¿Parapolítica o narcodemocracia?
La gran prensa insiste en enfocar erróneamente el problema de la “parapolítica”. Hasta el momento la mayoría de los colombianos sigue creyendo que se trata de un escándalo surgido a raíz del descubrimiento de la penetración paramilitar en algunas esferas del poder político. Va siendo hora que despertemos y comencemos a asumir que el problema debe definirse en otros términos, y que tiene otras dimensiones y alcances, como quiera que se trata de la expresión de un modelo del ejercicio del poder político en Colombia.
Cada día que pasa se confirma que asistimos a mucho más que una “penetración” o “infiltración” de la mafia narco-paramilitar en la vida política y económica de Colombia. No se trata solo de que sus amigos alcanzaran más del 35% del Congreso, como afirmó Mancuso y se está comprobando con creces, o de que tuviera el apoyo de empresarios nacionales y empresas multinacionales, o de que hubiera tejido una vasta red de alianzas a nivel nacional, regional o local.
Mancuso afirma ahora, por ejemplo, que la “penetración” paramilitar alcanzó todas las instancias del Estado. Un periodista le pregunta si eso incluye las Altas Cortes y responde: “todas las instancias del Estado”. Le contrapregunta que si esto incluye también la Fiscalía y responde, con una mirada desafiante y saboreando cada una de las sílabas: “todas las instancias del Estado”.
El periodista se queda corto porque no le pregunta por el poder Ejecutivo, o por la Presidencia de la República, aunque seguramente habría respondido exactamente lo mismo: “todas las instancias del Estado”. Y hay que creerle.
Aunque también es cierto que en esta oportunidad Mancuso está saliendo, una vez más, en defensa del gobierno, con el ánimo de inclinar la balanza en favor de sus aliados en detrimento del sistema judicial. Quiere poner en tela de juicio la legitimidad de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía. De esta forma, se le quiere hacer creer al famoso 85% que el único inmaculado se encuentra en el palacio presidencial. Nada más alejado de la realidad.
Cuando se habla en esos términos, tiende a asumirse que los grupos narco-paramilitares tomaron la iniciativa de corromper las instituciones y la sociedad colombiana, en contra de su voluntad. Desde ese punto de vista se está desconociendo el origen y desarrollo del paramilitarismo, así como sus funciones con el crimen organizado, la clase política, el estamento militar y el Estado en su conjunto.
Cuatro millones de desplazados (según Naciones Unidas), más de dos mil asesinatos solamente de la Unión Patriótica, miles de asesinatos de lideres populares y sindicales, miles de torturados, millones de hectáreas “recuperadas para el progreso”, no son la consecuencia de la “penetración paramilitar”.
En Colombia se estableció a lo largo de los últimos veinte años un régimen político y un modelo de desarrollo económico dependiente de los dólares del narcotráfico y sustentado en el asesinato, la tortura, el desplazamiento forzado y el despojo.
Este modelo es único en el mundo. Álvaro Uribe Vélez no creó el paramilitarismo y no fue el único responsable de su crecimiento, es cierto, pero durante su administración el modelo alcanzó su cénit.
Hablar de la “penetración” paramilitar tiende a ocultar la función que ha desempeñado el paramilitarismo en la historia política de Colombia, como catalizador en el acceso al poder por parte de los sectores dominantes y como elemento esencial en el ejercicio de la autoridad.
El paramilitarismo no es un fenómeno ajeno al ejercicio del poder en Colombia. Todo lo contrario, durante veinte años ha sido un instrumento de las élites regionales y nacionales para garantizar el ejercicio de la autoridad, reprimir la protesta social y ejecutar una estrategia contrainsurgente por fuera de la Constitución y las leyes. Esto no puede perderse de vista.
El narco-paramilitarismo es un hijo bastardo del sistema político colombiano. Es una criatura creada por las élites nacionales y regionales, tradicionales y mafiosas, dentro de la doctrina de la seguridad nacional. Por eso no se debe hablar de “penetración” o “infiltración”. Lo que se viene destapando no es una infiltración”, es simplemente el modus operandi de un modelo que se apropio del Estado. Por eso, aún con su 85% y el 7,5% de crecimiento del PIB, es un país paria en este momento y una narcodemocracia decadente.
