Desastres Made in USA: Entre el 9-11 y la crisis financiera internacional

Aún a riesgo de adelantarme a la conclusión de eventos que aún se encuentran en curso, me parece inevitable  relacionar los dos acontecimientos con mayor impacto global que hemos presenciado en los últimos diez años. Los dos eventos se produjeron en los Estados Unidos y, curiosamente, su epicentro está localizado en el mayor complejo financiero mundial, en Nueva York. Me refiero, por supuesto, a los atentados terroristas de septiembre 11 de 2001 contra las torres gemelas y a la crisis financiera internacional que explotó en septiembre de 2008, cuyo escenario principal se encuentra en Wall Street, en esa misma ciudad.

Es inevitable señalar, en primer término, la coincidencia en tiempo y lugar: septiembre-octubre en Manhattan, Nueva York, con una diferencia de siete años, en tiempos del peor gobierno en la historia de ese país. Dos eventos con un origen diferente, pero con un impacto global que probablemente cambiará la faz de las relaciones políticas y económicas internacionales. Una vez dicho lo más obvio, miremos en tres puntos por qué merece la pena establecer esta comparación.

Los dos  eventos le han recordado al mundo la preeminencia que desempeñan los Estados Unidos en el orden mundial. 9-11 condujo a un alineamiento automático e instantáneo de prácticamente todos los países con los Estados Unidos, reforzando su papel de primer policía del mundo. No en vano la guerra declarada contra el terrorismo fue acogida como propia en todos los continentes. Los Estados Unidos aprovecharon la coyuntura post 9-11 para alinear a la comunidad internacional con la máxima "el que no está conmigo, está contra mi". Otra cosa es que por el camino Bush pervirtió el sentido de lo que en un comienzo la mayoría de países percibió como una causa justa.

Ahora, la crisis financiera  también le ha recordado al resto del mundo la importancia económica de este país y aunque la crisis de las economías emergentes del los años ochentas sirvieron para que aquellos países reforzaran sus controles económicos, hoy no puede decirse que exista una economía en el mundo que sea invulnerable o esté completamente blindada contra los efectos de lo que comenzó siendo una crisis financiera nacional. En este momento, en mayor o menor medida, la suerte del resto del mundo está atada a la capacidad del gobierno de los Estados Unidos para mitigar el impacto de la crisis financiera.

De hecho, la evolución de la crisis ha corrido pareja con una revaluación del dólar prácticamente en todo el mundo, como evidencia de que aún en estos momentos de incertidumbre los agentes financieros internacionales se han volcado a apalancar sus portafolios de inversión en papeles respaldados por el gobierno estadounidense. 

En estos momentos, la mayor duda se relaciona con el impacto que pueda tener la crisis financiera en el sector real, particularmente en el comercio internacional. Esa preocupación es aún mayor en el caso de las economías que dependen fuertemente de la inversión gringa, de las exportaciones a ese país, de las remesas y del turismo.

Los dos acontecimientos han impuesto el reino del miedo y la incertidumbre. 9-11 sembró la sensación en todo el mundo de que nadie estaba a salvo frente a la amenaza del terrorismo. Posteriormente este sentimiento inicial sería confirmado por los atentados terroristas de Madrid y Londres. El miedo se convirtió en la principal herramienta de gobierno para Bush y para otros gobernantes en todo el mundo.

El miedo validó la limitación de derechos civiles en diferentes países. Bajo el pretexto de proteger la democracia y la libertad, algunos gobiernos quebrantaron la democracia y la libertad. El miedo justificó la reelección de Bush, la invasión de Irak, la tortura, el asesinato de civiles, y hasta el espionaje a sus propios ciudadanos. El miedo condujo a una guerra costosa y perdida.

Hoy, la crisis financiera alimenta nuevamente el reino del miedo. Miedo a que se repita la devastación social producida por la crisis de 1929. Miedo al desempleo y a la recesión económica. Hoy en los Estados Unidos la clase media tiene miedo a que sigan cayendo los precios de sus viviendas; a que se esfumen los saldos en sus fondos de retiro; a que se pierda el acceso al crédito de consumo, que constituye el nervio de las economías domésticas; a perder el empleo, a no poder enviar a los hijos a la universidad; a tener que posponer la fecha de retiro del mundo laboral.

Y a nivel global ese mismo miedo comienza a expandirse, como lo indican las noticias que llegan de Europa. Como ya sabemos, el miedo es el mejor medio para que los gobiernos impulsen sus agendas ocultas. Ese es el temor que manifestaron algunos representantes en la Cámara de Representantes la semana pasada, cuando se enfrentaron a la obligación de autorizar un plan de rescate por 700 mil millones de dólares.  Y es el miedo que tuvo que tragarse el Senado para limitar la fuerza del incendio que se apoderó del sistema financiero.

