Las dos caras de Colombia

Alejandro Angulo Novoa 13/11/2008

La coyuntura colombiana tiene dos caras: la protesta indígena masiva y las ejecuciones extrajudiciales.

La "minga" indígena es un nuevo episodio de protesta frustrada de los grupos étnicos minoritarios que han logrado sobrevivir a la exclusión social y política, después de dos siglos. Un factor con un peso determinante en el coeficiente de la desigualdad social de Colombia. El aparente diálogo del Presidente Uribe con estos grupos ha puesto de relieve el racismo con que él, toda su clase social y el sector arribista de los mestizos blanqueados desprecian a los primeros pobladores de estas tierras.

El Presidente y su Ministro de Agricultura se burlaron de ellos llamándolos terratenientes, cuando todo lo que piden es que les den las tierras que les han prometido y titulado, pero cuya calidad y entrega es la manzana de la discordia. Otro episodio de promesas incumplidas y de reclamos acallados a golpes y homicidios. Algunos sectores sociales colombianos, bien representados en este gobierno, se avergüenzan de que estos sobrevivientes de las "glorias" colonizadoras puedan llegar a celebrar el centenario de independencia de la oligarquía y sus paniaguados. Y esos mismos pronunciamientos presidenciales dejaron bien clara su ya proverbial intolerancia, rayana en paranoia, con la oposición política. Los indígenas se suman, según el mandatario, a los enemigos del gobierno. "Tienen que estar inspirados y apoyados por las FARC". Lo dice a boca llena, ignorando los 1.256 indígenas muertos durante su mandato y cuya autoría se disputan 'merito pares' las FARC porque los nativos no se pliegan y las fuerzas estatales y paraestatales para quitarles las tierras.

Las ejecuciones extrajudiciales, abiertas o disfrazadas de 'falsos positivos' son la otra vergüenza de la seguridad oligárquica. Al fin salieron a la superficie, mal contadas, pero aun así, dejando entrever un dinamismo exagerado: 535 entre 1 Ene2007 y 30
Jun2008. Duplicaron la intensidad de las 1.112 víctimas del quinquenio 1 Jul2002 y 30 Jun2007: pasaron de una víctima cada dos días, a una víctima diaria. Y triplicaron las 669 del quinquenio 1 Ene1997 y 30 Jun2002 cuando se contaba una víctima cada tres días. Lo más probable es que todas estas cuentas estén subestimadas, lo cual solo empeora la situación.

Estos datos reflejan cómo también el régimen colombiano tiene dos caras: una, la propaganda masiva interna e internacional sobre sus logros políticos y económicos y, otra, los logros macabros que como régimen oligárquico está obteniendo para asegurar su predominio. Las cuatro caras en realidad son las dos caras de una misma moneda: la cara de la oligarquía y el sello de su seguridad.

El régimen Uribe acuñó el mito de la seguridad que produjo el crecimiento de la economía. Pero silenció con astucia y argucias que es un crecimiento de la concentración de tierras robadas a mano armada y del desempleo con desplazamiento forzado. La crisis del paramilitarismo ha venido a sacar a la luz el tamaño de la especulación y la crudeza de la represión, gracias a los enfrentamientos entre intereses paracos. Así pues, las dos caras del milagro colombiano siguen siendo: la revolución del narcotráfico y la consolidación del paramilitarismo, que también pertenecen a una misma moneda. Y la prueba del milagro es que una encuesta documentó, hace algunos meses, que los colombianos se sienten felices y siguen buscando como perpetuar ese régimen.

http://www.cinep.org.co

 

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