La marcha del 6 de marzo: Un examen de conciencia
(Columna de Antanas Mockus publicada en el diario El Tiempo, marzo 1 de 2008)
Yo marcharé en homenaje a todas las víctimas, con una péntuple autocrítica.
En 18 sillas de ruedas y una bicicleta, 19 policías superaron admirablemente discapacidades resultado del conflicto y recorrieron los 440 kilómetros de Medellín a Bogotá. Mucha gente salió emocionada a saludarlos. El sentimiento que despiertan va más allá de la compasión por ellos y de la indignación hacia quienes colocaron las minas antipersona o quienes ordenaron colocarlas.
Ellos encarnan superación, heroísmo, generosidad, y hacia ellos sentimos empatía, identificación. Cada ciudadano se puede decir a sí mismo: "Yo podría ser uno de ellos y si lo fuera, admiraría mi propia superación". En vez de rencor, odio o deseo de venganza, en su iniciativa y sus declaraciones se expresa un deseo altruista y generoso: reconociéndose como víctimas entre otras, claman por el fin del absurdo de la guerra. Merecen un lugar de honor en la marcha del 6 de marzo.
Leí de un tirón el libro de John Pinchao, Mi fuga hacia la libertad. La manigua descrita por el valiente policía sigue siendo la de La vorágine. Pinchao se salvó a sí mismo civilmente, con inteligencia, coraje y resistencia. Cuenta cómo Íngrid Betancourt le ayudó a recuperar su ánimo para afrontar lo inmediato y planear su futuro (estudiar) y cómo ella se mantiene digna frente a las vejaciones de sus secuestradores y solidaria con los otros secuestrados. Al final del libro declara que no puede olvidar a sus compañeros de cautiverio: "... y espero, un día no muy lejano, verlos nuevamente, esta vez para reírnos, compartir una comida decente, limar las asperezas, recordar anécdotas y luchar cada día con todos para que esta historia no se vuelva a repetir en ningún colombiano ni en nadie en el mundo. No se la deseo a nadie, ni a mis enemigos, pero sí deseo que estas personas entiendan que un país no se hace a base de violencia, ni de políticas intransigentes, ni de pactos parciales".
La marcha del 6, marcha de una péntuple autocrítica: marcharé en homenaje a todas las víctimas y sintiendo culpa personal y profesional por 5 razones: 1) por no haber impedido (o al menos censurado con más ahínco) la "combinación de todas las formas de lucha", defendida y adoptada a comienzos de los 80 en varios ambientes de izquierda; 2) por no haberme opuesto de modo más beligerante y efectivo a la adopción de un esquema similar de "todo vale" por la derecha colombiana; 3) por haber cerrado los ojos a las evidencias iniciales sobre el paramilitarismo como principal causante de desapariciones, masacres y desplazamiento, no haber comprendido a tiempo que una actitud social tolerante ante el narcotráfico terminaría nutriendo ambos desbordamientos y que los narcos intentarían poner a su servicio unas y otras fuerzas irregulares; 4) por no haber apreciado a tiempo y enseñado más ampliamente la validez del uso legítimo de la fuerza cuando se ejerce de acuerdo con la Constitución y la ley, y 5) por no haber desatado a tiempo un movimiento de rechazo a la retaliación violenta. (Cuando entra en escena la violencia es cuando más hay que prohibirse pagar con la misma moneda. La violencia no se responde con violencia.)
Muchos ya hemos comprendido estas cinco cosas. Aunque es tarde, y mucho del dolor causado y del daño infligido es irreparable.
Al igual que lo hice para el 4 de febrero, invito a marchar el 6 de marzo por las víctimas del desplazamiento, las masacres, las desapariciones, los falsos positivos, las minas antipersona, la intolerancia ideológica y el secuestro. Mi consigna: 'La vida es sagrada, cada víctima es hermana', 'La vida es sagrada: derechos sí, violencia no'. Iré vestido de negro, de luto, como símbolo de recogimiento y solidaridad. Por las víctimas.
Coletilla. Para romper el silencio, como acto previo a la marcha del 6, invito a los colombianos a participar en una vigilia el domingo 2 de marzo, donde diferentes miembros de la sociedad civil demos lectura continua, y durante 10 horas (de 3:00 p.m. a 12:00 a.m.) a testimonios de víctimas de la violencia. Lugar: Palacio de Justicia, costado Plaza de Bolívar. Las víctimas somos todos.
Otros artículos relacionados:
Y ahora por las otras víctimas (Editorial diario El Espectador)
El país del llanto (Héctor Abad)
Razones para marchar
Legitimando crímenes (Daniel Coronell)
El color de la sangre (Salud Hernández)
Hacia una Colombia sin guerra
A marchar (Ana Milena Muñoz de Gaviria)
Yo marcharé en homenaje a todas las víctimas, con una péntuple autocrítica.
En 18 sillas de ruedas y una bicicleta, 19 policías superaron admirablemente discapacidades resultado del conflicto y recorrieron los 440 kilómetros de Medellín a Bogotá. Mucha gente salió emocionada a saludarlos. El sentimiento que despiertan va más allá de la compasión por ellos y de la indignación hacia quienes colocaron las minas antipersona o quienes ordenaron colocarlas.
