¿Hacia la reconversión de las FARC en movimiento político?
Tres comentarios para el día de hoy:
1. Vale la pena leer la entrevista a Daniel Pécaut publicada ayer en El Espectador. Hace varias afirmaciones provocadoras, que pueden ser ciertas, si nos tomamos un segundo para pensar por fuera del cajón. Afirma que una de las causas del debilitamiento de las FARC fue el éxito de la ofensiva paramilitar a partir de 1999.
La provocación está en que no menciona a la política de "seguridad democrática", sino al paramilitarismo como factor crucial en el debilitamiento estratégico de las FARC.
No me cabe la menor duda que la vía paramilitar ha jugado un papel clave en dicho debilitamiento. La película siempre estará incompleta si se desconoce el peso que ha tenido en el conflicto la ofensiva paramilitar desde principios de los ochenta, eliminando y desplazando las bases sociales de la guerrilla, y asesinando sistemáticamente a los líderes locales, regionales y nacionales de la UP. Y financiando masivamente la guerra contrainsurgente con el dinero del narcotráfico.
A la pregunta de qué le diría a Cano si pudiera hablar con él, Pécaut responde: "Que tiene que afanarse, que no le queda mucho tiempo si quiere una reconversión posible como movimiento político."
Esta respuesta nos lleva al segundo comentario.
2. La última entrevista a Iván Márquez, publicada el 26 de julio en ABP, deja ver varias cosas. Se nota que está asumiendo el mismo papel que tenía Reyes antes del bombazo, pero con mayor amplitud de mira: tirando linea, opinando sobre los temas del momento y buscando una figuración mediática internacional; en fin, buscando romper el aislamiento.
Recuerda el papel que cumplió Jacobo Arenas en vísperas de la toma de Marquetalia, hace 46 años.
Arturo Alape, en "Las vidas de Pedro Antonio Marín", recogió la memoria de Arenas sobre ese momento:
Además, supongo que él, al igual que sus asesores de cabecera, Rodrigo Granda y Santrich, deben estar en la mira del gobierno, ahora que el que asoma la cabeza, la pierde.
Márquez insiste hasta la saciedad en el bolivarianismo, como para que el mensaje llegue claro a Caracas.
Afirma que la misión de la "nueva generación de comandantes" es:
Como es evidente que "la toma del poder por la vía de las armas" ya no está siquiera en el terreno de la utopía, cabría pensar que en este momento estén buscando, efectivamente, el camino de "las alianzas políticas".
3. Por ahí mismo escarba el análisis de Joaquín Villalobos en Semana. Villalobos afirma que el gobierno debe hacer ofertas políticas generosas a las FARC:
Después sostiene que las FARC ni coordinan ni comandan y que una negociación nacional no es viable:
El diagnóstico del gobierno es que las FARC ya están derrotadas y que incluso ya estamos en la fase del post-conflicto. Desde esa lógica, el único camino posible para ellas es el de la entrega de armas, sometimiento a la justicia, incluyendo la posibilidad de extradición, y humillación. Si esa es la opción, creo que mucho de ellos se harán matar, antes que acogerse a ese "plan de paz".
La otra opción es que la presión militar y sicológica sobre las FARC abra un espacio hacia lo que Pécaut llama su "reconversión" en movimiento político. Pero no veo a Uribe abriéndole las puertas a las FARC para una salida digna. Y es este punto el que podría allanar el camino hacia la paz.
Hay tienen el gobierno y la sociedad colombiana un dilema.
1. Vale la pena leer la entrevista a Daniel Pécaut publicada ayer en El Espectador. Hace varias afirmaciones provocadoras, que pueden ser ciertas, si nos tomamos un segundo para pensar por fuera del cajón. Afirma que una de las causas del debilitamiento de las FARC fue el éxito de la ofensiva paramilitar a partir de 1999.
La provocación está en que no menciona a la política de "seguridad democrática", sino al paramilitarismo como factor crucial en el debilitamiento estratégico de las FARC.
No me cabe la menor duda que la vía paramilitar ha jugado un papel clave en dicho debilitamiento. La película siempre estará incompleta si se desconoce el peso que ha tenido en el conflicto la ofensiva paramilitar desde principios de los ochenta, eliminando y desplazando las bases sociales de la guerrilla, y asesinando sistemáticamente a los líderes locales, regionales y nacionales de la UP. Y financiando masivamente la guerra contrainsurgente con el dinero del narcotráfico.
A la pregunta de qué le diría a Cano si pudiera hablar con él, Pécaut responde: "Que tiene que afanarse, que no le queda mucho tiempo si quiere una reconversión posible como movimiento político."
Esta respuesta nos lleva al segundo comentario.
