Elecciones presidenciales en Colombia: una encrucijada histórica

En las elecciones del próximo domingo 30 de mayo los colombianos elegimos mucho más que un nuevo Presidente de la República. En realidad, estamos puestos a elegir entre la continuidad de un régimen corrupto y antidemocrático, y la oportunidad de rescatar los principios básicos del Estado de derecho.

Uribismo al borde del colapso

El proceso político nos muestra que el modelo uribista de conducción del Estado se encuentra al borde del colapso y anuncia que sus últimos estertores estremecerán a la sociedad colombiana. Lo que está aún por verse es si como resultado de la crisis asistiremos al reverdecimiento de la democracia de la mano de una coalición progresista liderada por Antanas Mockus o al asentamiento del oscurantismo de la mano del bloque duro del uribismo liderado por Juan Manuel Santos.

La descomposición del modelo uribista ha corrido pareja durante los últimos meses con los avances de las investigaciones judiciales en algunos casos emblemáticos de corrupción como las chuzadas del DAS, la Yidispolítica y los falsos positivos.

La opinión pública conserva aún fresca en su mente la parapolítica, la extradición de los jefes paramilitares, las aventuras de Tom y Jerry, el despilfarro en Agro Ingereso Seguro y el quebrantamiento del derecho internacional en Angostura.  

Recientemente, la justicia ha desenmascarado los intereses perversos que se ocultan tras la desaparición forzada, llamando a juicio a decenas de empresarios criminales que llegaron a la palmicultura  dejando una estela de terror y muerte en el Chocó.

La acción de la justicia y de un puñado de políticos y periodistas independientes permitió destapar esas y muchas otras ollas podridas del uribismo, con lo cual se fue desenmascarando el carácter corrupto de la actual administración.

Más recientemente, ya situados en la coyuntura electoral, poderosos obstáculos se han atravesado en el camino hacia la continuidad del modelo uribista: la imposibilidad de una nueva reelección, una pésima estrategia con miras a las presidenciales de 2010, su incapacidad para tomarse el Partido Conservador, las propias debilidades de su candidato oficial, el fraccionamiento del uribismo, el disenso de los restantes candidatos ante la hegemonía uribista y el surgimiento de la ola verde liderada por Antanas Mockus  .    

La coyuntura está determinada, entonces, por la acción de la justicia, el despertar de la opinión pública, el desbordamiento de la corrupción, el agotamiento de la capacidad de maniobra política del gobierno y el ascenso de unas fuerzas políticas alternativas.

El cambio, sin embargo, no está asegurado. El riesgo de caer en manos de una mutación del uribismo está latente. Ahí ha estado activa la propaganda negra contra los candidatos opositores a través de engaños, rumores, tergiversaciones y la acción canalla de periodistas de opinión al servicio del régimen; la intervención descarada de Uribe en el proceso electoral a favor de Santos; las denuncias del uso ilegal de subsidios oficiales con fines electorales; y las amenazas contra la vida del candidato del Polo, Gustavo Petro.

Pero, como dicen las mamás, cada día trae su afán. La urgencia del momento consiste en elegir una opción democrática, incluyente, amplia, progresista, que nos inserte definitivamente en el siglo XXI, respetuosa de la Constitución, las leyes y el derecho internacional, comprometida con las víctimas de la violencia, dura contra la corrupción, civilista, respetuosa de los derechos humanos, responsable en el manejo económico pero sensible a la injusticia social. 

También llegó la hora de botar al uribismo al basurero de la historia.

Candidatos en campaña

Antanas Mockus tiene a su favor que ha sido consistente con un discurso en torno a la "legalidad democrática".  Su estrategia de ofrecerle al electorado una alternativa política, sin enfrentar a Uribe, ha sido exitosa hasta el momento. Como todos los candidatos ha realizado una campaña breve pero, a diferencia de todos los demás, en los últimos meses  no ofició ni como funcionario del gobierno, ni como uribista, ni como antiuribista.  Sentó algunas posiciones aisladas frente al gobierno (como pedir la renuncia de Uribe a raíz de la Yidispolítica) pero sin exponerse demasiado ante los medios.

Juan Manuel Santos, “el del Presidente”, ha articulado un discurso en torno a la "prosperidad democrática", la seguridad democrática y el “buen gobierno”. Lleva cuatro años bajo la sombra de Uribe y se vende como el candidato capaz de continuar y superar la obra de Uribe. El lastre de los falsos positivos, los escándalos de corrupción del gobierno y su campaña del "todo vale" son su mayor obstáculo en el propósito de reemplazar a Uribe.

Gustavo Petro ha insistido en la necesidad de aislar a los narcotraficantes del poder político y reparar a las víctimas de la violencia. Petro lleva ocho años haciendo oposición al gobierno y en ese proceso ha sufrido un desgaste ante la opinión pública, que ahora ve reflejado en las preferencias de los electores. Aún así, no se puede olvidar que también ha jugado un papel activo, a costa de su propia seguridad personal y familiar, en el proceso que ha abierto la posibilidad de cambio.

Noemí Sanín detuvo la captura del Partido Conservador por parte del furibismo, en cabeza de Andrés Felipe Arias, pero después de la consulta interna de su partido ha sido incapaz de convertirse en una opción atractiva mientras hace malabares para presentarse a un mismo tiempo como continuista  y propuesta alternativa. No ha manejado un mensaje claro, consistente y que articule sus propuestas de gobierno. Su credibilidad está cuestionada por cuenta de su papel como funcionaria de confianza de todos los gobiernos recientes.  

El mensaje de Rafael Pardo y el Partido Liberal sobre justicia social es necesario en un país con un nivel de desigualdad social como Colombia, pero los electores le están cobrando a Pardo, a un mismo tiempo, su oposición a Uribe, el pasado politiquero y clientelista del Partido Liberal y un mensaje que suena vago y desconectado del proceso político reciente. El Partido Liberal solo lo salvará de otros cuatro años de orfandad política si consigue formar parte de una alianza con Antanas en segunda vuelta.

En síntesis, hay candidatos para todos los gustos. Lo importante es no dejarse asustar y tener claro que en estas elecciones estamos eligiendo mucho más que un Presidente.

 

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