Ellos encarnan superación, heroísmo, generosidad, y hacia ellos sentimos empatía, identificación. Cada ciudadano se puede decir a sí mismo: "Yo podría ser uno de ellos y si lo fuera, admiraría mi propia superación". En vez de rencor, odio o deseo de venganza, en su iniciativa y sus declaraciones se expresa un deseo altruista y generoso: reconociéndose como víctimas entre otras, claman por el fin del absurdo de la guerra. Merecen un lugar de honor en la marcha del 6 de marzo.
Leí de un tirón el libro de John Pinchao, Mi fuga hacia la libertad. La manigua descrita por el valiente policía sigue siendo la de La vorágine. Pinchao se salvó a sí mismo civilmente, con inteligencia, coraje y resistencia. Cuenta cómo Íngrid Betancourt le ayudó a recuperar su ánimo para afrontar lo inmediato y planear su futuro (estudiar) y cómo ella se mantiene digna frente a las vejaciones de sus secuestradores y solidaria con los otros secuestrados. Al final del libro declara que no puede olvidar a sus compañeros de cautiverio: "... y espero, un día no muy lejano, verlos nuevamente, esta vez para reírnos, compartir una comida decente, limar las asperezas, recordar anécdotas y luchar cada día con todos para que esta historia no se vuelva a repetir en ningún colombiano ni en nadie en el mundo. No se la deseo a nadie, ni a mis enemigos, pero sí deseo que estas personas entiendan que un país no se hace a base de violencia, ni de políticas intransigentes, ni de pactos parciales".
La marcha del 6, marcha de una péntuple autocrítica: marcharé en homenaje a todas las víctimas y sintiendo culpa personal y profesional por 5 razones: 1) por no haber impedido (o al menos censurado con más ahínco) la "combinación de todas las formas de lucha", defendida y adoptada a comienzos de los 80 en varios ambientes de izquierda; 2) por no haberme opuesto de modo más beligerante y efectivo a la adopción de un esquema similar de "todo vale" por la derecha colombiana; 3) por haber cerrado los ojos a las evidencias iniciales sobre el paramilitarismo como principal causante de desapariciones, masacres y desplazamiento, no haber comprendido a tiempo que una actitud social tolerante ante el narcotráfico terminaría nutriendo ambos desbordamientos y que los narcos intentarían poner a su servicio unas y otras fuerzas irregulares; 4) por no haber apreciado a tiempo y enseñado más ampliamente la validez del uso legítimo de la fuerza cuando se ejerce de acuerdo con la Constitución y la ley, y 5) por no haber desatado a tiempo un movimiento de rechazo a la retaliación violenta. (Cuando entra en escena la violencia es cuando más hay que prohibirse pagar con la misma moneda. La violencia no se responde con violencia.)
Muchos ya hemos comprendido estas cinco cosas. Aunque es tarde, y mucho del dolor causado y del daño infligido es irreparable.
Al igual que lo hice para el 4 de febrero, invito a marchar el 6 de marzo por las víctimas del desplazamiento, las masacres, las desapariciones, los falsos positivos, las minas antipersona, la intolerancia ideológica y el secuestro. Mi consigna: 'La vida es sagrada, cada víctima es hermana', 'La vida es sagrada: derechos sí, violencia no'. Iré vestido de negro, de luto, como símbolo de recogimiento y solidaridad. Por las víctimas.
Coletilla. Para romper el silencio, como acto previo a la marcha del 6, invito a los colombianos a participar en una vigilia el domingo 2 de marzo, donde diferentes miembros de la sociedad civil demos lectura continua, y durante 10 horas (de 3:00 p.m. a 12:00 a.m.) a testimonios de víctimas de la violencia. Lugar: Palacio de Justicia, costado Plaza de Bolívar. Las víctimas somos todos.
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Y ahora por las otras víctimas (Editorial diario El Espectador)
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Legitimando crímenes (Daniel Coronell)
El color de la sangre (Salud Hernández)
Hacia una Colombia sin guerra
A marchar (Ana Milena Muñoz de Gaviria)










Colombia será grande el día que seamos, como nación, incondicionales de la vida, incondicionales de la libertad, incondicionales de la paz. Los que mueren y los que matan son de los nuestros ¿por qué? ¿por qué seguimos sembrando muertes y terror en vez de sembrar el crecimiento económico en todoa la población. ¿Por que seguimos negándoles a la mayoría el derecho a la tierra? ¿Por qué no somos apóstoles de la justicia social? y defesores sin doble lenguaje de los derechos humanos de todos y cada uno de los colombianos. Vigilantes con nuestro gobierno y tolerantes y abiertos con los opositores. Es así como se construye un país. Por eso a marchar el 6 de marzo. Por todos los colombianos cuyos derechos han sido maltratados, negados, violados. Por los torturados, los desplazados, los desaparecidos.
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Lastimosamente los últimos hechos han puesto en evidencia la infiltración y el interés directo de las FARC y las Furerzas bolivarianas de america en esta marcha, pero es mucho peor, la Extrema Necesidad de estas oscuras fuerzas en desacreditar al Presidente Uribe hacen poco menos que inminente, que la ya infiltrada marcha del 6 de Marzo sea atacada para así culpar a Uribe.
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