Wikileaks desnuda la sumisión de Colombia
El destape de Wikileaks finalmente llegó a Colombia, después de mostrar las entrañas de la maquinaria diplomática estadounidense y su actividad febril en otros países y regiones del mundo. Antes de comentar el destape en lo que atañe a la democracia más antigua de América, quiero decir que los documentos revelados hasta ahora son un verdadero bocado de cardenal, no tanto por la satisfacción de la curiosidad natural que ellos despiertan como por el hecho de revelar ampliamente una faceta poco conocida del proceso de formulación y ejecución de la política exterior de la mayor potencia mundial. Existen, por supuesto, publicaciones que recogen memorandos y documentos internos de la diplomacia gringa, pero creo que ninguno de ellos tiene la extensión, el alcance y la profundidad de lo que vemos ahora. Estoy seguro que estos documentos serán, a partir de ahora, una fuente de estudio obligada en las facultades de derecho, ciencia política y relaciones internacionales a lo largo y ancho del planeta.
Dicho lo anterior, quisiera señalar los que, desde mi punto de vista, son los tres elementos más destacados de los documentos revelados por Wikileaks sobre Colombia.
En primer lugar, sobresale el apego riguroso de la diplomacia gringa a la promoción de sus intereses nacionales en Colombia. De la lectura de los documentos sobre Colombia y sobre otros países queda claro que las embajadas gringas son, mal que bien, unas maquinas eficientes para recoger y diseminar información, producir documentos de diagnostico y prospección, con el propósito de fortalecer los recursos de poder y asegurar el control político sobre la dirigencia local. La diplomacia gringa en Colombia se ve efectiva, eficiente y proactiva.
En segundo lugar, se observa el amplio nivel de dependencia alcanzado por la administración Uribe respecto a los Estados Unidos. Los gringos se ven pendientes de todos los temas de la agenda política y económica doméstica, y en todos ellos opinan y parecen jugar un papel decisivo, bien se trate del rescate de secuestrados, interceptaciones ilegales, derechos humanos, conflicto armado interno, o relaciones de Colombia con Venezuela o Ecuador, entre otros temas. En la mayoría de los casos los gringos se ven jugando un papel activo, bien porque ofrecen oportunamente su “cooperación”, o bien porque el gobierno colombiano la demanda. Es clarísima la abierta intervención del gobierno de los Estados Unidos de América en los asuntos internos de Colombia.
En tercer lugar, se evidencia la actitud abyecta e indigna del gobierno colombiano frente a Washington. Frente a cada problema, frente a cada escándalo hay un alto funcionario colombiano dispuesto a rendir cuentas a la Embajada Americana. Esto no puede confundirse con algo relativamente natural en las relaciones diplomáticas como es el intercambio de información o la contextualización de eventos nacionales o el repaso de las relaciones bilaterales. Un ejemplo de rendición de cuentas a los gringos se refleja claramente en la reunión del alto gobierno con el Subsecretario Steinberg el 12 de enero de 2010 o la reunión de Uribe con el Embajador Brownfield del 21 de septiembre de 2009. En esta última, además, el informe de la Embajada muestra a un Uribe energúmeno, haciendo todo los posible por satisfacer las expectativas gringas. Wikileaks desnuda la sumisión total del gobierno colombiano frente a Washington, que solo viene a cuestionarse a partir del momento en Washington guarda silencio frente a los enfrentamientos entre Bogotá y Caracas. El general Naranjo le plantea ese malestar al Embajador gringo durante una reunión el 24 de noviembre de 2009, pero a renglón seguido le reseña las infidencias del alto gobierno, incluyendo sus sospechas sobre los autores intelectuales de las chuzadas. Naranjo aparece aquí como un genuflexo informante del gobierno gringo.