Es el miedo a un plan de rescate que no garantiza la desactivación de la crisis, pero que aún con las restricciones impuestas por el Senado deja en manos de Henry Paulson, el poderoso Secretario del Tesoro, que es un tiburón, un poder descomunal: el de comprar las compañías que estime necesario, al precio que estime conveniente, y las administre con el personal que él designe.

Todo esto al final de un gobierno tremendamente impopular, que muchos creen que ha encontrado en la crisis el último mejor negocio después del anterior mejor negocio que había sido la destrucción y la reconstrucción de Irak. El negocio de la despedida.

Recordemos que Paulson trabajó con el ahora holding bancario Goldman Sachs desde 1974 hasta 2006, cuando siendo la cabeza de esta compañía fue nominado por Bush para el cargo que hoy ocupa, y que equivale al de ministro de hacienda. Paulson es un hombre que se formó en las entrañas de Wall Street y su capital personal se estima en 700 millones de dólares.

Los dos sucesos tienen impacto en el orden mundial. 9-11 condujo a la reestrturación del balance de poder en Oriente Medio, quebró el sistema de alianzas internacionales de los Estados Unidos al despertar nuevamente la desconfianza en países como Rusia, China, Francia y Alemania. Llevó al límite la capaicidad operativa de sus fuerzas militares y concentró su agenda internacional en un solo punto, Irak, abriendo el espacio para el fortalecimiento de otros centro de poder regional.

Es prematuro y muy arriesgado vaticinar de qué forma se transformará el sistema financiero internacional, pero muchos analistas sí coinciden en afirmar que de todas formas sí se transformará. Probablemente conducirá a un replanteamiento de las políticas neoliberales a escala global; a la imposición de mayores controles económicos y financieros a escala nacional e internacional.

Estados Unidos se juega no solamente su futuro económico, sino su credibilidad como líder económico internacional. Lo que está en juego es la credibilidad del modelo liberal como medio para la acumulación y la distribución de riqueza a nivel internacional.

Está en juego, por último, la ventaja económica global que puedan tomar de la situación competidores de los Estados Unidos como China y Rusia.

Estas dos crisis tienen muchos puntos de encuentro y desencuentro, que seguramente comenzarán a ser analizados durante los próximos meses. Está por establecerse, por ejemplo, el impacto económico de la guerra en Irak sobre la economía estadounidense, especialmente en el marco de la maduración de la crisis hipotecaria y del elevado déficit fiscal.

Y claro, lo más importante, está por verse en los próximos meses -no en las próximas semanas- el impacto de esta crisis sobre la economía real de los Estados Unidos y del resto del mundo; y la forma como el nuevo gobierno la gestionará.

 

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  • 10/7/2008 Rebeca wrote:
    Esto apenas empieza.. porque la crisis financiera está mostrando la economía real. La cantidad de capital que se le ha inyectado a la banca estadounidense no ha impedido su caída. Hace seis meses fueron los países del golfo Pérsico los que inyectaron liquidez en el sistema bancario de USA, por eso hoy son los mayores perdedores y cuando de nuevo se recurrió a ellos no quisieron volver a aportar. La realidad es que les ha explotado el balón artificialmente inflado del capitalismo y las directivas mundiales no saben como resucitarlo o que proponer a cambio. En Washington ya no hay gobierno, y los nuevos equipos no estarán listos antes de marzo o abril , así que cada país tiene que buscar la manera de salvar las dificultades.
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    1. 10/8/2008 Editor Colombia Hoy wrote:
      Naomi Klein ha escrito un libro, "The shock doctrine: The rise of disaster capitalism", donde sostiene que "desastres" como el 9-11 y ahora la crisis financiera internacional le permiten a los gobiernos neoliberales y a las multinacionales aprovecharse del estado de shock de los ciudadanos para impulsar políticas favorables a sus intereses. Como ejemplo cita la invasión de Irak, el Patriot Act y ahora el plan de rescate financiero por 700 mil millones de dólares.

      Esa es la lógica que me parece interesante para encontrar el hilo conductor entre 9-11 y la actual crisis financiera.

      En los dos casos un sentido de urgencia y calamidad obligó a millones de ciudadanos en diferentes países del mundo a aceptar medidas de gobierno evidentemente regresivas, antipopulares y antidemocráticas.

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