9 de Abril de 1948
Especial de Alejandro Arenas para Colombia Hoy

En dìas pasados se conmemoró un nuevo aniversario del asesinato del líder político JORGE ELIECER GAITÁN. Para quienes vivimos ese día en una ciudad incendiada, con miles de muertes en las calles y almacenes asaltados por turbas enloquecidas, sin gobierno en un país sacudido por el más torpe acto de barbarie en nuestra Historia, cuando no hacía muchos años también había sido suprimida la voz rebelde de Rafael Uribe Uribe, otro mártir precursor de la democracia colombiana, el recuerdo es imborrable en nuestra memoria.
De entonces para acá el país dejó de ser el sitio amable de nuestros años de infancia, y juventud, de la época de nuestra primaria y un bachillerato en que nos enseñaron a amar la bandera, el escudo y el himno. Nos habían instruido sobre Bolívar, Santander, Nariño y otros próceres insignes, fundadores de nuestra nacionalidad. Sentíamos respeto por nuestros gobernantes como lo sentíamos por nuestros propios padres. Después de 1930, Olaya, López, Santos estaban construyendo una nación grande, sin odios, culta y progresista. Hombres preparados e inteligentes llegaban al Congreso con ideas de avanzada social. Los discursos eran piezas oratorias de una sindéresis hoy poco usada.
De pronto una voz popular se destacó en los escenarios, era la voz que interpretaba el sentir de un pueblo olvidado desde siempre. Se escuchó en campos y ciudades con motivo de asesinatos oficiales promovidos por la reacción más primitiva de una derecha poshitleriana que anhelaba regresarnos a la Colonia de Virreyes, una derecha clasista y obsoleta. Gaitán y el pueblo que lo seguía fueron señalados como objetivo militar.
La derecha extrema nazifascista había sido vencida en Europa, pero renacía en Latinoamérica con los Perones y otros caudillos populistas bárbaros.
De entonces para acá, Colombia se trasformó en un campo de batalla entre violentos, ideal para grupos armados que acabaron identificándose con traficantes de narcóticos e invadiendo amplios sectores de una sociedad acobardada, silenciosa ,sometida por el miedo a los vaivenes de una llamada parapolítica que se parece más a los grupos mafiosos importados de Italia y consolidados en varios continentes mediante el lavado de dineros que inundan los mercado, las plazas, las conciencias de muchos ciudadanos que aparentan ser de bien y no son más que títeres manejados por los depredadores de siempre.
¿Estaremos condenados a vivir 50,100, 200 años más de muerte, soledad y anarquía o habrá gentes capaces de decir no más, basta ya de corrupción, de miseria moral, de anarquía? Es la hora de enrumbar por otros mares, donde la libertad, la decencia moral y la gente de bien puedan vivir una vida decente, digna, ejemplar.
Audio

En dìas pasados se conmemoró un nuevo aniversario del asesinato del líder político JORGE ELIECER GAITÁN. Para quienes vivimos ese día en una ciudad incendiada, con miles de muertes en las calles y almacenes asaltados por turbas enloquecidas, sin gobierno en un país sacudido por el más torpe acto de barbarie en nuestra Historia, cuando no hacía muchos años también había sido suprimida la voz rebelde de Rafael Uribe Uribe, otro mártir precursor de la democracia colombiana, el recuerdo es imborrable en nuestra memoria.
De entonces para acá el país dejó de ser el sitio amable de nuestros años de infancia, y juventud, de la época de nuestra primaria y un bachillerato en que nos enseñaron a amar la bandera, el escudo y el himno. Nos habían instruido sobre Bolívar, Santander, Nariño y otros próceres insignes, fundadores de nuestra nacionalidad. Sentíamos respeto por nuestros gobernantes como lo sentíamos por nuestros propios padres. Después de 1930, Olaya, López, Santos estaban construyendo una nación grande, sin odios, culta y progresista. Hombres preparados e inteligentes llegaban al Congreso con ideas de avanzada social. Los discursos eran piezas oratorias de una sindéresis hoy poco usada.
De pronto una voz popular se destacó en los escenarios, era la voz que interpretaba el sentir de un pueblo olvidado desde siempre. Se escuchó en campos y ciudades con motivo de asesinatos oficiales promovidos por la reacción más primitiva de una derecha poshitleriana que anhelaba regresarnos a la Colonia de Virreyes, una derecha clasista y obsoleta. Gaitán y el pueblo que lo seguía fueron señalados como objetivo militar.
La derecha extrema nazifascista había sido vencida en Europa, pero renacía en Latinoamérica con los Perones y otros caudillos populistas bárbaros.
De entonces para acá, Colombia se trasformó en un campo de batalla entre violentos, ideal para grupos armados que acabaron identificándose con traficantes de narcóticos e invadiendo amplios sectores de una sociedad acobardada, silenciosa ,sometida por el miedo a los vaivenes de una llamada parapolítica que se parece más a los grupos mafiosos importados de Italia y consolidados en varios continentes mediante el lavado de dineros que inundan los mercado, las plazas, las conciencias de muchos ciudadanos que aparentan ser de bien y no son más que títeres manejados por los depredadores de siempre.
¿Estaremos condenados a vivir 50,100, 200 años más de muerte, soledad y anarquía o habrá gentes capaces de decir no más, basta ya de corrupción, de miseria moral, de anarquía? Es la hora de enrumbar por otros mares, donde la libertad, la decencia moral y la gente de bien puedan vivir una vida decente, digna, ejemplar.
Audio










Comments