Mención aparte merece el entonces Vicepresidente Santos. Su reunión con Brownfield el 15 de septiembre de 2009 es un ejemplo de la total incapacidad intelectual y diplomática de ese oscuro personaje, quien llega a afirmar que el gobierno colombiano ha contemplado la posibilidad de buscar asistencia de Rusia o Cuba para reformar el DAS.
Los documentos filtrados hasta el momento ofrecen abundante información puntual, pero a mi modo de ver estos son los elementos que más se destacan: un imperio vigoroso, un gobierno colombiano absolutamente entregado y unos funcionarios abyectos y sin ningún sentido de dignidad nacional.
Dicho lo anterior, quisiera señalar los que, desde mi punto de vista, son los tres elementos más destacados de los documentos revelados por Wikileaks sobre Colombia.
En primer lugar, sobresale el apego riguroso de la diplomacia gringa a la promoción de sus intereses nacionales en Colombia. De la lectura de los documentos sobre Colombia y sobre otros países queda claro que las embajadas gringas son, mal que bien, unas maquinas eficientes para recoger y diseminar información, producir documentos de diagnostico y prospección, con el propósito de fortalecer los recursos de poder y asegurar el control político sobre la dirigencia local. La diplomacia gringa en Colombia se ve efectiva, eficiente y proactiva.
En segundo lugar, se observa el amplio nivel de dependencia alcanzado por la administración Uribe respecto a los Estados Unidos. Los gringos se ven pendientes de todos los temas de la agenda política y económica doméstica, y en todos ellos opinan y parecen jugar un papel decisivo, bien se trate del rescate de secuestrados, interceptaciones ilegales, derechos humanos, conflicto armado interno, o relaciones de Colombia con Venezuela o Ecuador, entre otros temas. En la mayoría de los casos los gringos se ven jugando un papel activo, bien porque ofrecen oportunamente su “cooperación”, o bien porque el gobierno colombiano la demanda. Es clarísima la abierta intervención del gobierno de los Estados Unidos de América en los asuntos internos de Colombia.
En tercer lugar, se evidencia la actitud abyecta e indigna del gobierno colombiano frente a Washington. Frente a cada problema, frente a cada escándalo hay un alto funcionario colombiano dispuesto a rendir cuentas a la Embajada Americana. Esto no puede confundirse con algo relativamente natural en las relaciones diplomáticas como es el intercambio de información o la contextualización de eventos nacionales o el repaso de las relaciones bilaterales. Un ejemplo de rendición de cuentas a los gringos se refleja claramente en la reunión del alto gobierno con el Subsecretario Steinberg el 12 de enero de 2010 o la reunión de Uribe con el Embajador Brownfield del 21 de septiembre de 2009. En esta última, además, el informe de la Embajada muestra a un Uribe energúmeno, haciendo todo los posible por satisfacer las expectativas gringas. Wikileaks desnuda la sumisión total del gobierno colombiano frente a Washington, que solo viene a cuestionarse a partir del momento en Washington guarda silencio frente a los enfrentamientos entre Bogotá y Caracas. El general Naranjo le plantea ese malestar al Embajador gringo durante una reunión el 24 de noviembre de 2009, pero a renglón seguido le reseña las infidencias del alto gobierno, incluyendo sus sospechas sobre los autores intelectuales de las chuzadas. Naranjo aparece aquí como un genuflexo informante del gobierno gringo.
Mención aparte merece el entonces Vicepresidente Santos. Su reunión con Brownfield el 15 de septiembre de 2009 es un ejemplo de la total incapacidad intelectual y diplomática de ese oscuro personaje, quien llega a afirmar que el gobierno colombiano ha contemplado la posibilidad de buscar asistencia de Rusia o Cuba para reformar el DAS.
Los documentos filtrados hasta el momento ofrecen abundante información puntual, pero a mi modo de ver estos son los elementos que más se destacan: un imperio vigoroso, un gobierno colombiano absolutamente entregado y unos funcionarios abyectos y sin ningún sentido de dignidad nacional.










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