Cada día que pasa se confirma que asistimos a mucho más que una “penetración” o “infiltración” de la mafia narco-paramilitar en la vida política y económica de Colombia. No se trata solo de que sus amigos alcanzaran más del 35% del Congreso, como afirmó Mancuso y se está comprobando con creces, o de que tuviera el apoyo de empresarios nacionales y empresas multinacionales, o de que hubiera tejido una vasta red de alianzas a nivel nacional, regional o local.
Mancuso afirma ahora, por ejemplo, que la “penetración” paramilitar alcanzó todas las instancias del Estado. Un periodista le pregunta si eso incluye las Altas Cortes y responde: “todas las instancias del Estado”. Le contrapregunta que si esto incluye también la Fiscalía y responde, con una mirada desafiante y saboreando cada una de las sílabas: “todas las instancias del Estado”.
El periodista se queda corto porque no le pregunta por el poder Ejecutivo, o por la Presidencia de la República, aunque seguramente habría respondido exactamente lo mismo: “todas las instancias del Estado”. Y hay que creerle.
Aunque también es cierto que en esta oportunidad Mancuso está saliendo, una vez más, en defensa del gobierno, con el ánimo de inclinar la balanza en favor de sus aliados en detrimento del sistema judicial. Quiere poner en tela de juicio la legitimidad de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía. De esta forma, se le quiere hacer creer al famoso 85% que el único inmaculado se encuentra en el palacio presidencial. Nada más alejado de la realidad.
Cuando se habla en esos términos, tiende a asumirse que los grupos narco-paramilitares tomaron la iniciativa de corromper las instituciones y la sociedad colombiana, en contra de su voluntad. Desde ese punto de vista se está desconociendo el origen y desarrollo del paramilitarismo, así como sus funciones con el crimen organizado, la clase política, el estamento militar y el Estado en su conjunto.
Cuatro millones de desplazados (según Naciones Unidas), más de dos mil asesinatos solamente de la Unión Patriótica, miles de asesinatos de lideres populares y sindicales, miles de torturados, millones de hectáreas “recuperadas para el progreso”, no son la consecuencia de la “penetración paramilitar”.
En Colombia se estableció a lo largo de los últimos veinte años un régimen político y un modelo de desarrollo económico dependiente de los dólares del narcotráfico y sustentado en el asesinato, la tortura, el desplazamiento forzado y el despojo.
Este modelo es único en el mundo. Álvaro Uribe Vélez no creó el paramilitarismo y no fue el único responsable de su crecimiento, es cierto, pero durante su administración el modelo alcanzó su cénit.
Hablar de la “penetración” paramilitar tiende a ocultar la función que ha desempeñado el paramilitarismo en la historia política de Colombia, como catalizador en el acceso al poder por parte de los sectores dominantes y como elemento esencial en el ejercicio de la autoridad.
El paramilitarismo no es un fenómeno ajeno al ejercicio del poder en Colombia. Todo lo contrario, durante veinte años ha sido un instrumento de las élites regionales y nacionales para garantizar el ejercicio de la autoridad, reprimir la protesta social y ejecutar una estrategia contrainsurgente por fuera de la Constitución y las leyes. Esto no puede perderse de vista.
El narco-paramilitarismo es un hijo bastardo del sistema político colombiano. Es una criatura creada por las élites nacionales y regionales, tradicionales y mafiosas, dentro de la doctrina de la seguridad nacional. Por eso no se debe hablar de “penetración” o “infiltración”. Lo que se viene destapando no es una infiltración”, es simplemente el modus operandi de un modelo que se apropio del Estado. Por eso, aún con su 85% y el 7,5% de crecimiento del PIB, es un país paria en este momento y una narcodemocracia decadente.










Triste panorama pero lleno de posibilidades para fortalecer la autoridad de la sociedad civil y cortarle las alas a estos politicos que nos han robado el pais por accion u omision.
