Asamblea Constituyente y dictadura civil
No me cabe duda que la convocatoria de una Asamblea Constituyente ha sido el anhelo secreto del sector más radical del uribismo. Por eso no debe sorprender, pero sí preocupar, el globo de prueba lanzado el pasado 9 de junio en el sentido que si falla la estrategia reeleccionista vía referendo, se buscaría la convocatoria de una AC.
El representante Roy Barreras, como vocero de un amplio grupo parlamentario uribista, lanzó la amenaza en los siguientes términos:
Una Asamblea Constituyente suele tener la capacidad de redefinir los principios del ordenamiento jurídico-político y de reorganizar la estructura y las funciones del Estado. Es, en cierta medida, un salto al vacío en cuanto su resultado final es una función del contexto político, de su origen, su composición y sus procedimientos. La Constitución de 1991, con sus aciertos y defectos, fue el producto de un gran acuerdo político que incluyó a los partidos tradicionales y a movimientos sociales generalmente sub-representados, pero también a los movimientos políticos provenientes de las organizaciones político-militares recién desmovilizadas.
Pero así como generalmente se acepta el carácter democrático de la Asamblea Constituyente de 1991 (lo cuestionan las FARC, que asistieron al bombardeo de Casa Verde por orden de César Gaviria el día que aquella inició sesiones), la historia colombiana también nos ofrece ejemplos de regímenes autoritarios intentando imponerle al país un modelo político.
El ejemplo clásico de una Constituyente de inspiración antidemocrática en Colombia lo encontramos en un régimen que ofrece más similitudes que diferencias respecto del gobierno actual. En 1952, en plena pos-guerra, cuando el mundo aún no terminaba de digerir los horrores del fascismo europeo y Colombia se encontraba sumergida en el baño de sangre conocido como la Violencia, el régimen de Laureano Gómez (1950-1953) buscó, quebrantando los preceptos de la Constitución política vigente, sentar las bases un Estado corporativo y una dictadura civil en Colombia mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente (ANAC).
Laureano Gómez ha quedado registrado en la historia política latinoamericana, al igual que su émulo Álvaro Uribe Vélez, como el paradigma del dictador civil: activo practicante de la intolerancia política, promotor de la violencia partidista (impulsor de pájaros y chulavitas), represor de la oposición política, enemigo de la separación de poderes y de las Cortes (las cerró para convocar a la ANAC), así como de los derechos fundamentales y de la libertad de pensamiento, opinión y prensa.
Su visión del Estado corporativo, inspirada en el Estado Novo de António de Oliveira Salazar (inspirado a su vez en Benito Mussolini), de Portugal, y en el régimen de Francisco Franco, en España, incluía elementos como la instauración de una dictadura civil y el reconocimiento de representación política a los gremios económicos.
Una reseñita del humanista y defensor de los derechos humanos Alfredo Vásquez Carrizosa nos informa que la ANAC de Laureano Gómez incluía la representación de la Andi, Fenalco, la Asociación Bancaria, la Federación Nacional de Cafeteros, las Asociaciones Cooperativas y los sindicatos. El plan de Gómez fue abruptamente interrumpido por el golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla (1953), aunque la ANAC siguió funcionando hasta 1957.
Vásquez Carrizosa ofreció una conclusión sobre las aventuras constituyentes que mantiene toda su vigencia:
“La enseñanza de la historia es que una Constituyente debe ser democrática y estar enmarcada dentro de parámetros precisos. El poder absoluto del “constituyente primario” puede llevar a extravíos imprevisibles. De nuestra Asamblea Constituyente cabe observar que se sabe cómo comienza y raras veces cómo termina.”
El modelo laureanista es el modelo que aspira a seguir el núcleo duro del uribismo. Este grupo neo-corporativo deben reflexionar sobre las críticas que suelen hacer a las constituyentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
El origen ilegal de la reelección de 2006 (Yidispolítica, parapolítica) y los evidentes vicios de procedimiento del proyecto de referendo reeleccionsita nos ponen sobreaviso sobre los métodos que podría emplear el uribismo para impulsar una constituyente. Pero lo realmente preocupante es que ya existe suficiente evidencia sobre el talante antidemócrata de Álvaro Uribe, como para imaginarse el daño que le ocasionaría al país si sus ideas políticas llegasen a convertirse en articulado constitucional.
Una constituyente uribista incendiaría a Colombia.
Actualización 6/12/09
El uribismo sigue dándole vueltas a la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. El diario El Espectador recoge el punto donde se encuentra la idea:
La consigna uribista pareciera ser conservar el poder al costo que sea!
El representante Roy Barreras, como vocero de un amplio grupo parlamentario uribista, lanzó la amenaza en los siguientes términos:
"Sí la oposición, que no ha logrado tener mayorías en el país y en el Congreso, a punta de artimañas y trampas logra hundir el referendo, se abre camino una Constituyente en la que el pueblo se exprese y de una vez resuelva temas represados en la agenda nacional".