2. La última entrevista a Iván Márquez, publicada el 26 de julio en ABP, deja ver varias cosas. Se nota que está asumiendo el mismo papel que tenía Reyes antes del bombazo, pero con mayor amplitud de mira: tirando linea, opinando sobre los temas del momento y buscando una figuración mediática internacional; en fin, buscando romper el aislamiento.
Recuerda el papel que cumplió Jacobo Arenas en vísperas de la toma de Marquetalia, hace 46 años.
Arturo Alape, en "Las vidas de Pedro Antonio Marín", recogió la memoria de Arenas sobre ese momento:
"Elaboramos, otra conclusión, recuerda Jacobo, una lista inmensa de nombres de personas y de instituciones, para dirigir proclamas, cartas abiertas, incluyendo a las Naciones Unidas, a los intelectuales europeos, al proletariado colombiano, a las asambleas departamentales, a los concejos municipales, a los campesinos, a las capas medias de la población, es decir, nos dirigimos a todo el mundo, tocamos en todas las puertas, al gobierno, a sus ministros, denunciado la agresión del ejército contra una región agraria, que hasta ese momento, la verdad histórica, era defendida por un grupo de autodefensa. [...El objetivo consistía en] No dejarse aislar, que la voz escrita llegara a cualquier confín, que no quedara ninguna organización donde no se leyera la correspondencia. Se quería mediante la denuncia pública, comunicarse con las gentes susceptibles de interesarse en parar semejante acontecimiento, que era ya un hecho real."
Además, supongo que él, al igual que sus asesores de cabecera, Rodrigo Granda y Santrich, deben estar en la mira del gobierno, ahora que el que asoma la cabeza, la pierde.
Márquez insiste hasta la saciedad en el bolivarianismo, como para que el mensaje llegue claro a Caracas.
Afirma que la misión de la "nueva generación de comandantes" es:
"Continuar el camino trazado por el inolvidable Comandante en jefe Manuel Marulanda Vélez, es decir, el de la política total, que es la lucha estratégica por la toma del poder por la vía de las armas y de la insurrección con lo que se llegaría a un gobierno revolucionario, o por la vía de las alianzas políticas hacia la instauración de un gobierno verdaderamente democrático, en consonancia con la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia."
Como es evidente que "la toma del poder por la vía de las armas" ya no está siquiera en el terreno de la utopía, cabría pensar que en este momento estén buscando, efectivamente, el camino de "las alianzas políticas".
3. Por ahí mismo escarba el análisis de Joaquín Villalobos en Semana. Villalobos afirma que el gobierno debe hacer ofertas políticas generosas a las FARC:
"En Colombia se ha ganado terreno militarmente, se mantiene el acoso y se está golpeando sistemáticamente a la cabeza. Eso es verdad. Pero la forma más efectiva de acelerar el deterioro moral de las FARC es con ofertas políticas generosas. Para reducir la pérdida de sangre de colombianos hay que aumentar la dosis de perdón."
Después sostiene que las FARC ni coordinan ni comandan y que una negociación nacional no es viable:
"Las posibilidades de una negociación formal y nacional se han vuelto muy difíciles porque las FARC se han debilitado en extremo y ya no pueden controlar a su gente. De nada serviría reunirse con delegados de las FARC en París si no tienen capacidad de mando sobre los que están en el país. Coordinar las decenas de frentes que dicen tener es imposible bajo el acoso que están sufriendo y darles tregua para que se puedan coordinar sería una terrible ingenuidad. Lo más seguro es que se produzcan negociaciones fraccionadas con frentes o grupos, incluidos los dirigentes y campamentos que están en el exterior."
El diagnóstico del gobierno es que las FARC ya están derrotadas y que incluso ya estamos en la fase del post-conflicto. Desde esa lógica, el único camino posible para ellas es el de la entrega de armas, sometimiento a la justicia, incluyendo la posibilidad de extradición, y humillación. Si esa es la opción, creo que mucho de ellos se harán matar, antes que acogerse a ese "plan de paz".
La otra opción es que la presión militar y sicológica sobre las FARC abra un espacio hacia lo que Pécaut llama su "reconversión" en movimiento político. Pero no veo a Uribe abriéndole las puertas a las FARC para una salida digna. Y es este punto el que podría allanar el camino hacia la paz.
Hay tienen el gobierno y la sociedad colombiana un dilema.










Pienso que el gobierno no tiene ningun dilema, ya decidio que no habra ninguna discusion con las Farc.
Creo que la exhibicion del peto de la Cruz Roja, la quemada de Saez y Gontard, la empicotada publica de Piedad... indican con creces que se quiere romper cualquier forma de aproximacion con las Farc.
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De acuerdo, el gobierno tomó esa decisión hace tiempo. Pero es sano que la sociedad colombiana vaya viendo como va a resolver ese asunto en el mediano plazo. Porque a eso llegaremos, tarde o temprano. En la era post-Uribe.
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