Sin poder no hay impunidad

Nadie sabe a ciencia cierta quién será el próximo Presidente de Colombia, aunque para la mayoría de colombianos ya está claro que la actual ha sido una campaña bastante sui generis, como resultado de la concentración de poder y el estilo presidencial; así como del ejercicio ilegal del poder político. Manifestaciones de lo anterior han sido los falsos positivos, las chuzadas del DAS, el presidencialismo monárquico, la crisis humanitaria y el colapso de las relaciones exteriores, entre otras.

Sin querer llamar al pesimismo, diré que Antanas Mockus la tiene bien difícil para llegar a la tristemente célebre Casa de Nari: amén de enfrentar al que probablemente sea el gobierno más corrupto en la historia de Colombia y su maquinaria narco-para-política (no hablo de la campaña uribista-santista, porque esta es la expresión electoral del gobierno), deberá lidiar con su propia incapacidad para generar alianzas productivas desde el punto de vista electoral y programático. Pero, como dice Caballero, Santos es peor que Mockus.

Pero hay algo de lo que sí estoy seguro: el gobierno de Uribe es una aeronave que se precipita en barrena hacia tierra. Tiene abiertos dos boquetes que no puede controlar: por el lado político ve que la campaña de Santos no es tan fuerte como había previsto y además le salió un gallito fino que no esperaba; por el lado criminal, las investigaciones del sistema judicial en el caso de las chuzadas están cada vez más cerca del vilipendiado solio de Bolívar. Uribe y su guardia preotoriana deben estarse sintiendo arrinconados y ya vislumbran que podrían enfrentar investigaciones judiciales nacionales y, eventualmente, internacionales, sin disponer del aparato del Estado para su protección. En ningún momento, durante sus largos ocho años de gobierno, Uribe se había sentido tan amenazado. Por eso, precisamente, esta campaña es tan sucia y tan peligrosa, porque los dos procesos corren paralelos y uno resuelve el otro: sin poder no hay impunidad.

La apuesta uribista-santista es a conservar el poder a las buenas o a las malas. No creo que Mockus tenga ni los principios, ni los recursos (JJ), ni la voluntad de meterle a su campaña la “picardía” que Santos prometió para la suya. A estas alturas de la campaña presidencial, faltando apenas 13 días para la primera vuelta, la campaña uribista-santista ya ha mostrado su capacidad y decisión para emprender la jugada política baja, ruin, vil, engañosa, bellaca y deshonesta.  Santos mismo se lo reconoció al aire al periodista Darío Arizmendi, cuando afirmó: “a mi me gusta la picardía”. Por eso Mockus anda saltando matones para mostrar su fe católica, abriendo distancias con el Polo, explicando entre líneas su uribismo, en fin, perdiendo de vista la estrategia.

¿A qué se enfrenta la ola verde? Al régimen de los falsos positivos, de las chuzadas, de los “guerrilleros vestidos de civil”, del “articulito”, de la parapolítica, de la yidis-política, de la maturranga de la reelección. Mockus no enfrenta a Juan Manuel Santos. Mockus enfrenta a Álvaro Uribe, a Juan Manuel Santos y a los intereses políticos y económicos que ellos representan, que no son santos. 

La ola verde, no nos digamos mentiras, es una paloma jugando con un halcón...en el nido del halcón. Por eso, además de ser esta una campaña sucia y peligrosa, es crucial.

La bestia está herida. ¡Cuidado con la bestia! 

 

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  • 5/20/2010 Rebeca wrote:
    O mejor dicho, Colombia seguirá jodida y si Mockus no era su salvador por lo menos los procesos judiciales irían a un buen término. Además Santos necesita la impunidad presidencial frente a su responsabilidad en el delito de lesa humanidad como son los falsos positivos.
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    1. 5/20/2010 Editor Colombia Hoy wrote:
      Matizando un poco más, creo que con Mockus no hay seguridad de que los procesos judiciales irán a "buen término", pero tal vez sí de que no los torpedeará.

      Y ahora la posibilidad de una alianza de los verdes con el Polo vuelve a revivir, al parecer sobre las bases que debe hacerse, que son estrictamente programáticas. Pareciera que las encuestas y la experiencia inglesa le abrieron los ojos a los puristas verdes. Mockus debe hacer las alianzas de cara al país, no por debajo de la mesa, sobre la base de la agenda común. En muchos temas, temas claves, Mockus no está lejos de Pardo y Petro. Eso es un frente democrático.
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