Uribe, la economía y los EEUU

Los dos pilares fundamentales sobre los cuales descansa la gobernabilidad de Álvaro Uribe Vélez se están tambaleando en este momento y por cuenta de estos cambios es previsible que durante el 2009 enfrentará turbulencias que limitarán su capacidad de gobernar.

Hasta septiembre pasado esa capacidad dependía, fundamentalmente, de su condición de aliado preferencial de los Estados Unidos en América Latina y de las altas tasas de crecimiento de la economía colombiana.

La condición de presidente con funciones virreinales le permitió contar con los recursos suficientes para financiar el Plan Colombia, el Plan Patriota y el Plan Consolidación, ejes esenciales de la política de seguridad "democrática". Su incondicionalidad y sometimiento frente a los dictados de la Casa Blanca le sirvieron como patente de corso para administrar la guerra en Colombia desdeñado el elevado costo humanitario, aún por encima de las críticas del partido demócrata y las ONGs de derechos humanos de ese país.

Lamentablemente para Uribe y el bloque dominante, a partir del momento en que los demócratas recuperaron la mayoría en el Congreso esa posición privilegiada comenzó a resquebrajarse. Prueba de ello fue la imposibilidad de conseguir la aprobación del TLC en los tiempos presupuestados por la administración Uribe.

Pero además del apoyo incondicional de Bush, Uribe contó con las mayores tasas de crecimiento de la economía colombiana de las últimas décadas. Esta bonanza le permitió fundir el apoyo de los principales grupos económicos, apalancado en generosas concesiones y exenciones tributarias, con las necesidades de unas bases populares ávidas de subsidios oficiales y con la adicción consumista de los sectores medios.

No sobra recordar que el crecimiento económico de los últimos años coincidió con una etapa de expansión de la economía mundial y, al mismo tiempo, con un plan sistemático de lavado de dinero que ha entrado a borbotones en la economía colombiana.

Esta "danza de los millones" ha estado también en la base del respaldo que Uribe muestra en las encuestas. Encuestas, dicho sea de paso, contratadas y difundidas por las empresas que se han lucrado con su gobierno.

La bonanza económica ha sido hasta hoy una de las fuentes de la legitimidad del proyecto uribista.

Pero este panorama cambió. Obama no es Bush y la bonanza terminó.

Uribe puso todas sus apuestas en la elección del republicano John McCain, el clon de George W. Bush, quien a pocos días de la elección presidencial se encuentra a más de diez puntos en las encuestas por detrás del demócrata Barack Obama.

Esto no significa que Uribe vaya a caer completamente en el vacío con Obama, pero sin duda establecer una fluida relación de trabajo es algo que implicará de la parte colombiana perder algunos de los privilegios conseguidos con Bush. Las voces más optimistas dicen que el TLC podría aprobarse en el segundo semestre del 2009 y las más pesimitas opinan que puede caer en el olvido definitivo. En cualquier caso, puede preverse un TLC mucho más condicionado a una agenda humanitaria y una drástica reducción de la ayuda norteamericana como resultado de la recesión económica en ese país.

Es muy probable que temas que le ocasionan piquiña a Uribe como derechos humanos, derechos políticos y civiles, y fortalecimiento de la democracia, entrarán a condicionar la agenda bilateral.

Por otra parte, la crisis financiera internacional ya está impactando la economía colombiana. Los  industriales han comenzado a ver los nubarrones en el horizonte y empiezan a pedir acciones de gobierno que les permitan salvar sus estados financieros. En ese sentido, por ejemplo, se orientan las declaraciones del presidente de la Andi, advirtiendo sobre el peligro de que la economía colombiana entre en una atpa de recesión.

Las visiones más optimistas, como Fedesarrollo y el Banco de la República, sitúan el crecimiento de la economía colombiana alrededor de un 3,5% en el 2009. Otros analistas, como Salomón Kalmanovitz, sitúan esa cifra cercana a 0%. Esto significa aterrizar forzosamente en una tasa de crecimiento similar o inferior al promedio histórico colombiano.

Y una cosa es administrar riqueza y otra muy distinta administrar pobreza.

Por ejemplo, los empresarios dejarán de ser tan benevolentes con Uribe cuando comiencen a ver cifras rojas en sus balances. Los sectores medios se bajarán del patriotismo uribista cuando aumente el desempleo y cuando encuentren mayores restricciones para adquirir créditos.

Los sectores populares, donde también están los votos de Uribe, sufrirán un desencanto cuando se reduzcan los subsidios directos, por ejemplo los de Familias en Acción.  Uribe pensaba duplicar los beneficiarios de este programa, antes de la crisis económica mundial. En enero comenzará el recorte del presupuesto de 2009 y ahí veremos cómo se afectarán este y otros programas.

Por último, digamos que la última quincena de octubre le dio a Uribe una prueba de lo que puede experimentar en el futuro cercano, con las protestas indígenas, los paros oficiales y la huelga de los corteros de caña. Para rematar, hoy se ha conocido una encuesta de Gallup que evidencia una fuerte caida en el optimismo de los colombianos durante los últimos cuatro meses. El mes concluyó con el destape de los falsos positivos y la crisis humanitaria que se oculta detrás de la propaganda oficial sobre la seguridad "democrática".

El consumo de valeriana se debe haber disparado en la Casa de Nariño. Pero toda la valeriana del mundo será insuficiente para aplacar los ánimos de un gobernante más acostumbrado a dar ordenes a peones de finca que a relacionarse con ciudadanos autónomos pero insatisfechos. El nuevo gobierno estadounidense impondrá una agenda "humanitaria" a Uribe y una economía menos pujante le dará menos autoridad a su voz en los consejos comunitarios y limitará su capacidad de acción frente a la protesta social.

 

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