Qué Busca el Polo en Washington?

En esos momentos una parte del país se pegunta qué pasa con el senador Gustavo Petro y el PDA. ¿Estamos frente a un partido inmaduro que en su afán por desprestigiar a Uribe y oponerse al TLC es capaz de denigrar de nuestro país en el exterior, tal como lo sugirió Uribe recientemente? ¿O estamos frente a una coyuntura política y un partido de oposición que están rompiendo los moldes conocidos en Colombia y para cuya comprensión es necesario recurrir a nuevos marcos interpretativos? Si nos guiamos menos por la polarización y un poco más por una lectura integral de la realidad, probablemente lleguemos a la conclusión de que es necesario hacer una lectura menos simplista de la actualidad política colombiana.
El pasado 18 de abril, al día siguiente del debate sobre el paramilitarismo en Antioquia promovido por Gustavo Petro en el Congreso, Uribe afirmó: "No habría sido guerrillero de calumnias sino de fusil. Eso de ser mediocre guerrillero y lucido calumniador dice muy mal de la guerrilla". Esta declaración no mencionó explícitamente ni a Petro ni al Polo, pero es evidente que se refería a ellos, así lo hubiera tratado de negar durante su rueda de prensa del día siguiente. Durante su rueda de prensa del día siguiente afirmó que la oposición estaba oponiéndose al TLC con calumnias en los Estados Unidos.
Posteriormente la prensa nacional informó que se han efectuado diversos acercamientos entre Petro y otros miembros del PDA con un grupo de congresistas demócratas. Las reuniones han girado principalmente en torno al TLC, al destape de los nexos entre el bloque en el poder y los grupos paramilitares, y sobre los derechos de la oposición.
La primera pregunta que hay que formular es la siguientes: ¿Es legítimo que la oposición se reúna con congresistas de otros países? Por supuesto que es legítimo. Los intercambios internacionales y las relaciones de cooperación entre agrupaciones políticas son una práctica generalizada y aceptada universalmente. De hecho los partidos modernos están afiliados a grupos y corrientes políticas internacionales que se reúnen periódicamente, tienen un marco legal y son reconocidos por los gobiernos. Esto sucede, por ejemplo, con la Internacional Socialista, que reúne a 161 partidos políticos y organizaciones de todo el mundo, y ante la cual el PDA asiste en condición de partido observador y el Partido Liberal como miembro pleno. Igual ocurre con el partido conservador y sus homólogos internacionales.
De igual manera es legítimo que los congresistas del PDA se reúnan con congresistas demócratas. Los intercambios parlamentarios son aceptados y se trata de una interlocución que precisamente le da legitimidad internacional a las bancadas modernas.
¿Es legítimo que en esas reuniones se aborden los temas propuestos por el PDA, como el TLC, la parapolítica y los derechos de la oposición? El gobierno debería recordar que prácticamente todos los temas de la agenda política tienen una dimensión internacional, que vivimos en un mundo globalizado y que existe una fuerte interdependencia (el mismo Plan Colombia es una muestra de ello). El Polo ha reconocido esta realidad y en un ejercicio de estrategia política encontró que en su mapa político no estaba aprovechando todos los recursos políticos disponibles. Recordó que inclusive en los Estados Unidos era posible encontrar aliados políticos con quienes se podían compartir preocupaciones e intereses, como los que se han mencionado.
Es un ejercicio de realismo político que aprovecha la existencia de sectores en los Estados Unidos que también son críticos del TLC y que están sensibilizados frente al respeto de los derechos humanos y el fortalecimiento de la demcoracia, así sea más por razones de política doméstica que por un interés genuino en el bienestar de Colombia. Porque en los Estados Unidos, al igual que en Colombia, el TLC produce ganadores y perdedores. La diferencia entre los dos países sobre este punto es que allá los críticos del TLC no son criminalizados. Y en el tema de la parapolítica, a nadie se le ocurriría decir que los congresistas demócratas con los que se reunieron Petro y Robledo son "terroristas vestidos de civil".
¿Por qué se incomoda el gobierno por esas reuniones? Sin duda, lo que más lo tiene molesto es descubrir que el gobierno colombiano no tiene el monopolio de los contactos políticos en los Estados Unidos. Le fastidia que se le reconozca una interlocución política a una oposición a la cual él mismo ha llamado "guerrillero vestidos de civil", justamente en el país desde donde se ha impuesto la guerra contra el terrorismo y que además constituye su principal soporte internacional. Esto es algo que irrita a Uribe y al gobierno, tal vez porque su visión de la política es más premoderna de lo que ellos mismos están dispuestos a aceptar.
Lo interesante de estas reuniones o de este lobby que realiza en PDA en los Estados Unidos es que revela una faceta inédita de este partido. Esta jugada nos está demostrando que nos encontramos frente a un fenómeno nuevo en la política colombiana. Se trata de un partido de izquierda que no está amarrado a ortodoxias políticas y que reconoce la necesidad de abrir espacios de interlocución no convencionales para la izquierda colombiana dentro del propósito de sacar adelante su propia agenda. Es un partido capaz de reconocer los matices que existen en la política de los Estados Unidos, y que no piensa que el poder en ese país se ejerce de forma monolítica y homogénea.
Además, el PDA está rompiendo un estereotipo que se ha venido formado en los últimos años según el cual las relaciones internacionales del PDA deben concentrarse en Venezuela, Cuba, y ahora Bolivia, Uruguay, Ecuador o Nicaragua. La avanzada que ha hecho ante el propio Congreso de los Estados Unidos es un paso que legitima internacionalmente al Polo, que lo protege frente a los abusos de poder en Colombia y que, de alguna manera, comienza a despejar su horizonte con miras a futuras contiendas electorales por la Presidencia de la República.
Tal vez esto sea lo que causa escozor en la Casa de Nariño. Eso es lo interesante de estas reuniones del Polo en el Congreso de los Estados Unidos y que no se menciona en la prensa colombiana. Tal vez sea hora de que Uribe le reconozca al PDA el papel que juega en la democracia colombiana y acepte que su propia legitimidad está ligada a la que le reconozca a sus opositores.










Y los furibistas, en lugar de vociferar con las mismas palabras del virrey paisa y calificar de "hipócritas" a los del PDA -como si todos los estadounidenses fueran imperialistas-, deberían instar a los partidos oficialistas a buscar también afiliaciones más allá de lo coyuntural con partidos ideológicamente afines (como el Partido Republicano gringo, el Popular de España, etc.). Pero ahí es donde se nota que estos proyectos políticos son mera coyuntura politiquera (de otro modo Chucky Santos no hubiera formado un partido en 3 meses) y de ideología tienen más bien poco. Un saludo.
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La estructura de partidos que tenemos actualmente es un resultado de la más reciente reforma política, que nos vendieron como una panacea, pero que permitió que ocurrieran cosas como las que tu señalas. No se necesita ser un experto en historia política de Colombia para darse cuenta que la mayoría de "partidos" que existen actualmente no superarán la prueba del tiempo. Cuántos de ellos existirán dentro de quince años? Estos partiditos continúan siendo simples maquinarias electorales.
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Camilo,magnífico análisis de la situación política en nuestro país.
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Alejandro, estamos en una etapa difícil, pero al menos parece que se ha roto em "embrujo". Gracias por tu comentario.
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Camilo: Muy necesario este ejercicio de pedagogia politica. Seria conveniente hacerle llegar este escrito a la presidencia y a tanto furibista desbocado, cuya "visión de la política es más premoderna de lo que ellos mismos están dispuestos a aceptar".
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O-lu, gracias por el comentario. No pude evitar soltar una ligera risa por tu apunte.
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