El Congreso de la República
Por: Alejandro Arenas

Cualquier ciudadano puede asistir a las sesiones del Congreso. Basta encender el televisor y sintonizar los canales 9 o 71 (por cable). Nos encontramos ante el espectáculo más circense del mundo: una Presidente del Senado lanza su cabellera dorada de uno a otro lado, busca en su cartera un dulcecito y se lo echa a la boca mientras habla por el micrófono dando órdenes, concediendo la palabra o interrumpiendo al orador porque se le acaba el tiempo. La cámara de televisión nos lleva por los pupitres y muestra la gran panza de un eterno senador costeño, otros se hacen señas o hablan al oído del vecino. Otro se pasea por el corredor central con la cabeza alta y ambas manos en los bolsillos del pantalón, como indicando que todo eso le importa un pito: para eso gana doce millones de pesos mensuales. En fin, el espectáculo deja ver el desorden de un vasto salón de indisciplinados, como en cualquier salón de un colegio de bachillerato.
Pero lo peor no eso, lo peor es oír las voces chillonas e insultantes de unos, las frases gramaticalmente incorrectas de otros y el desorden mental de algunos más, como se vio en la aprobación del Plan de Desarrollo del uribismo, por ejemplo, que nos enseñó cómo se pueden hacer algunas trampas, desorientar a las bancadas y, por lo tanto, despojar de sus derechos al pueblo colombiano. Vacilaciones, mentiras descaradas, desafíos inútiles. Caos, en una palabra, porque estamos en un país cada vez más caótico. Cabe anotar aquí que las mayorías uribistas se dedican por medio de los presidentes de Cámara y Senado a no dejar que los opositores puedan explicar sus tesis, cortándole la palabra y limitando los tiempos de exposición y luego votan SÍ toda ley propuesta por el gobierno, argumentando no con la razón sino con mentiras disfrazadas. Y todos tan contentos.
Será que muy poca gente ve las sesiones del Congreso por televisión? Porque la mayoría de los colombianos estaríamos desencantados de un espectáculo que nos dice que Congreso no equivale a Democracia, entre nosotros. Y en las próximas elecciones votaríamos por una oposición seria, responsable y con mucho futuro, que nos garantice salir del pantano en que nos hundimos para poder entrar a una etapa seria y de verdadero progreso en un país que lo está pidiendo a gritos.
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Imagen: Dominio Público

Cualquier ciudadano puede asistir a las sesiones del Congreso. Basta encender el televisor y sintonizar los canales 9 o 71 (por cable). Nos encontramos ante el espectáculo más circense del mundo: una Presidente del Senado lanza su cabellera dorada de uno a otro lado, busca en su cartera un dulcecito y se lo echa a la boca mientras habla por el micrófono dando órdenes, concediendo la palabra o interrumpiendo al orador porque se le acaba el tiempo. La cámara de televisión nos lleva por los pupitres y muestra la gran panza de un eterno senador costeño, otros se hacen señas o hablan al oído del vecino. Otro se pasea por el corredor central con la cabeza alta y ambas manos en los bolsillos del pantalón, como indicando que todo eso le importa un pito: para eso gana doce millones de pesos mensuales. En fin, el espectáculo deja ver el desorden de un vasto salón de indisciplinados, como en cualquier salón de un colegio de bachillerato.
Pero lo peor no eso, lo peor es oír las voces chillonas e insultantes de unos, las frases gramaticalmente incorrectas de otros y el desorden mental de algunos más, como se vio en la aprobación del Plan de Desarrollo del uribismo, por ejemplo, que nos enseñó cómo se pueden hacer algunas trampas, desorientar a las bancadas y, por lo tanto, despojar de sus derechos al pueblo colombiano. Vacilaciones, mentiras descaradas, desafíos inútiles. Caos, en una palabra, porque estamos en un país cada vez más caótico. Cabe anotar aquí que las mayorías uribistas se dedican por medio de los presidentes de Cámara y Senado a no dejar que los opositores puedan explicar sus tesis, cortándole la palabra y limitando los tiempos de exposición y luego votan SÍ toda ley propuesta por el gobierno, argumentando no con la razón sino con mentiras disfrazadas. Y todos tan contentos.
Será que muy poca gente ve las sesiones del Congreso por televisión? Porque la mayoría de los colombianos estaríamos desencantados de un espectáculo que nos dice que Congreso no equivale a Democracia, entre nosotros. Y en las próximas elecciones votaríamos por una oposición seria, responsable y con mucho futuro, que nos garantice salir del pantano en que nos hundimos para poder entrar a una etapa seria y de verdadero progreso en un país que lo está pidiendo a gritos.
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Imagen: Dominio Público










Alejandro, en este tema estamos metidos en una encrucijada. El Congreso es un reflejo del actual mapa político. No he visto encuestas recientes, pero puede suponerse que su imagen esté pasando por su peor momento, como reflejo de una realidad que salta a la vista. Sin embargo, con el actual gobierno, es impensable su revocatoria, así sea un elemento decorativo y puramente formal.
Pienso como tú (posiblemente un poco con el deseo), que esto no durará mil años; sospecho que la coyuntura se destrabará finalmente con una Asamblea Constituyente, ojalá no convocada por el actual gobierno. Aunque, por otra parte, cada vez se escuchan más voces soltando el "globito" de la nueva reelección uribista!
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Claro que la revocatoria es impensable en estos momentos porque a quien más le conviene tener un Congreso amarrado es al gobierno. Pero se ve que el descontento nacional va creciendo y creciendo. Esto me recuerda al gobierno de Laureano en épocas heroicas y más adelante al golpe militar de Rojas Pinilla.
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Coincido completamente. Hay un descontento, pero me pareece que todavía se mantienen unos acuerdos entre las élites y el gobierno mantiene la solidaridad de las fuerzas militares y de los Estados Unidos. Lo que más me preocupa es que cada vez más se habla sin rubor de la posibilidad de otro cuatrienio.
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