Las Excarcelaciones y la Ley del Machete



- Álvaro, la presión de los Estados Unidos sobre nosotros será cada día más fuerte a menos que les demos una muestra concreta de que no les estamos dando un trato favorable a la gente de Itagüí. El TLC, que lo teníamos entre el bolsillo hace tres meses, se nos está escapando de las manos, por las denuncias de Petro en Washington y si hay alguna forma de recuperarlo es precisamente dándole a los gringos lo que están pidiendo: hechos, no palabras. Su visita de la semana pasada fue exitosa, es cierto, pero no fue suficiente. Además, los congresistas de la Picota amenazan con soltar la lengua si no les tiramos un salvavidas. Y usted sabe que esa gente desesperada es capaz de cualquier cosa. Hasta ahora han estado tranquilos, pero ya comienzan a desesperarse. Ese es el mensaje que nos llega por todos lados.

Nuestro asesor estaba en su terreno. Se sintió un poco más confiado y se recostó en el sillón. Cruzó la pierna y siguió con su exposición.

- El cuento del intercambio no lo podemos estirar más y ya nadie nos cree. La presión la recibimos nosotros porque tenemos nombre y dirección. Nosotros estamos asumiendo ese costo. Sarkozy nos puede ayudar a ganar tiempo, pero tenemos que darle alguna prueba de que sí queremos hacer algo. El escándalo de la parapolítica va  a seguir creciendo y si no le cambiamos el canal a la opinión pública, su imagen finalmente se va a afectar. La Corte se va a demorar en tomar decisiones y mientras tanto el costo político lo está asumiendo el gobierno. Como le dije antes, cuando hablamos del acuerdo humanitario ya nadie nos cree, o sea que ese recurso que nos sirvió durante cinco años ya se desgastó. Tenemos que inventarnos otra cosa.

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Si hay algo que caracteriza al actual gobierno colombiano es su capacidad de crear una solución para  cada problema. Aunque no estamos en este caso valorando la calidad de las soluciones, sí resulta oportuno reconocer esta capacidad, que en el algunos casos llega al paroxismo, como estamos observando en este preciso momento, cuando una solución se está creando para resolver no solo uno, sino varios problemas de forma simultánea. A eso, señoras y señores lectores, es justo que lo llamemos "eficiencia".

En realidad no deberíamos asombrarnos, porque este diligente gobierno ya nos ha ofrecido abundantes muestras de capacidad e ingenio, y una más, así sea en medio de la crisis política actual, pues no hace sino confirmar lo ya sabido. Digamos, entonces, que estamos frente a una muestra de reiterada eficiencia, con lo cual quedan saldadas las cuentas con los casos anteriores y nos prevenimos para los futuros, y con ello quedan satisfechos también quienes opinan que aquí se le da demasiada madera al gobierno y no se le reconocen sus aciertos. Faltaba más!

El último caso de reiterada eficiencia está ocurriendo en este justo momento, frente a nuestras bárbaras e ignorantes narices. Y surgió, como nacen todas las ideas brillantes, casi por causalidad, como verán ustedes mismos en el breve relato que sigue a continuación (antes de recibir demandas por calumnia aclaro que el siguiente relato es producto de una mente febril, que no tiene nada que ver ni con Colombia ni con sus sagradas instituciones, y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, como por pura coincidencia suceden las cosas en nuestro país).

Nos imaginamos que hace unos ocho días, a un asesor presidencial (se imaginan quién?), mientras deambulaba por los pasillos palaciegos buscando una solución para la avalancha de problemas que enfrenta el gobierno, se le ocurrió la brillante idea de utilizar el método escolar de los estudiantes maquetas.  El método, para los que no lo conocen o lo han olvidado, se llama el método del "machetazo", o la "ley del machete".  Como el nombre gráficamente sugiere, consiste en resolver las dificultades a punta de "machetazos".

El nombre del método es una simple coincidencia y no sugiere otras implicaciones que mentes prevenidas puedan sospechar. No es un mensaje subliminal. Más bien, alguien que tenga visión y mentalidad emprendedora debería apurarse a patentar ese método, que es 100% colombiano, antes de que se nos adelanten los gringos.

Decía que el asesor supo valorar las ilimitadas posibilidades que ofrece este infalible método estudiantil y pensó que, aunque ya lo empleaba de forma recurrente, esta era una oportunidad única para explorar su verdadero potencial en el campo del gobierno y la administración pública. En cuanto sintió el primer destello de ingenio, nuestro asesor alcanzó a vislumbrar el hermoso material que se ofrecía ante sí para su próxima publicación y sonrío levemente imaginando la envidia de otros funcionarios, que se encontraban a años luz de contar con la confianza del presidente, y que él tenía gracias a la proximidad que le daban décadas de trabajo paciente al lado de semejante monstruo (otra vez para el lector prevenido: la palabra "monstruo" tiene diversas acepciones, y si no, revisemos la historia de Colombia de finales de los cuarentas y principios de los cincuentas. De acuerdo?). El presidente, que a veces practicaba el método con cierto pudor, sabría valorar su potencial en este caso.

