Reyes muere, Reyes gana
Por: Lilí Marlén
Tal vez algunos me condenarán por lo que aquí escribo pero aquellos que no formamos parte de la comparsa de "Colombia es Pasión" comprenderán enseguida que no se trata de tomar la defensa de una persona tan nefasta como Raúl Reyes pero si la de la legalidad institucional.
Sin proponérselo, nuestro Ministro de Defensa y la cúpula militar optaron por la eliminación física del guerrillero Raúl Reyes dentro del territorio Ecuatoriano. Si nos tomamos un poco la pena en sopesar los hechos como ocurrieron, tenemos que preguntarnos a quien han beneficiado.
Lo que salta a primera vista porque la respuesta parece obvia, es que se trata de Colombia. Sin embargo, ésto se va desdibujando a medida que nos adentramos en nuestras reflexiones. Y ante mis ojos aparece que el primer ganador de este operativo no es otro que el mismo muerto. Si comparamos el destino de Reyes con el de Simón Trinidad, es evidente que el fin de Reyes es el mejor.
Llegar al poder por las armas se tornó en quimera destructora e inalcanzable para los guerrilleros; también en fuga suicida y asesina que les puso la opinión colombiana radicalmente en contra. Que lo quieran o no estaban en un callejón sin salida que los viene minando. De víctimas originadas por los crímenes de Estado en los sesenta y mirados y tolerados con cierta simpatía en los decenios que siguieron, terminaron siendo una pandilla de tristes individuos que se dieron a una orgía de crímenes de guerra contra víctimas civiles.
Por esta razón sospecho que, siendo como era Reyes el guerrillero más importante en la estructura de las FARC, lo que más deseaba era morir a manos del ejército antes que caer en su poder y terminar sus días pudriendo sus huesos en una prisión Norteamericana. Parece que el bombardeo lo mató casi al instante. Así que a lo mejor ni siquiera fue consciente de que se moría. Raúl Reyes, a lo mejor, ha tenido la muerte que quería, porque para él no había otra salida. Tal vez es lo mismo que estarán deseando los otros miembros del Secretariado. Morir antes que ser capturados.
Mas pienso que para el bien de Colombia lo mejor hubiera sido que Raúl Reyes tuviera un proceso ejemplar dentro de la Justicia Colombiana, tantas veces renegada y debilitada por nuestros gobiernos. Un proceso debido que sirviera de ejemplo de lo que puede la justicia como eje de la paz y seguridad de los colombianos. Un proceso con todas las reglas de la ley que nos revelara a todos que NUESTRA justicia y nuestro país están ahí y podemos confiar en ellos. Un proceso que remendara nuestra fe en el tejido institucional desgarrado por la impunidad, por la pérdida de soberanía, por la corrupción.
La manera como ocurrieron las cosas deja un gusto amargo a ejecución extrajudicial, a violación al proceso debido, a negación de justicia, por consiguiente se sigue favoreciendo el uso y abuso de la fuerza. Ponemos al Estado a la par que los criminales desoyendo las normas establecidas por la democracia. Ejecutado de esta forma, Reyes podría transformarse dentro de algunos años en lo peor para nosotros: en víctima o en héroe de leyenda. Y es que como dice el señor Zapatero, al terrorismo se le combate dentro de la legalidad porque si no es el Estado de Derecho quien pierde.
Yo entiendo bien que Reyes, igual que los otros cabecillas de las FARC, son objetivos militares a los que hay que eliminar a cualquier precio, según las reglas de la guerra. Pero no son las armas las que nos darán la paz. Necesitamos fortalecer nuestra justicia, creer en ella, velar para que sus objetivos no se desvíen y sobre todo y por encima de todo respetar los derechos fundamentales y aplicar la ley aunque sean bandidos.
Una cosa que me inquieta: si en el campamento en el que estaba Reyes hubiese habido alguno o algunos de los secuestrados, ¿también tendrían que pagar por estar cerca del objetivo militar? Y si por casualidad en donde están retenidos Ingrid, Alan Jara y los soldados estuviese el Mono Jojoy, ¿el ejército bombardearía de igual manera? De ser así yo me pregunto cuál sería la diferencia entre nuestro Estado y los terroristas.
Tal vez algunos me condenarán por lo que aquí escribo pero aquellos que no formamos parte de la comparsa de "Colombia es Pasión" comprenderán enseguida que no se trata de tomar la defensa de una persona tan nefasta como Raúl Reyes pero si la de la legalidad institucional.
Sin proponérselo, nuestro Ministro de Defensa y la cúpula militar optaron por la eliminación física del guerrillero Raúl Reyes dentro del territorio Ecuatoriano. Si nos tomamos un poco la pena en sopesar los hechos como ocurrieron, tenemos que preguntarnos a quien han beneficiado.
