La muerte ronda el Valle Encantado
(Por: Jorge Otero Martínez) No les bastó con asesinarle a su esposo y a uno de sus hijos. El pasado 5 de mayo también llegaron a su parcela para matarla, así como mataron a Yolanda Izquierdo Berrío y a Ana Isabel Gómez Pérez. Esta vez, María Eugenia Zabala viuda de Polo se salvó porque estaba ausente de su parcela, en el valle encantado de las mujeres solas.
Pero ella sabe que volverán, porque los sicarios tienen por delante una macabra tarea que sólo culminará cuando su cuerpo esté atrozmente acribillado. Cuando pague con su vida la osadía de reclamar las tierras que los paramilitares le usurparon a incontables labriegos, parceleros y pequeños propietarios. Tierras que aún siguen en poder de los paras a través de conocidos testaferros de nombres impronunciables. Los mismos que quieren perpetuar el terror que aún sigue vigente en Córdoba.
María Eugenia se salvó hace más de una década, cuando los señores de la muerte llegaron una noche a su parcela y en sus narices asesinaron alevemente a su esposo y a uno de sus hijos. Posiblemente los “libertadores” estaban aferrados a su manido y falaz discurso de que estaban abatiendo a informantes, auxiliadores o activistas de la guerrilla. Ellos sabían que no era cierto, pero tal sindicación era propicia, era el “abretesésamo” para hacerse a unas tierras a precio de nada.
En Córdoba la famosa “noche triste” de Cortés se ha multiplicado por cientos. Y aquella fue para muchas mujeres el aciago inicio de sus viudeces. En menos de dos semanas había cerca de 16 familias sin cabeza de hogar y a las cónyuges supervivientes les tocó hacer de padre y madre.
Con lo poco que les dejaron cargar se desplazaron a centros urbanos y cuando las autodefensas se desmovilizaron, regresaron y persistieron en recobrar un pedazo de tierra para subsistir, donde María lideró a un grupo de mujeres campesinas, cabeza de familia, que volvieron a cultivar la tierra. A esa conjunción de parcelas lideradas por viudas lo llamó el “Valle Encantado”. Ese ímpetu de mujer erguida ante la desgracia, su liderazgo indiscutible y su posición de rechazo a la violencia, le valieron para que un día la descubriera el periodista Roberto Castilla Arroyo, director de la revista Expectativa y la nominara como mujer Cafam de Córdoba, título que ganó fácilmente y luego de ser elegida como tal, llegó a ser Mujer Cafam de Colombia, en el 2004.
Desde esa posición incrementó su lucha a favor de los desplazados y su afán, el mismo de Yolanda Izquierdo y Ana Isabel Gómez, es hacer que a los desplazados les entreguen, no sólo un saco de huesos, sino las tierras arrebatadas durante más de una década, a sangre y fuego.
Un afán peligroso que hace tres días casi le cuesta la vida.
Jorge Otero Martínez
Fuente | La muerte ronda el Valle Encantado : Indymedia Colombia










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