Nuestro asesor repasó rápidamente los postulados del método. 1. Todo problema tiene solución. 2. El proceso no importa, lo importante es el resultado. 3. La única regla de hierro, es que no hay reglas. 4. No existe un bosque lo suficientemente espeso, que no pueda ser traspasado a punta de machete. 5. Si no puedes convencerlos, confúndelos.

El destello, que ya se había convertido en idea, se ajustaba completamente a estos postulados y no podía fallar. Siempre había creído que no existían personas mediocres sino incapaces. La virtud era la capacidad de sobreponerse a la adversidad, sin importar los métodos. Un estudiante era un incapaz cuando no se daba cuenta que es posible acomodar la pregunta de un examen a las limitaciones de su propio conocimientos. Por eso había dedicado horas preciosas de su infancia a desentrañar el sentido último de la contundente filosofía rafaelpombiana.

Recitó en voz casi imperceptible el verso del único Simón que había logrado despertar su interés, Simón el Bobito: " Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,  y unos preguntaban: ¿Qué haremos aquí?  ¡Bobos! dijo el niño resolviendo el caso;   que abran un grande hoyo y la echen allí".

Bobos! dijo en voz alta nuestro asesor cuando redondeó la idea que les permitiría en el gobierno resolver de una sola vez tanto lío y tanto barullo. Quiero ver la cara de Petro y todos esos señoritos bogotanos cuando apliquemos esta fórmula. A ver si esto también les huele a feo.

Salió dando grandes zancadas hacia el despacho presidencial, donde encontró una gran conmoción de sabios y estudiosos que se devanaban los sesos buscando soluciones que fueran satisfactorias para el fino olfato político del presidente.

Le pidió al presidente que lo acompañara a un salón contiguo y una vez a solas con el dignatario, le expuso su plan:

- Presidente, le dijo mirándolo por sobre sus anteojos, mientras se inclinaba un poco hacia él y bajaba el tono de la voz para que sus palabras sonaran más solemnes. El Presidente, que como era usual en él ya acumulaba una jornada de 20 horas de trabajo contínuo, lo miró de reojo y le dijo en tono firme: "dejate de pendejadas que son las dos de la mañana y más bien decíme que es lo que traés con tanto aspaviento". El asesor bajó la mirada, se subió los anteojos y frontándose las manos comenzó su presentación.

Sabía que el presidente era un hombre de acción a quien incomodaban las complejas elaboraciones intelectuales. Sabía también que, en las reuniones de trabajo, odiaba las divagaciones y valoraba las presentaciones sucintas y propositivas. En público era otra cosa.

- Álvaro, la presión de los Estados Unidos sobre nosotros será cada día más fuerte a menos que les demos una muestra concreta de que no les estamos dando un trato favorable a la gente de Itagüí. El TLC, que lo teníamos entre el bolsillo hace tres meses, se nos está escapando de las manos, por las denuncias de Petro en Washington y si hay alguna forma de recuperarlo es precisamente dándole a los gringos lo que están pidiendo: hechos, no palabras. Su visita de la semana pasada fue exitosa, es cierto, pero no fue suficiente. Además, los congresistas de la Picota amenazan con soltar la lengua si no les tiramos un salvavidas. Y usted sabe que esa gente desesperada es capaz de cualquier cosa. Hasta ahora han estado tranquilos, pero ya comienzan a desesperarse. Ese es el mensaje que nos llega por todos lados.

Nuestro asesor estaba en su terreno. Se sintió un poco más confiado y se recostó en el sillón. Cruzó la pierna y siguió con su exposición.

- El cuento del intercambio no lo podemos estirar más y ya nadie nos cree. La presión la recibimos nosotros porque tenemos nombre y dirección. Nosotros estamos asumiendo ese costo. Sarkozy nos puede ayudar a ganar tiempo, pero tenemos que darle alguna prueba de que sí queremos hacer algo. El escándalo de la parapolítica va  a seguir creciendo y si no le cambiamos el canal a la opinión pública, su imagen finalmente se va a afectar. La Corte se va a demorar en tomar decisiones y mientras tanto el costo político lo está asumiendo el gobierno. Como le dije antes, cuando hablamos del acuerdo humanitario ya nadie nos cree, o sea que ese recurso que nos sirvió durante cinco años ya se desgastó. Tenemos que inventarnos otra cosa.

