogos en La Habana, hay optimismo en los negociadores y en los representantes de la sociedad civil, para avanzar

La situación comenzó a verse compleja este jueves, cuando debía iniciarse la nueva fase de diálogos, pero a la que no llegaron los principales negociadores de la guerrilla.

El secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Fabián Marulanda, explicó que debido a problemas en Caracas para el desplazamiento de los voceros, no se pudo iniciar a tiempo la reunión.


 

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  • 4/9/2007 astrolabio-jsa wrote:
    Hay que contar, Camilo, con que el ELN es un veterano de las conversaciones de paz: en Caracas, en Centroamérica, en Alemania... Creo que se trata de la misma tomadura de pelo de las Farc. Es algo de nunca acabar, porque siempre van a pretender poner al Estado y al Gobierno de rodillas. Si tuvieran voluntad política, ELN y Farc tendrían bastante allanado el camino. Pero no la tienen. Ese estado de zozobra y la esperanza del triunfo (a lo Fidel Castro) les produce muchos dividendos, en forma de dólares, cada año. También, ma llama la atención la caracterización que pueda hacer el Gobierno, de que "en Colombia no existe un conflicto armado sino la amenaza de unos grupos terroristas a un Estado democrático", lo cual, por cierto, no es descabellado (aunque, por supuesto, tiene implicaciones políticas). Ojalá el ELN pueda deponer su orgullo y abrir espacios, como unas curules en el Congreso, por ejemplo, y las posibilidades que ha sabido aprovechar el M-19 en forma de Polo Democrático. Lo cual está bien para la Democracia. Saludo fraterno.
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    1. 4/9/2007 Camilo Galan wrote:
      Astrolabio, de acuerdo en que las guerrilla colombiana es experta en negociaciones de paz... tanto como lo es el Estado colombiano. Hay que recordar que los avances, retrocesos y parálisis de las negociaciones son un reflejo tanto de la voluntad política de las partes (con lo que el termino tiene de largo y ancho), como de la correlación de fuerzas en los campos político y militar. Por otra parte, si hay un escenario donde la política de seguridad democrática puede dar los frutos esperados por sus formuladores, es en una negociación con el ELN. Lo que está por verse es qué tan costosa puede resultarle esta "desmovilización" a la administración Uribe, en la actual coyuntura política.

      Gracias por tus comentarios.

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