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Bueno, creo que el articulo esta excelente pero se contradice en su titulo, pues afirma que esta crisis es craneada por entes del estado, elites empresariales, militares y narcotraficantes, sin embargo,el titulo sugiere que es un fenomeno de narcos, solo eso.
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El paramilitarismo es un brazo del mismo Estado. Se creó con la intención de burlar las leyes internacionales que protegían los derechos humanos. A partir del momento en que se hizo exigible a los ejércitos el respeto por los derechos fundamentales se creó y fortaleció este sistema. El paramilitarismo ha tenido distintas fases desde la triple A, luego el MAS y por último las AUC. El Jefe de las AUC, Carlos Castaño no era más que un ejecutor. Él recibía órdenes del general Jorge Enrique Mora Rangel. Las actuales Águilas Negras no son ningunas bandas emergentes... ¡Dios salve a Colombia! Nuestra tabla de salvación está en la Corte Suprema de Justicia. Nuestro deber es apoyarla con toda nuestra fuerza ciudadana.
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El estudio más completo sobre el paramilitarismo en Colombia es "Colombia esta democracia genocida realizado por el padre Javier Giraldo. SJ. A propósito estoy leyendo la obra de Hernando Calvo Ospina "Colombia laboratorio de embrujos". En dos ocasiones cita este blog. Muy buen libro. Se los recomiendo.
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yo diría que no es un modelo de hace 20 años, es un modelo de mínimo un siglo... (bananeras, La Violencia, chulavitas y pájaros....siempre tan "penetrados" estos gobiernos....)
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Nicolás, de acuerdo, es el momento de fortalecer la sociedad civil y de apoyar a la Corte Suprema de Justicia, como dice Rebeca.
Maria Paula, tiene razón. La implicación sobre la "narcodemocracia" no fue suficientemente tratada en el artículo, aunque ya se ha mencionado aquí en diferentes oportunidades.
El argumento principal es que no deberíamos hablar de "infiltración" paramilitar porque el paramilitarismo fue creado por las élites políticas y económicas como un método para el ejercicio del poder; y que más bien debemos aceptar que la nuestra es una narcodemocracia, entendida como un modelo político donde se han impuesto los métodos y fines de los carteles del narcotráfico.
Rebeca, de acuerdo de la A a la Z. Agregaría que también debemos mirar hacia la Corte Penal Internacional.
Lilimarlén, no he leído el libro que menciona. Gracias por el dato. Lo buscaremos."En dos ocasiones cita este blog"....es un honor.
Alejandra, de acuerdo completamente. El artículo se refiere a la coyuntura política, pero evidentemente, como dice usted,"es un modelo de mínimo un siglo". Ese es el enfoque que hemos emleado en otros artículos.
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Hola Camilo y lectores de Colombia Hoy.
Quisiera compartir con ustedes una historia grata de los Estados Unidos
La blogger es una chica norteamericana universitaria que le presento las pruebas de sus crimenes de guerra a John Ashcroft (al ex-Fiscal General de los EU durante 911 y todas sus secuelas de legislacion maligna y fascista)
esta en Ingles pero espero que algunos se beneficien de esta perla que me ha causado gran satisfaccion al ver a la ciudadania norteamericana cuestionando a los hampones amigos de Bush que son los autores y defensores (y por supiuesto los que se benefician economicamente) de las politicas norteamericanas que han causado tanta tragedia en Colombia
http://www.dailykos.com/storyonly/2008/4/23/04046/3938/224/501151
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Nicolás, muchas gracias por el aporte. Queda claro que esos personajes son similares en todas partes: arrogantes, insensibles y atrapados en su ideología. La estudiantes fue valiente y enfrentó a su entrevistado con rigor y valor. Un ejemplo para la sociedad sobre el significado de no tragar entero.
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"Parapolitica", un tema que como pais ya lo volvimos cotidiano, y pues segun este articulo no seria infiltracion sino un allegado a nuestro sistema politico como colombianos debemos fortalecer la legitimidad, no debemos echar a un lado estos temas porque nos afectan a todos debemos tener mas caracter ante esto ; ahora se le suma con lo que algunos llaman "Yidis Politica" y por conductas como estas el pais esta como esta y hacemos de colombia un estado sin sentido.
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