El país lleva siete meses hablando de la parapolítica y su llamado para que se destapara la verdad sobre terroristas y políticos no ha llevado a nada. Necesitamos mostrar un resultado concreto con los terroristas para que la prensa y los americanos vean que lo nuestro sí es una política de paz y que también tenemos un proceso con esa gente.

El presidente comenzaba a impacientarse. En momentos como estos pensaba qué había pasado con la fe que inspiraba al principio de su primer gobierno. Será que este imbécil se había comenzado a comer el cuento de Pacho? No se habrá dado cuenta que yo le he dado la posibilidad de pasar a la historia? Recordó a Conchi y sintió una ráfaga de nostalgia.

- Vea señor, no me está diciendo nada nuevo. Hasta se parece a uno de los directores de esas revisticas que no hacen sino cansar y cansar.

- Presidente, por favor déjeme terminar que le tengo la solución para estos problemas.

- Cuáles problemas, señor? O es que usted no se ha dado cuenta que esos son problemas virtuales, inventados. Eso le pasa por no acompañarme los fines de semana a los consejos, no le he dicho?  O usted cree que esos son los temas que me pone la gente en la regiones? Yo estoy conectado con los problemas concretos de la gente, no con los que se inventa la prensa en Bogotá.

- Presidente, por favor.

- Señor, sea breve que tengo que trabajar.

-  Tenemos que recuperar el liderazgo urgentemente. Álvaro, a grandes males, grandes remedios. Estamos en una situación que requiere medidas audaces. Si el presidente llegara a estar amenazado por la parapolítica, como quieren Petro y todos esos izquierdosos, el que estaría amenazado sería el Estado.

- Otra vez me va a salir con la razón de Estado? Se le olvidó que yo también me gradué de Derecho?

- Por eso mismo se lo digo. Usted es el presidente más importante desde la dictadura de Bolívar, los colombianos todavía lo quieren. Lo ven como a un padre. Ellos le van a dar lo que usted les pida. En este momento usted es como la hormiga reina: si no hay reina la comunidad se desorienta y desaparece.

- Que ejemplo tan pendejo, señor. Ahora va a decir que soy la reina?

- Perdón, presidente, no quise decir eso exactamente, pero es la idea.

- En conclusión...

- En conclusión, saquemos a los guerrilleros de la cárcel unilateralmente, con eso metemos al país en otra película, quitamos presión sobre  la gente de Itagüí, le demostramos a los gringos que lo nuestro sí es un proceso de paz y que no es favorabilidad con los paras y a los franceses que nosotros no somos el obstáculo sino que son los terroristas los que no quieren.  Le mostramos al país que si el gobierno puede soltar a los terroristas, por qué va a ser malo soltar a unos políticos que no han matado a nadie. A Juan Manuel ya lo puso a sufrir un rato, pero no podemos quemarlo porque es mejor tenerlo adentro que afuera; dentro de quince días nadie se acordará de las infiltraciones. Déjeme explorar el procedimiento con jurídica y verá que sí se puede hacer. Si ya cambiamos un articulito esto es una bicoca.

- Un momentico, señor, aquí el presidente soy yo. A usted cómo se le ocurrió esta vaina?

- Presidente, es una derivación de la ley del machete, se acuerda?  Simplemente. Pero funciona.

- Y qué pasa con los secuestrados? Los terroristas no van a entregar a los secuestrados.

- Presidente, ese es otro problema. Cada día trae su afán. En su gobierno ellos no fueron secuestrados; la presión debería recaer sobre Samper, Pastrana y los terroristas.

- Y cómo hacemos para que los bandidos no se regresen al monte?

- Ese es un asunto de mecánica. Además muchos de esos 300 terroristas ya son viejos,  desentrenados y sin lazos fuertes con el secretariado.

- Usted últimamente con quien anda?

- Con nadie presidente. Practicamente vivo en palacio.

- Mucho ojo no, que no se le vayan a pegar las mañas de los periodistas y de los terroristas vestidos de civil.  Llámese a la gente de jurídica, y haga pasar a los que están afuera. Vamos a mirar esta vaina en detalle. Miremos hasta donde aguanta la ley del machete.

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Imagen: The Wall, Pink Floyd


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  • 5/30/2007 Germán A. Quimbayo wrote:
    Camilo:

    Excelente entrada. La ley del machete, jeje no me acordaba desde el colegio. Yo la conocía como la Ley de Collins (por lo de la conocida marca de machetes). Típica característica de la cultura colombiana: la "eficiencia", como sea.

    Un saludo!
    Reply to this
    1. 5/30/2007 Camilo Galan wrote:
      Germán, gracias. Ahora que lo recuerdo también le decían la ley de "Charles", echarles machete...

      Reply to this

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