Una Asamblea Constituyente suele tener la capacidad de redefinir los principios del ordenamiento jurídico-político y de reorganizar la estructura y las funciones del Estado. Es, en cierta medida, un salto al vacío en cuanto su resultado final es una función del contexto político, de su origen, su composición y sus procedimientos. La Constitución de 1991, con sus aciertos y defectos, fue el producto de un gran acuerdo político que incluyó a los partidos tradicionales y a movimientos sociales generalmente sub-representados, pero también a los movimientos políticos provenientes de las organizaciones político-militares recién desmovilizadas.
Pero así como generalmente se acepta el carácter democrático de la Asamblea Constituyente de 1991 (lo cuestionan las FARC, que asistieron al bombardeo de Casa Verde por orden de César Gaviria el día que aquella inició sesiones), la historia colombiana también nos ofrece ejemplos de regímenes autoritarios intentando imponerle al país un modelo político.
El ejemplo clásico de una Constituyente de inspiración antidemocrática en Colombia lo encontramos en un régimen que ofrece más similitudes que diferencias respecto del gobierno actual. En 1952, en plena pos-guerra, cuando el mundo aún no terminaba de digerir los horrores del fascismo europeo y Colombia se encontraba sumergida en el baño de sangre conocido como la Violencia, el régimen de Laureano Gómez (1950-1953) buscó, quebrantando los preceptos de la Constitución política vigente, sentar las bases un Estado corporativo y una dictadura civil en Colombia mediante la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente (ANAC).
Laureano Gómez ha quedado registrado en la historia política latinoamericana, al igual que su émulo Álvaro Uribe Vélez, como el paradigma del dictador civil: activo practicante de la intolerancia política, promotor de la violencia partidista (impulsor de pájaros y chulavitas), represor de la oposición política, enemigo de la separación de poderes y de las Cortes (las cerró para convocar a la ANAC), así como de los derechos fundamentales y de la libertad de pensamiento, opinión y prensa.
Su visión del Estado corporativo, inspirada en el Estado Novo de António de Oliveira Salazar (inspirado a su vez en Benito Mussolini), de Portugal, y en el régimen de Francisco Franco, en España, incluía elementos como la instauración de una dictadura civil y el reconocimiento de representación política a los gremios económicos.
Una reseñita del humanista y defensor de los derechos humanos Alfredo Vásquez Carrizosa nos informa que la ANAC de Laureano Gómez incluía la representación de la Andi, Fenalco, la Asociación Bancaria, la Federación Nacional de Cafeteros, las Asociaciones Cooperativas y los sindicatos. El plan de Gómez fue abruptamente interrumpido por el golpe de Estado de Gustavo Rojas Pinilla (1953), aunque la ANAC siguió funcionando hasta 1957.
Vásquez Carrizosa ofreció una conclusión sobre las aventuras constituyentes que mantiene toda su vigencia:
“La enseñanza de la historia es que una Constituyente debe ser democrática y estar enmarcada dentro de parámetros precisos. El poder absoluto del “constituyente primario” puede llevar a extravíos imprevisibles. De nuestra Asamblea Constituyente cabe observar que se sabe cómo comienza y raras veces cómo termina.”
El modelo laureanista es el modelo que aspira a seguir el núcleo duro del uribismo. Este grupo neo-corporativo deben reflexionar sobre las críticas que suelen hacer a las constituyentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
El origen ilegal de la reelección de 2006 (Yidispolítica, parapolítica) y los evidentes vicios de procedimiento del proyecto de referendo reeleccionsita nos ponen sobreaviso sobre los métodos que podría emplear el uribismo para impulsar una constituyente. Pero lo realmente preocupante es que ya existe suficiente evidencia sobre el talante antidemócrata de Álvaro Uribe, como para imaginarse el daño que le ocasionaría al país si sus ideas políticas llegasen a convertirse en articulado constitucional.
Una constituyente uribista incendiaría a Colombia.
Actualización 6/12/09
El uribismo sigue dándole vueltas a la posibilidad de convocar una Asamblea Constituyente. El diario El Espectador recoge el punto donde se encuentra la idea:
Acabar el sistema presidencial para convertirlo en parlamentario es una de las ideas que ha ‘germinado' dentro de los uribistas, con el fin de lograr mantener en el poder a Álvaro Uribe Vélez.
Con los líos del referendo de reelección presidencial, la bancada de Gobierno no descarta convocar a una asamblea constituyente; aunque ellos reconocen que el camino es muy difícil para esa idea.
En caso de llegar a la Constituyente, ya hay una propuesta que coge fuerza dentro de los uribistas. El sistema parlamentario.
El promotor de esa iniciativa, el representante a la Cámara, Jorge Mantilla, dijo que con ésta se acabarían los derechos políticos adquiridos.
Así las cosas, esto permitiría que en un congreso como el actual -cuestionado por sus presuntos vínculos con los paramilitares-, fuera revocado de manera inmediata.
La consigna uribista pareciera ser conservar el poder al costo que sea!










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