Lo que salta a primera vista porque la respuesta parece obvia, es que se trata de Colombia. Sin embargo, ésto se va desdibujando a medida que nos adentramos en nuestras reflexiones. Y ante mis ojos aparece que el primer ganador de este operativo no es otro que el mismo muerto. Si comparamos el destino de Reyes con el de Simón Trinidad, es evidente que el fin de Reyes es el mejor.
Llegar al poder por las armas se tornó en quimera destructora e inalcanzable para los guerrilleros; también en fuga suicida y asesina que les puso la opinión colombiana radicalmente en contra. Que lo quieran o no estaban en un callejón sin salida que los viene minando. De víctimas originadas por los crímenes de Estado en los sesenta y mirados y tolerados con cierta simpatía en los decenios que siguieron, terminaron siendo una pandilla de tristes individuos que se dieron a una orgía de crímenes de guerra contra víctimas civiles.
Por esta razón sospecho que, siendo como era Reyes el guerrillero más importante en la estructura de las FARC, lo que más deseaba era morir a manos del ejército antes que caer en su poder y terminar sus días pudriendo sus huesos en una prisión Norteamericana. Parece que el bombardeo lo mató casi al instante. Así que a lo mejor ni siquiera fue consciente de que se moría. Raúl Reyes, a lo mejor, ha tenido la muerte que quería, porque para él no había otra salida. Tal vez es lo mismo que estarán deseando los otros miembros del Secretariado. Morir antes que ser capturados.
Mas pienso que para el bien de Colombia lo mejor hubiera sido que Raúl Reyes tuviera un proceso ejemplar dentro de la Justicia Colombiana, tantas veces renegada y debilitada por nuestros gobiernos. Un proceso debido que sirviera de ejemplo de lo que puede la justicia como eje de la paz y seguridad de los colombianos. Un proceso con todas las reglas de la ley que nos revelara a todos que NUESTRA justicia y nuestro país están ahí y podemos confiar en ellos. Un proceso que remendara nuestra fe en el tejido institucional desgarrado por la impunidad, por la pérdida de soberanía, por la corrupción.
La manera como ocurrieron las cosas deja un gusto amargo a ejecución extrajudicial, a violación al proceso debido, a negación de justicia, por consiguiente se sigue favoreciendo el uso y abuso de la fuerza. Ponemos al Estado a la par que los criminales desoyendo las normas establecidas por la democracia. Ejecutado de esta forma, Reyes podría transformarse dentro de algunos años en lo peor para nosotros: en víctima o en héroe de leyenda. Y es que como dice el señor Zapatero, al terrorismo se le combate dentro de la legalidad porque si no es el Estado de Derecho quien pierde.
Yo entiendo bien que Reyes, igual que los otros cabecillas de las FARC, son objetivos militares a los que hay que eliminar a cualquier precio, según las reglas de la guerra. Pero no son las armas las que nos darán la paz. Necesitamos fortalecer nuestra justicia, creer en ella, velar para que sus objetivos no se desvíen y sobre todo y por encima de todo respetar los derechos fundamentales y aplicar la ley aunque sean bandidos.
Una cosa que me inquieta: si en el campamento en el que estaba Reyes hubiese habido alguno o algunos de los secuestrados, ¿también tendrían que pagar por estar cerca del objetivo militar? Y si por casualidad en donde están retenidos Ingrid, Alan Jara y los soldados estuviese el Mono Jojoy, ¿el ejército bombardearía de igual manera? De ser así yo me pregunto cuál sería la diferencia entre nuestro Estado y los terroristas.










Seguramente que las FARC, ahora más que nunca, utilizarán a los secuestrados como "escudos humanos" pero entiendo que la inteligencia militar sabía que no había secuestrados en el campamento de Reyes, y por eso nuestro presidente autorizó el ataque. Esa es una de las diferencias entre el gobierno de Uribe y los terroristas de las FARC. Para las FARC no importa quiénes mueran en sus atentados.
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Me parece muy importante recordar la importancia que tiene la justicia en un Estado de derecho.
Pareciera que muchos en Colombia, y lo más grave, dentro del Estado, siguen creyendo que el fin justifica los medios. Y que es legítimo que el Estado aplique métodos comparables a los de la guerrilla y los paramilitares.
Claro que hubiera sido mejor someter a la justicia a un personaje como Reyes, aunque muchos podrán decir que dado que ese no era un objetivo viable era mejor liquidarlo. Con el tipo de operaciones militares y argumentos políticos que viene empleando Israel en Oriente Medio desde hace varios años. Y por los cuales ha sido sancionada infinidad de veces por la ONU.
Será el destino inmediato de Colombia convertirse en un clon de Israel?
Definitivamente, "no son las armas las que nos darán la paz".
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